Forestalia se reinventa: de los molinos de viento a las granjas de datos
El grupo aragonés, fundado por Fernando Samper tras su salida del Grupo Jorge, reorienta parte de su cartera energética hacia los centros de datos y la gigafactoría de baterías, una jugada maestra con la que se convierte en un actor estratégico en nuevos mercados

El responsable de CGE Internacional, Cui Can, saluda a Fernando Samper, presidente de Forestalia, en presencia del presidente del Gobierno de Aragón, Jorge Azcón. / Gobierno de Aragón / Fabián Simón
De los molinos de viento a las granjas de datos. En menos de una década, Forestalia ha pasado de simbolizar la nueva era de las energías renovables en España a poder convertirse también en un actor estratégico de la revolución digital que vive Europa. El grupo fundado por el empresario zaragozano Fernando Samper Rivas (Zaragoza, 1964), al que se describió hace años como “visionario” por anticipar que las renovables podían ser rentables sin subvenciones, ha vuelto a moverse antes que nadie. Esta vez, con un movimiento ambicioso pero coherente con el que pretende aprovechar su músculo energético en un sector intensivo en el consumo de electricidad.
El anuncio del proyecto Búfalo, avalado por el Gobierno de Aragón con la declaración de interés autonómico y presupuestado en más de 12.000 millones de inversión, simboliza la estrategia seguida por la compañía para recolocar en nuevos mercados los proyectos renovables que tenía en el limbo.
Forestalia aspira a que parte de su cartera de proyectos renovables sirvan de soporte para alimentar centros de datos, pero también la gigafactoría de baterías que impulsan en Figueruelas el grupo chino CATL y Stellantis, con los que se ha aliado en el llamado proyecto Toro. O, dicho de otra forma, pasar a generar la energía verde que se necesita para producir inteligencia y coches eléctricos.
Del Grupo Jorge al liderazgo energético
Samper creció en el seno del Grupo Jorge, la histórica empresa familiar del sector cárnico fundada por su abuelo Tomás Samper Albalá. Fue su consejero delegado hasta 2011, cuando decidió emprender en solitario llevándose consigo parte de los proyectos de energía renovable que tenía el gigante porcino, la semilla de lo que sería Forestalia.
Con los activos heredados de su salida y la compra de otros a la alemana RWE, fundó una empresa que irrumpió como un ciclón en las subastas de potencia verde del Gobierno de España. En 2016, cuando el sector llevaba años paralizado por la moratoria renovable, Forestalia arrasó al adjudicarse 300 de los 500 megavatios eólicos en liza y 208 de biomasa, dejando fuera a las grandes eléctricas. El recién llegado que rompió el tradicional oligopolio.
En apenas tres años, el grupo pasó a ser uno de los principales promotores eólicos de España, apoyado por socios internacionales como General Electric, BlackRock, CIP, Lightsource BP, Mirova o Engie, pero también entidades com Caja Rural de Teruel, que garantizó los avales de sus primeros parques. Todo ello bajo una idea sencilla, pero por entonces rompedora: las renovables pueden ser rentables sin primas.
La era del dato: energía para la IA
Una década después, Samper repite la jugada, pero en un tablero distinto. Forestalia ha detectado que la gran transición energética y la digital se entrecruzan en un punto común. Los centros de datos necesitan energía limpia, abundante y barata.
El proyecto Búfalo, con tres instalaciones previstas en Magallón, Botorrita y Alfamén, simboliza ese cruce de caminos. El 50% de la electricidad de estas infraestructuras procederá del autoconsumo renovable, un modelo que convierte parques eólicos en tramitación en aliados naturales de los centros de procesamiento de datos, que son esenciales para la computación de la nube y la inteligencia artificial.
Forestalia viene reordenando en los últimos años su cartera de activos para adaptarlos a esta nueva estrategia y destinar a desarrollos industriales de Aragón la energía que preveía evacuar en Cataluña, Comunidad Valenciana y País Vasco, algo que no consiguió al ser denegadas o paralizadas buenas parte de las líneas eléctricas de alta tensión que pretendía construir para tal fin.
No abandona las renovables, pero les da un nuevo destino en mercados que además tienen un mayor valor añadido, ya sea en el pujante negocio de los centros de datos o la prometedora fábrica de baterías para vehículos eléctricos que se levantará en Figueruelas.
Con Búfalo, Samper da un nuevo golpe de timón. Si en 2016 sorprendió al país al demostrar que podía competir con las grandes eléctricas, ahora busca demostrar que una empresa aragonesa también puede impulsar proyectos como los que lideran los gigantes tecnológicos. En el fondo, la historia se repite. Forestalia ha visto una oportunidad y vuelve a anticiparse a una ola global. El tiempo dirá si este giro estratégico tendrá el mismo desenlace que su primera gran apuesta. Pero, como ocurrió entonces, el empresario que empezó con el viento a favor parece decidido a soplar ahora por la nube de internet.
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