Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Mercado inmobiliario: la construcción modular se abre paso en Aragón para llegar al 10% en 2030

El sector de la edificación en Aragón reconoce que es un proceso «lento» pero que forma parte de las promociones actuales

Las placas industrializadas que formarán las paredes de un edificio de nueva construcción, en Zaragoza.

Las placas industrializadas que formarán las paredes de un edificio de nueva construcción, en Zaragoza. / Rubén Ruiz

Zaragoza

La construcción industrializada es una realidad que se encuentra lejos de explotar todo su potencial. La tendencia apunta a que el proceso será gradual y que los proyectos irán ganando velocidad. Según los datos presentados en la última edición de la feria Rebuild, la coloquialmente denominada arquitectura modular representa ya un 2% del total de la edificación en España, y las previsiones apuntan a que alcanzará el 10% en 2030.

El crecimiento de las viviendas industrializadas se va a extender en Aragón si se consolida la tendencia que se observa en otras zonas del país. Este modelo constructivo rápido, sostenible y económico, se está convirtiendo en una alternativa real a la edificación tradicional. Su principal ventaja es el tiempo: una vivienda podría completarse en apenas cuatro o seis meses, la mitad de lo que requiere una obra convencional.

Esta no es una idea de futuro; es presente. Buena parte del trabajo se traslada a la fábrica, donde se elaboran piezas completas que luego se ensamblan en el lugar de construcción, como un mecano.

El cambio de enfoque es profundo. Si antes se necesitaban quince encofradores para levantar una estructura, hoy se pueden fabricar pilares, vigas y forjados en una fábrica y montarlos en obra con un equipo reducido.

El problema actual es que la demanda crece más rápido que la capacidad de producción. Hay empresas que tienen más pedidos de los que pueden asumir y están invirtiendo en líneas automatizadas para fabricar más y mejor. Aun así, los fabricantes van al límite.

Quizá el error de concepto esté en pensar en viviendas 100% industrializadas. La realidad es que el sector avanza por partes: primero llegaron los baños modulares, luego las fachadas y las estructuras. Solo con esas tres líneas ya se elimina cerca del 40% del trabajo en obra, lo que supone menos retrasos, más productividad y mejor calidad final.

«El potencial de la industrialización es enorme y no hay marcha atrás. Ya no se trata de una aventura, sino de adaptarse a un cambio de época», explica Juan Carlos Bandrés, presidente del Clúster Industrial de la Construcción de Aragón (CICA) y director general de Grupo Lobe. «Es el futuro inmediato, aunque más vale empezar ya. Estamos desarrollando una parte de esa industrialización, pero todavía aprendemos cada día. Tardará años en convertirse en algo rutinario y habitual», añade.

Resurgir tras el ‘crac’ del 2008

El Gobierno central de Pedro Sánchez ha anunciado una serie de ayudas para impulsar la industrialización del sector, con el objetivo de alcanzar 10.000 viviendas en 2030. «Se están dando pasos. No quiero transmitir un mensaje negativo, sino realista: esto va a llegar, aunque llevará tiempo. Es una transformación profunda de un sector que, recordemos, se hundió en 2008», recuerda Bandrés. España pasó entonces de construir 600.000 viviendas al año a apenas 80.000 tras la última crisis. Hoy existe un déficit de oferta que el sistema tradicional no cubre.

En este contexto, la industrialización se perfila como una vía para ganar eficiencia, aunque el término se usa con cierta ligereza. «Se llama industrializado a casi todo: si usas una fachada prefabricada o un baño modular, ya se considera así. Pero hay que ir más allá», matiza Bandrés.

Los expertos coinciden en que cuando el sector logre consolidar un nicho de clientes convencidos, la economía de escala será posible. De momento, algunas pequeñas empresas han caído al intentar amortizar sistemas o diseños propios.

«Lo que más frena el proceso es el inmovilismo. Tendemos a seguir haciendo las cosas como siempre. Pero cuando la industrialización se pueda implantar completamente, traerá menores costes, mejor calidad y condiciones laborales más estables, porque parte del trabajo se realizará en fábricas y entornos más controlados», termina el presidente del CICA.

Por su parte, Fernando Used, arquitecto socio de Ingennus, opina que impulsar la industrialización es una obligación. «Es un reto técnico que nos puede salvar de la falta de mano de obra en los próximos años. Ya estamos trabajando en esta dirección. Nos estamos dando cuenta de que es una realidad. Ya hay ejemplos y prototipos hechos y construidos. Esa industrialización favorece que con menos mano de obra podamos ganar tiempo y acortar los plazos en las obras», aporta.

Eso sí, que nadie piense que la construcción industrializada puede suponer un coste menor, «pero sí una reducción de los tiempos», concluye.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents