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De Harvard al Congreso de Psiquiatría de Zaragoza: "Los inmigrantes tienen miedo a ir a los servicios médicos por las políticas de Trump"

Margarita Alegría, jefa de la unidad de investigación sobre disparidades del hospital general de Massachusetts y docente del departamento de Psiquiatría de la facultad de Medicina de Harvard, participa en el encuentro sobre salud mental que desde el pasado jueves y hasta este sábado se celebra en la capital aragonesa para abordar la atención a la población inmigrante

Margarita Alegría, jefa de la Unidad de Investigación sobre Disparidades del Hospital General de Massachusetts, en el Congreso de Psiquiatría que acoge Zaragoza.

Margarita Alegría, jefa de la Unidad de Investigación sobre Disparidades del Hospital General de Massachusetts, en el Congreso de Psiquiatría que acoge Zaragoza. / Miguel Ángel Gracia

Zaragoza

Se ha desplazado desde Cambridge, Massachusetts, hasta Zaragoza para participar en el Congreso Nacional de Psiquiatría, que tiene por objetivo avanzar hacia una atención psiquiátrica más humana. ¿Cómo se llega a ello?

Un paso hacia esa parte más humana es que todo el mundo tenga acceso por igual a los servicios sanitarios, y eso quiere decir que estos estén alineados lingüísticamente, culturalmente, que haya entendimiento entre los distintos grupos raciales, étnicos... Ahora mismo el sistema no está diseñado para toda la población, sobre todo no lo está para los inmigrantes.

En su ponencia del congreso diserta sobre los nuevos modelos para amplificar la diseminación e implementación de servicios de salud mental para inmigrantes. ¿En qué consisten?

Una de las cosas importantes de este modelo es que, a diferencia de otros en los que la persona tiene que identificar que tiene un problema de salud mental y luego buscar un servicio, localiza a la población que necesita esos servicios para poder prestárselos. La gente tarda entre 7 y 10 años en identificar que tiene un problema de salud mental y llegar a ese servicio. Tratamos de entrar antes.

¿En qué otros aspectos se fundamentan estos nuevos modelos?

Busca amplificar la labor del personal de salud mental delegando parte de la intervención en los trabajadores de salud comunitaria (en EEUU, acciones para mejorar la salud de la población que considera también factores sociales y ambientales), sin restar importancia al trabajo de los psiquiatras. Esto es importante porque, hoy día, la demanda es muy dramática comparada con la capacidad que hay de personal psiquiátrico.

La lengua es otro aspecto que se recoge.

Priorizamos que el idioma del paciente sea considerado por el trabajador comunitario. Creemos en la concordancia linguística para que la persona se sienta con la comodidad de expresar lo que le pasa, para que haya buen entendimiento y cuente cómo ve su problema. La parte lingüística y cultural es prioritaria.

Y todo ello teniendo en cuenta los aspectos sociales.

El modelo asume que, para poder ayudar a una persona, se tienen que considerar los aspectos sociales. Hay mucho de ayudar a encontrar una vivienda adecuada, de ver si puede pagar sus medicamentos... Es mirar al paciente en todas las facetas, no solo en la diagnóstica.

¿Se enfrentan los inmigrantes a más retos de salud mental?

Una de las cosas interesantes es que, cuando llegan a otro país, tienen mejor salud mental, al menos en EEUU. Sin embargo, vemos que la de las segundas generaciones de inmigrantes se desmerece. Cuando hay exposición a discriminación, a perjuicio, cuando hay hostigamiento, se empieza a deteriorar la salud mental, sobre todo en los hijos de inmigrantes que tienen que navegar entre dos culturas a la vez.

Desde que Donald Trump accediera al poder, las políticas migratorias se han endurecido. ¿Se ha visto reflejado en la salud mental de la población?

Vemos que el ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EEUU) está yendo a las escuelas y a las clínicas para identificar a los inmigrantes. Eso ha afectado muchísimo, y la población inmigrante se encuentra ahora bregando con la incertidumbre. Oímos a mucha gente con miedo porque no saben si la policía va a ir a su casa, gente que el miedo ha hecho que dejen de ir a trabajar... Todavía no hay buenos estudios de cuán serio es el problema, pero definitivamente este hostigamiento ha afectado. Lo vemos en los pacientes, en lo que nos dicen, en cómo se sienten... Hay mucho miedo.

¿También en los menores?

Sí. En niños vemos un problema de ausentismo. Vemos adolescentes que no quieren asistir a la escuela por miedo a haber perdido a sus padres cuando regresan a casa. Ansiedad social de manera severa por todo lo que están pasando. Todo esto está afectando y de manera severa. Vemos también que la gente mayor se está quedando más sola, porque están dejando de ir a actividades que hacían en grupo por miedo a que los identifiquen. Está cambiando toda esa inclusión inmigrante en la vida diaria, y eso va a tener una consecuencia en la salud mental.

¿Han dejado de acudir también a los servicios sanitarios?

En la previa administración de Trump se decía que, si las personas inmigrantes buscaban ayuda médica y no tenían recursos, los iban a identificar e iban a tener menos oportunidades de convertirse en ciudadanos americanos o de pedir la VISA. Por eso, la gente tiene mucho miedo a ir a los servicios médicos.

Loa recortes de la administración, ¿han llegado también a las clínicas de salud mental?

El problema ha sido más que han cortado algunos de los recursos que había en las escuelas de salud mental, los han disminuído. El otro factor que ahora se está peleando es que, antes, había recursos para para el Wifi a las personas que querían tener alguna intervención psicoterapéutica por Zoom o por teléfono, y ahora no se sabe si eso se va a pagar o no. Para los inmigrantes eso es esencial por el miedo a ir a las visitas clínicas en persona.

¿Detecta diferencias entre el sistema de salud de Estados Unidos y el de España?

Hace diez años, tuve la gran oportunidad de trabajar en Barcelona con un grupo de investigadores de allí y de Madrid. Comparamos el sistema con Estados Unidos y puedo decir que luego usé el sistema que hay en España para inmigrantes como un ejemplo de la salud pública que deberíamos adoptar en Estados Unidos. El hecho de que la gente pueda acceder al sistema si tiene un problema de salud mental y que la atiendan sin ningún problema de costos siempre me ha parecido un adelanto comparativamente. En EEUU o tienes un seguro médico o estás en una situación de emergencia, pero sino no puedes recibir servicios de salud mental, mientras que ustedes (en España) tienen la puerta abierta si hay un problema de salud mental.

Hecho este balance... ¿Nos alejamos entonces de esa atención psiquiátrica más humana?

Vamos hacia delante y hacia detrás. Creo que, en el entendimiento de la importancia cultural y lingüística, en entender mejor al paciente, hemos hecho adelantos. Sin embargo, en la parte de aumentar el acceso a los servicios está siendo más difícil. Con los recortes presupuestarios que estamos viviendo en EEUU se están quitando cosas que son importantes, como trabajadores de salud mental en las escuelas.

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