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¿Cómo afectan las olas de calor a la salud mental?

Los estudios y los expertos apuntan que el calor extremo y los cambios bruscos de temperatura repercuten en el bienestar psicológico de los ciudadanos

Una mujer se protege del calor con un abanico, en Zaragoza.

Una mujer se protege del calor con un abanico, en Zaragoza. / Miguel Ángel Gracia

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Zaragoza

Lo indican los estudios y lo confirman los expertos: las olas de calor, que son cada vez más frecuentes, repercuten en la salud mental. Según un metaanálisis llevado a cabo por la Escuela de Salud Pública del Imperial College de Londres, las altas temperaturas aumentan las conductas suicidas y las hospitalizaciones a causa de trastornos mentales y empeoran el bienestar de las personas. "(Con el calor) vamos a ser más impulsivos, más irreflexivos. La agresividad y la violencia van a aumentar”, sostiene Clara Morgades, psicóloga del Colegio Profesional de Psicólogos de Aragón.

Pero, ¿por qué? Según explica Morgades, el calor es un estresor fisiológico que aumenta la sensación de percepción de amenaza. Ante esta situación, el cuerpo modifica su funcionamiento y establece prioridades. La principal, sobrevivir. "Siempre que nos ponemos en este modo (supervivencia), tiene mucho más control la amígdala (una estructura cerebral que procesa las emociones) y todo el tema emocional va a ser percibido de manera directa, sin mediar por la corteza prefrontal", indica la psicóloga.

"El cerebro, que es el que guía nuestra conducta, nuestras decisiones, nuestras acciones diarias, se ve en ese momento en una situación que no es la normal y no puede pensar, reflexionar, interpretar racionalmente las cosas, relativizar, etc. Se confunde", sostiene Morgades.

A todo ello se suma que las olas de calor repercuten en las actividades cotidianas, del día a día. "Las altas temperaturas nos estresan, estamos a disgusto y no estamos cómodos -señala Morgades-. Eso hace que hagamos menos salidas porque en la calle hace mucho calor, que hagamos menos ejercicio, nos relacionemos menos con la gente…". "Haces menos conductas que en sí mismas son promotoras de la salud mental", afirma la psicóloga.

También el descanso se ve perjudicado, incluso aunque se tomen medidas. "A veces nos creemos que es suficiente con haber dormido frescos y no. A lo mejor el ventilador o el aire acondicionado es muy ruidoso y eso es un factor que influye en un sueño reparador, y tener un buen descanso influye mucho en el funcionamiento posterior del cerebro", desarrolla la psicóloga. Todo ello se traduce en una mayor agresividad y violencia, así como también incrementa la ansiedad o los pensamientos intrusivos.

Las altas temperaturas afectan a la salud mental tanto de quienes tienen una patología de este tipo previa, que sufrirán unos efectos más "devastadores e impactantes", como a quienes no tienen ninguna. Eso sí, Morgades matiza que se verá más castigado el bienestar psicológico de la población más vulnerable, como pueden ser las personas en riesgo de exclusión social, ya que tendrán más dificultades para actuar contra el calor extremo; las mujeres, que suelen verse en más situaciones de riesgo que los hombres; o los jóvenes, que están en una etapa de mayor presión psicosocial, entre otros.

La psicóloga comparte que el calor extremo no perjudica más a las personas que tiene un trastorno mental específico. Sin embargo, matiza que sí se ha encontrado una relación entre la ansiedad y las altas temperaturas y la depresión y las olas de frío. Así, incide en que no solo el calor extremo afecta al bienestar psicológico, sino que también lo hacen los cambios repentinos y bruscos de temperatura, que son consecuencia del cambio climático y que exigen al cuerpo acostumbrarse de forma rápida.

Y, según señala Morgades, que sean repentinos también impide la prevención de los mismos. La experta explica que la información permite ser conscientes de los efectos que pueden generar los cambios de temperatura bruscos en la salud mental y, en consecuencia, las personas pueden "poner a la corteza prefrontal en acción, a pensar y a reflexionar" para que juegue a su favor. "Si se alarga tres o cuatro meses (el calor extremo), inconscientemente te vas adaptando, aunque sea sin saber cómo -sostiene. Si hay cambios bruscos, esa adaptación también se entronca”.

Por eso, Morgades pone el foco en el ámbito psicoeducativo. "Es darnos cuenta del efecto que tienen (las temperaturas altas) en nuestra salud mental para que, cuando esto suceda, podamos identificarlo y de forma más activa podamos mediar o poner en cuarentena nuestras interpretaciones o incluso nuestras emociones”, desarrolla. La clave para ella está en "hacer malabares" para conseguir que los efectos del calor extremo perjudiquen lo mínimo posible a la salud mental. Para ello recomienda no dejar las actividades que favorecen el bienestar psicológico (dar una vuelta, hacer deporte, socializar) o sustituirlas por otras que puedan llevarse a cabo con las altas temperaturas para cuidar la salud mental.

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