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Zaragoza cuenta contigo

La calle es de todos: no dejes los excrementos de tu mascota sin recoger

Dentro de su última campaña de limpieza, el Ayuntamiento de Zaragoza hace un llamamiento a la responsabilidad y civismo de los dueños de mascotas para evitar deposiciones y orines en la vía pública

Al pasear con el perro por zonas urbanas se debe llevar una botella de agua para rociar los orines que puedan acabar en las fachadas y el suelo

Al pasear con el perro por zonas urbanas se debe llevar una botella de agua para rociar los orines que puedan acabar en las fachadas y el suelo / Jaime Galindo.

Imagina llegar a casa y encontrar el excremento de tu mascota en el salón. Lo primero que haces es recogerlo. Pues en la calle es lo mismo, pero la compartimos todos. Cada día, en las aceras, plazas y vías, se acumulan excrementos y orines de perros, e incluso de personas, que nadie recoge, y ese pequeño gesto se traduce en suciedad, malestar, olores, costes adicionales y deterioro del espacio público.

El Ayuntamiento de Zaragoza destina más de 65 millones de euros al año al servicio de limpieza, un presupuesto que moviliza un amplio dispositivo de medios humanos y materiales de la contrata que gestiona el servicio, FCC Medio Ambiente. Pero ni todo ese despliegue ni los medios técnicos pueden suplantar el papel de los ciudadanos. Porque la limpieza no es solo cuestión de estética: es convivencia, es salud, es civismo.

El coste invisible de lo que no se recoge

En este marco surge la campaña Zaragoza cuenta contigo, cuyo mensaje central es imprescindible: para que la ciudad esté limpia necesitamos cambiar hábitos que parecen pequeños, pero que cuando se acumulan generan un problema colectivo.

Uno de esos hábitos es el no recoger los excrementos de animales de compañía, y otro son los orines en la vía pública, ya sean de mascotas o de personas. En el entorno urbano, calles, plazas o zonas residenciales, los residuos biológicos como estos se acumulan en esquinas, bordes de aceras, fachadas de edificios y zonas verdes.

Las deposiciones caninas, cuando no se recogen con bolsa y no se depositan en la papelera correspondiente, crean focos de suciedad que cualquier persona puede pisar.

Los orines, además, si no se diluyen con agua y vinagre, impregnan el pavimento, las fachadas y transmiten una sensación de abandono e insalubridad.

Según datos del servicio de limpieza municipal, sus equipos recogen más de 500 excrementos de mascotas al día en la ciudad, lo que equivale a más de 160.000 al año, un volumen que exige dedicación adicional, equipos especiales y recursos que salen del presupuesto público.

Los servicios municipales de limpieza recogen al año alrededor de 160.000 excrementos en zonas verdes y urbanas

Los servicios municipales de limpieza recogen al año alrededor de 160.000 excrementos en zonas verdes y urbanas / CARLA GREENWOOD

Normativa, sanciones y responsabilidad compartida

La normativa municipal lo deja claro: tanto el dueño de un perro como cualquier persona que utilice el espacio público tiene la obligación de mantenerlo en condiciones de limpieza. En la nueva ordenanza de limpieza viaria y gestión de residuos, vigente desde junio de 2023, se especifican como infracciones leves el no recoger los excrementos de los animales o no limpiar sus orines, con sanciones que pueden llegar a los 750 euros dependiendo del grado de la infracción.

En concreto para los orines de mascotas en la vía pública se establece la obligación de que el responsable lleve bolsas herméticas para las heces y un recipiente con líquido desinfectante para poder diluir la orina cuando se realice en la vía. En el caso de orinar como persona fuera de los espacios habilitados también se contempla la sanción, pues eso afecta a la higiene urbana.

La campaña subraya que la ciudad se limpia entre todos: el servicio municipal puede acudir, barrer, repasar, utilizar agua a presión, pero sin la colaboración ciudadana esos esfuerzos se multiplican. Cada excremento no recogido o cada orina no diluida aumenta el coste, el desgaste de la vía pública y agrava la convivencia.

Por eso, cuando se pasea al perro, hay que llevar la bolsa y recoger sus excrementos. Si nuestro animal hace pis en la calle, hay que diluirlo con agua y vinagre.

Los operadores de limpieza utilizan agua a presión para limpiar el suelo y eliminar todo rastro de orines y sus olores

Los operadores de limpieza utilizan agua a presión para limpiar el suelo y eliminar todo rastro de orines y sus olores / MIGUEL ANGEL GRACIA

Cultura cívica y espacio público

Una ciudad limpia no es aquella que más se barre, sino aquella que menos se ensucia. Lo que en casa se considera obvio –no dejar excrementos entre las baldosas, no orinar en un rincón- debe trasladarse al espacio urbano. Y es que cada acera es una prolongación de nuestros hogares, cada fachada, cada banco, cada parque. Los parques caninos o áreas habilitadas para mascotas no eximen de responsabilidad al dueño.

Tampoco la movilidad o el tránsito frecuente justifican el descuido. Cuando un vecino, un niño, una persona mayor o un visitante pisa un excremento olvidado o atraviesa una esquina donde el olor a orina es persistente, el mensaje que transmite es de dejadez, de abandono, de una ciudad que “otros” limpian mientras uno pasa de largo.

Y así es como se rompe el contrato social de convivencia. La campaña de sensibilización del Ayuntamiento de Zaragoza actúa precisamente sobre ese punto: apela a que cada acto cotidiano cuente. Porque si todos y cada uno asumen que las mascotas, las calles, los vecinos merecen respeto, el entorno urbano mejora. Al final, recoger una bolsa, echar un chorro de agua y depositar los excrementos en una papelera, no es solo cumplir una norma, sino contribuir a una ciudad mejor.

En Zaragoza, ese cambio sigue en marcha. Pero necesita de todos. Hay que ponerse en primera línea. Con una bolsa en la mano, con una botella de agua en el bolsillo, con la idea de que la calle es de todos. Y con el convencimiento de que mantener la ciudad limpia no es un lujo: es un deber, es un acto de civismo, es convivencia.

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