Un pueblo altoaragonés recupera su hermanamiento al calor del exilio republicano: "Abre puertas a la amistad"
Los vecinos de Almunia de San Juan han recibido esta semana la visita de 64 personas de la localidad francesa de Agonac de todas las edades que han recorrido a pie o en bicicleta los 463 kilómetros que los separan para revitalizar el hermanamiento que creó en su día el exiliado republicano Calixto Casales

Foto de los participantes en la iglesia de Almunia de San Juan. / El Periódico de Aragón

Almunia de San Juan acaba de iniciar sus fiestas. Y entre los asistentes (y dando el pregón) un grupo de franceses dispuestos a abrir «puertas de fraternidad, tolerancia y amistad». Una historia de exilio y colaboración unió hace más de setenta años las vidas de los vecinos del Cinca Medio con las de los habitantes de Agonac y este año han decidido renovar los lazos de unión con una simbólica aventura.
El pasado 19 de agosto un grupo de 64 personas emprendió una marcha desde el pequeño pueblo aquitano, cerca de Burdeos, para llegar el pasado 21 a Almunia en plena celebración de las fiestas en honor a la Virgen de la Piedad. Su objetivo ha sido recuperar los actos de hermandad entre las dos localidades iniciados en el año 1979 por Calixto Casales, un exiliado republicano que quiso devolver a sus vecinos de acogida el calor recibido tras las guerras civil y mundial en las que participó de forma directa.
Este viernes ha sido su hijo Jean Pierre el encargado de pronunciar el pregón que ha dado comienzo a las fiestas. «Nos emociona ver cómo desde que recuperamos el contacto, ya en los años cincuenta, volviendo cada cierto tiempo a la casa de nuestro abuelo, el recibimiento siempre ha sido cálido y emocionante», narra.

Jean Pierre Casales en un momento del pregón, este viernes. / El Periódico de Aragón
El recorrido de manera interrumpida y mediante relevos, con el nombre de La Calixto, pretende ser una cita anual fruto del trabajo conjunto entre los municipios de Agonac y Almunia, la asociación Le Rayon d’Agonac y el comité de hermanamiento de Almunia. Los vecinos mediocinqueño acudieron a la cercana Fonz para acompañar a los deportistas en los últimos kilómetros.
Una de las colaboradoras con este hermanamiento, Carolina Llaquet, recuerda que aunque la unión de las localidades se firmó en 1984, la relación y los intercambios entre las localidades empezaron en 1979. De hecho, en los primeros tiempos era habitual el intercambio entre familias altoaragonesas que pasaban unos días en Francia a comienzos de mes y luego se intercambiaban posiciones para que fueran los aquitanos los que acudían a Almunia con motivo de las fiestas. Llegaron a participar centenares de vecinos en autobuses y coches particulares.
«Nos gustaría retomar la fuerza que el hermanamiento tuvo en el pasado, pero es difícil por el cambio de costumbres», reconoce Llaquet. Fue a partir del 2008 cuando los intercambios empezaron a hacerse menos frecuentes hasta limitarse a un nivel municipal, sin embargo los actuales regidores (Christelle Druillole por la parte francesa y Carlos Bardina por la aragonesa) y las asociaciones culturales y deportivas han impulsado este nuevo lazo. «La intención es que vayan a más», indica.
La bolsa de Bielsa
La historia de Calixto Casales, en el corazón del hermanamiento, da para relato de aventuras. Combatiente durante la guerra civil en el bando republicano tuvo que abandonar España tras combatir en la bolsa de Bielsa. Posteriormente regresó al frente para defender Barcelona hasta su caída, momento en el que emprendió un penoso exilio que lo llevó a los campos de concentración de Argelès-sur-Mer hasta el momento en el que fue cedido como mano de obra a los nazis hasta prácticamente el final del conflicto. Al integrarse en Agonac «conoció a una joven francesa que luego fue mi madre», recuerda Jean Pierre. Luego, incluso llegó a ser capitán del equipo de fútbol local, La Patriote.
Casales asegura que su padre buscó siempre «unir sus dos tierras y sembrar una semilla de amistad» entre su pueblo natal y su localidad de acogida, por lo que ve «con felicidad» más de 70 años después de que pisará por primera vez Almunia como se mantiene el recuerdo. «Son mis raíces de las que siempre me habló mi padre», explica, tras haber visto «cómo ha cambiado todo en estos años».
Hasta el domingo los franceses, con edades que van desde la infancia hasta los ochenta años, se alojan en el campin municipal y en casas de vecinos. Al mismo tiempo participan de forma activa en las fiestas y ya se hacen planes para hacer intercambios escolares o musicales, impulsados por la rondalla. Una hermandad a la que le quedan muchos años de vida y un pregón leído desde la misma plaza Agonac de Almunia de San Juan.
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