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El IAF cambia el paso: adiós a los premios y más cerca de las pymes aragonesas

El Instituto Aragonés de Fomento da un giro de timón tras 35 años de trayectoria para responder a las demandas de la actual economía, un cambio que cristaliza en la celebración de un único evento al año y en el desarrollo de un nuevo modelo de gestión empresarial propio

El director del IAF habla de los retos que deben afrontar las nuevas empresas y como encarar su crecimiento de una manera óptima y estructurada mediante su modelo de gestión

El director del IAF habla de los retos que deben afrontar las nuevas empresas y como encarar su crecimiento de una manera óptima y estructurada mediante su modelo de gestión / Servicio especial

Zaragoza

Aragón ha cambiado enormemente en los últimos 35 años y cuenta hoy con una economía más sólida y diversificación. A esa transformación han contribuido actores como el Instituto Aragonés de Fomento (IAF), que lleva el mismo tiempo impulsando el desarrollo empresarial y socioeconómico de la comunidad. Transcurrida tres décadas y media después de su creación, el organismo del Gobierno autonómico ha decidido dar un giro de timón y abrir una nueva etapa, un cambio de fondo con el que se pone fin a algunos de los proyectos y programas que han distinguido su actividad para centrar el tiro y tejer una relación más directa y operativa con las pymes del territorio.

“Las pymes nos estaban diciendo algo claro: necesitamos ayuda en cosas concretas de nuestro día a día, no solo inspiración o reconocimiento”, resume su director gerente, Daniel Rey (Zaragoza, 1973), que lleva dos años al frente del organismo público, desde su designación por parte del Gobierno presidido por Jorge Azcón, que optó por un perfil más empresarial que político para este cargo.

El giro no es pequeño. El IAF nació en 1989, cuando la comunidad autónoma comenzaba a definir un modelo de desarrollo basado en la industria, la logística y la atracción de inversiones. Durante más de tres décadas, el instituto contribuyó a construir cultura de gestión y profesionalización en el tejido empresarial aragonés.

Emblemas que se esfuman y nuevas acciones

Bajo direcciones como las de Benito Pérez Sánchez, Javier Urrecha, Antonio Gasión, Ramón Tejedor o Pilar Molinero, el IAF impulsó programas que llegaron a convertirse en seña de identidad. Entre ellos destacan el Premio Pilot a la excelencia logística, los Premios a la Excelencia Empresarial o la implantación del modelo EFQM, que instalaron en la empresa aragonesa la idea de que competir es también aprender a gestionar mejor.

Ese legado permanece, pero el instituto ha decidido dejar de convocar estos galardones y programas para adaptarse a las demandas actuales del mundo empresarial con nuevas iniciativas y acciones. Este tejido se enfrenta al reto de la digitalización, a la necesidad de introducir tecnología en procesos internos, a mercados más exigentes y a estructuras que, en muchos casos, siguen atrapadas en el día a día. La realidad de 2025 no es la de 1990 ni la de 2002.

"Hoy lo que nos pide la empresa es acompañamiento para mejorar su gestión, incorporar soluciones concretas y ganar tamaño”, señala Rey. La nueva estrategia del IAF parte de una idea central: "escuchar primero".

El instituto quiere que la agenda ya no se construya desde el despacho, sino desde la conversación directa con las empresas. El programa IAF Conecta, en marcha desde hace unos meses, lleva al equipo del instituto a los entornos productivos, donde se reúne con compañías de distintos sectores para identificar de primera mano qué problemas tienen y qué oportunidades pueden explorarse. “Se trata de entender la realidad de cada empresa y actuar sobre ella. Es cirugía fina”, explica.

Esa cercanía busca desembocar en intervenciones concretas y medibles. El programa Aragón Tech Pyme se orienta a introducir tecnología en áreas muy específicas: automatización de almacenes, sistemas de gestión, digitalización administrativa. La filosofía que lo sustenta es la de los pequeños avances que cambian inercias. “Un éxito rápido que demuestre que innovar no es una amenaza, sino una ventaja, abre la puerta a procesos más profundos”, señala Rey. En paralelo, el instituto trabaja para integrar y acercar a las pymes el conjunto de recursos que ya existen en Aragón -clústeres, centros tecnológicos, universidades, servicios especializados-, a menudo desconocidos o difíciles de activar sin acompañamiento.

Un evento al año y el modelo de competitividad para pymes

El cambio también se nota en el ámbito del emprendimiento. El IAF deja de centrarse tanto en la creación de nuevas iniciativas y se vuelca en ayudar a las startups que han superado los primeros pasos y necesitan crecer. Es el caso del programa Retech, orientado a proyectos innovadores que buscan consolidarse y escalar. “Ahí se decide si una idea se convierte en empresa”, resume Rey.

La culminación visible de esta nueva etapa ha llegado con Aragón Business Summit, celebrado el pasado jueves en Zaragoza, que será a partir de ahora el único evento anual del IAF. Allí se presentó un nuevo modelo de competitividad para pymes diseñado por el propio instituto. Será una herramienta para que las empresas puedan diagnosticar su situación, identificar ámbitos de mejora y avanzar a su ritmo, con acompañamiento metodológico y apoyo técnico. “No se trata de hacer muchas cosas, sino de elegir bien y trabajarlas en profundidad”, apunta Rey.

El IAF no reniega de su historia. El conocimiento acumulado durante décadas sigue ahí. La novedad está en la forma de emplearlo, con más contacto directo, más método y más trabajo dentro de la empresa. El instituto que enseñó a competir quiere ahora competir al lado de la pyme.

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