Una colilla, diez años de huella: la campaña que busca cambiar los hábitos en Zaragoza
El Ayuntamiento de Zaragoza redobla esfuerzos en limpieza y sensibilización ciudadana para acabar con un gesto tan pequeño como persistente: arrojar colillas al suelo

Los lugares donde más colillas se acumulan son las paradas del transporte público donde los ciudadanos arrojan las colillas al suelo incluso teniendo papeleras adaptadas cerca / Sergio Pueyo
Mientras esperas el autobús, un cigarro. Al salir de la biblioteca, otro. En la terraza del bar, varios más. Al final del día son miles las colillas que acaban en el suelo, todo detrás de una falsa idea de insignificancia. Sin embargo, su impacto es enorme: cada una de estas colillas puede tardar años en degradarse y liberar sustancias tóxicas que dañan el medio ambiente.
El Ayuntamiento de Zaragoza destina más de 65 millones de euros anuales para mantener limpia la ciudad, pero el verdadero reto está en cambiar hábitos como tirar las colillas al suelo, que se han normalizado durante décadas.
Para intentar cambiar esos hábitos, el Ayuntamiento de Zaragoza ha lanzado la campaña Zaragoza cuenta contigo, que busca mejorar la conducta cívica de los ciudadanos y reforzar el compromiso colectivo con la limpieza y el cuidado del entorno urbano.
Dicha campaña gira en torno a cuatro ejes principales que coinciden con cuatro de las conductas incívicas más habituales: no recoger los excrementos caninos, dejar basuras fuera de los contenedores, orinar en la vía pública y arrojar colillas al suelo, siendo esta última una práctica muy normalizada y problemática para la ciudad.
La huella invisible de tirar un cigarrillo al suelo
A pesar de su diminuto tamaño, las colillas son uno de los residuos más presentes en las calles y uno de los más dañinos para el medio ambiente. Contienen compuestos tóxicos que tardan años en degradarse y pueden contaminar grandes cantidades de agua, además de deteriorar el pavimento y la imagen urbana. Cada colilla abandonada en la calle no solo ensucia, sino que prolonga durante años una huella invisible que afecta a todos.

Si no hay papeleras cerca, existen otras opciones para guardar las colillas y tirarlas en casa / ANDREEA VORNICU
El Ayuntamiento de Zaragoza insiste en que el problema no puede resolverse únicamente con medios técnicos. En la limpieza diaria de las calles, para eliminar residuos como las colillas, participan equipos de barrido manual y motorizado, de repaso, de limpieza mecánica de aceras y calzadas o servicios mixtos. Pero sin la colaboración ciudadana el esfuerzo resulta insuficiente.
Los chicles tampoco son una tontería
El chicle es otro de los residuos que más ensucian las calles y más dificultades generan en la limpieza diaria. Su apariencia inofensiva contrasta con su persistencia: un chicle puede permanecer hasta cinco años adherido en el pavimento, soportando el paso de miles de personas y el efecto de la lluvia o el calor.
Retirar los chicles de las aceras requiere maquinaria específica, productos desincrustantes y un trabajo manual que multiplica los costes de limpieza. Además, al degradarse liberan compuestos plásticos que dañan el entorno y afectan al drenaje urbano.
El Ayuntamiento de Zaragoza recuerda que depositar los chicles en las papeleras es un gesto mínimo que evita un gran esfuerzo a los servicios de limpieza y contribuye a mantener una ciudad más cuidada. Porque, al igual que con las colillas, el cambio empieza por un simple acto de civismo.
Los lugares con mayor concentración de colillas son los que más tránsito peatonal registran, como el entorno de bares, restaurantes, paradas de transporte público o entornos de centros de salud o bibliotecas. Con el nuevo contrato de limpieza, en vigor desde 2023, prácticamente todas las papeleras instaladas en la ciudad y sus barrios rurales incluyen ya ceniceros, para ofrecer una alternativa cómoda a los fumadores y reducir drásticamente el impacto de este residuo.
Más que limpieza, convivencia
El mensaje municipal es claro: la calle es una extensión de nuestra casa, y mantenerla limpia es una muestra de respeto hacia los demás. La campaña busca cambiar hábitos y recordar que un gesto tan cotidiano como tirar una colilla al suelo tiene consecuencias que van mucho más allá de la apariencia.
Además del daño ambiental, las colillas mal apagadas pueden provocar incendios si se depositan en papeleras no adecuadas o si se arrojan en zonas con vegetación. Por ello, el ayuntamiento insiste en que deben apagarse y depositarse correctamente en los ceniceros habilitados.

Desde 2023, prácticamente todas las papleras instaladas en la ciudad cuentan con un cenicero para depositar las colillas sin riesgo de incendio / ANGEL DE CASTRO
La concienciación ciudadana es la herramienta principal para frenar esta práctica, pero también existe un componente sancionador. Arrojar una colilla al suelo puede conllevar multas de hasta 750 euros. La Policía Local vigila de forma constante esta infracción, especialmente en áreas con gran afluencia de personas, donde las inspecciones se refuerzan para evitar que la costumbre se continúe normalizando. Sin embargo, las sanciones son solo un último recurso. El objetivo final no es castigar, sino fomentar una cultura cívica basada en la corresponsabilidad.
La limpieza de una ciudad no se mide solo por el número de máquinas que la recorren, sino por la actitud de quienes la habitan. La campaña del Ayuntamiento de Zaragoza invita a reflexionar sobre cómo un gesto individual puede tener repercusión colectiva. Hacer uso de los ceniceros públicos, esperar a encontrar una papelera adecuada o simplemente guardar la colilla hasta llegar a casa son pequeños actos que contribuyen a una ciudad más limpia y saludable.
La presencia de colillas en el suelo transmite dejadez, contamina el entorno y convierte la vía pública en un espacio degradado. Frente a ello, el ayuntamiento apuesta por una combinación de educación, civismo y vigilancia. La colaboración vecinal es indispensable para que el esfuerzo público sea realmente eficaz. Mantener Zaragoza limpia no depende solo de los servicios municipales, sino de la voluntad compartida de quienes la recorren cada día. Porque, al final, una ciudad limpia no es la que más se barre, sino la que menos se ensucia.
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