Un 18% de los pacientes con cáncer sufre depresión en Aragón: "El impacto del diagnóstico es inevitable"
El presidente de la Asociación Española Contra el Cáncer en Zaragoza, José María Arnal, y una de las psicólogas de la entidad, Ana Isabel González, advierten sobre la importancia del acompañamiento emocional

Manifestación a favor de la lucha contra el cáncer en Zaragoza. / EL PERIÓDICO
En el año 2024, fueron 8.600 personas las que padecieron cáncer en Aragón, según el registro de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) en la comunidad. Un número que, a juicio del que es presidente en la provincia de Zaragoza, José María Arnal, “no solo se repite cada año, sino que va aumentando”. Esta enfermedad, liderada según el orden de incidencia por el cáncer colorrectal, el de próstata, el de mama y el de pulmón, no acapara solo la salud física.
“Muchas personas van a tener algún problema de salud mental. Al final, la enfermedad tiene connotaciones que a la persona le producen una actitud patológica; una reacción. No solo a la persona, sino también a su entorno: a los hijos, los padres y las parejas”, explica Arnal.
Si se baja al detalle, las necesidades psicológicas de la población oncológica a nivel estatal, independientemente de la localización tumoral, son extrapolables a Aragón. Según datos proporcionados por la delegación de la AECC en la comunidad, un 45% de los aragoneses con cáncer refiere malestar emocional o distrés, mientras que un 40% declara sentir fatiga. En un porcentaje un poco más bajo se encuentran los problemas de exclusión, presente en un 36% de los pacientes oncológicos de Aragón. Asimismo, las cifras avalan que un 20% sufre ansiedad y un 18%, depresión.
En menor medida, pero sin tratarse de datos desdeñables, un 15% de los pacientes refiere vulnerabilidad económica, un 10% siente dolor y otro 10% asegura sufrir un trastorno de estrés postraumático. “No podemos esperar que los recursos sanitarios cubran todo, porque es imposible”, asegura rotundo Arnal, porque a su juicio, estos “no llegan a cubrir nunca esa necesidad de ayudar a estas personas”.
Más de 2.000 pacientes aragoneses asistieron a terapia
Por ese motivo, entre los cincuenta trabajadores que ofrecen servicio en la AECC, entre los que están trabajadores sociales, médicos, fisioterapeutas, nutricionistas y 1.416 voluntarios; nueve psicólogas ofrecen acompañamiento emocional en terapias tanto individuales como grupales. Concretamente, en 2024 fueron 2.242 aragoneses los que hicieron uso de este servicio que acoge a pacientes y familiares por igual, y solo en Zaragoza el número de sesiones realizadas alcanzó las 5.164. Ana Isabel González, aparte de coordinar al equipo multidisciplinar, se encarga de tender la mano a estos pacientes en cualquier etapa de la enfermedad desde hace 20 años.
“Con el diagnóstico del cáncer, la persona sufre un impacto inevitable, porque su vida está amenazada. La respuesta humana y adaptativa son una serie de emociones que van a acompañarla durante todo el proceso: el distrés emocional, el shock, el miedo, la sorpresa o la incertidumbre”, comenta González. Y puntualiza una cuestión a tener en cuenta. “La tristeza aparece por las pérdidas: de la salud, del entorno laboral, de la imagen física y de la sexualidad”, explica González, quien anima vehementemente a no huir de estas emociones que, a priori, son desagradables.
“Son aliadas; las que ayudan y guían en el proceso de adaptación. A veces, el entorno lo que anima es a no sentirlas, pero son normales y hay que darles un espacio. Si yo me permito estar triste, puedo pedir ayuda”, aclara esta psicóloga, quien explica que si se esto se enquista y se suma a “insuficientes recursos a la respuesta emocional”, puede derivar en un trastorno depresivo que “depende más de variables como la capacidad económica, el pronóstico o la predisposición hacia la tristeza”, que del estado de la enfermedad.
La incertidumbre, una sensación inherente al cáncer
Aquí cobra importancia, a juicio de González, la calidad de nuestra red. “Producto de la poca educación y tolerancia al malestar, algunas personas sufren aislamiento porque su entorno no sabe qué decirle, cómo reaccionar si lloran o si expresan el miedo a la muerte“. Según González, las sensaciones que aparecen en un primer momento van ligadas a una constante incertidumbre, lo que genera una sintomatología ansiosa. Y todo son preguntas. “¿Estará extendido? ¿Cuál será el tratamiento? ¿Qué efectos secundarios tendré? ¿Cómo va a responder mi cuerpo a la enfermedad? ¿Voy a poder llevar mi vida normal? ¿Voy a poder trabajar?”, ejemplifica González poniéndose en su piel.
Por eso, en la consulta, ella siempre incide en “aumentar poco a poco la sensación de control” y destaca como “fundamental” el papel de acompañar a nivel emocional, incluso cuando el pronóstico es desfavorable. “Los grupos de terapia los valoran tremendamente, porque reconocen mucho el discurso del otro. También derivamos a grupos de duelo, donde dos terapeutas se encargan del acompañamiento de este proceso natural y del sostén”, relata González.
Los brazos de la asociación llegan también de manera telemática a través del teléfono gratuito que funciona las 24 horas: el 900 100 036, así como a las zonas rurales. En la provincia de Zaragoza, la AECC atiende de manera presencial en Calatayud, Tauste, Ejea, Tarazona y Caspe. En Huesca, los servicios llegan a Aínsa, Barbastro, Binéfar, Fraga, Graus, Jaca, Monzón, Sariñena y Sabiñánigo. Y en la provincia de Teruel, se benefician los vecinos de Alcañiz, Alcorisa, Andorra y Calamocha.
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