Las ruinas de Belchite: un símbolo de la guerra destruido por la desidia
Lo que durante el franquismo se mantuvo como monumento fascista para simbolizar la destrucción republicana ha mutado en los últimos 50 años en un espacio sin inversiones externas donde se ofrece una lectura neutra del conflicto

El abandono se ha cebado con los restos del pueblo de Belchite tras la guerra civil. / Miguel Ángel Gracia / MIGUEL ANGEL GRACIA

En Belchite, la relación con el pasado se comprende a través del espacio, como recuerda el historiador francés Stéphane Michonneau. Belchite son dos lugares. Las ruinas desgastadas en las que una copla escrita en tiza en la puerta de la iglesia se ha convertido en un símbolo del abandono. «Pueblo Viejo de Belchite / ya no te rondan zagales / ya no se oirán las jotas / que cantaban nuestros padres». Belchite también es el pueblo nuevo en el que sus casi 5.000 habitantes viven de perfil al pasado.
La nostalgia escrita por Natalio Baquero, nacido durante la guerra civil, no hace referencia a la desolación provocada por la contienda, pues el pueblo fue de los primeros en incorporarse a la lista de municipios a ser reconstruidos. Sin embargo, el franquismo en abril de 1940 decidió convertir aquellos edificios duramente golpeados (que habían sido tomados por el Ejército republicano antes de caer de nuevo en manos de los sublevados) como un recuerdo perenne de la guerra y del «paso arrasador del marxismo», pero también como homenaje a los caídos del bando franquista, según el historiador Alberto Sabio.
"Belchite se convirtió en 'gesta y martirio' para la España franquista, en localidad adoptada por el Caudillo, en un santuario de la memoria franquista. Cuanto más ruinoso estuviera, más entraría por la vista y más efecto propagandístico tendría", detalla.
El pueblo viejo, en el que siguió residiendo gente hasta 1964, fue abandonado totalmente. Y aunque estaba prohibida la reparación de los daños de la guerra, algunos vecinos mantuvieron algunos usos, entre ellos los agrarios. Tras los 50 años pasados desde la muerte de Franco el lugar se ha desdibujado en lo material y lo político: los guías turísticos ofrecen una lectura blanqueada del conflicto para no soliviantar a ninguno de los visitantes mientras la ruta que más triunfa es la que se ocupa de psicofonías y las historias de fantasmas. "Nadie se ha ocupado de las ruinas del viejo Belchite, ni de explicar los combates y represiones que se llevaron a cabo, estas últimas entre los mismos vecinos de Belchite", indica el profesor del departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, Carlos Forcadell.

Todo el recinto del viejo Belchite ya es propiedad municipal. / Miguel Ángel Gracia / MIGUEL ANGEL GRACIA
El Ayuntamiento de Belchite cuenta con una fundación que desde el pueblo nuevo gestiona las visitas al recinto. En lo que va de año han pasado más de 34.000 visitantes. Y junto con el Gobierno de Aragón se ha logrado que todo el recinto histórico sea de propiedad municipal, un cambio que busca proteger una zona declarada Bien de Interés Cultural (BIC). Al mismo tiempo lo que queda de lugar se alquila como espacio para rodajes o para conciertos. También lidian con polémicas como la de la pasada noche de Halloween cuando una marca de tequila había alquilado el uso del espacio para celebrar una fiesta de difuntos.
El presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón (Armha), Enrique Gómez, se muestra muy crítico con la falta de atención que han recibido las ruinas de Belchite en los años de democracia, con inversiones muy limitadas en su conservación. Afirma que están siendo "una patata caliente" para administraciones de distintos signos políticos debido a su progresivo abandono. "Nunca se ha hecho una auténtica política de memoria y la lectura del espacio ha sido tergiversada y fallida", lamenta.
Belchite formaba parte durante el franquismo de una suerte de red de "ruinas gloriosas" entre las que también se encontraban el Alcázar de Toledo, el Cerro de los Ángeles, el santuario de Santa María de la Cabeza o la Ciudad Universitaria de Madrid. Todas ellas desde la muerte de Franco en 1975 han tenido diferentes grados de intervención y resignificación. El historiador Stéphane Michonneau destaca en su obra Fue ayer que fue el primer intento a gran escala, como lugar de cristalización del relato traumático, "de conservación de ruinas de guerra en Europa occidental". De esta forma se convirtió en el primer ejemplo del turismo bélico.

El riego de desaparición del pueblo viejo de Belchite es inminente. / Miguel Ángel Gracia
"Las ruinas del pueblo no son un museo, aunque se deben consolidar los edificios más significativos, así como resignificarlo como un lugar de memoria y proporcionar una explicación histórica equilibrada", asegura Forcadell. Además precisa que aunque todas las víctimas "son merecedoras de reconocimiento y piedad" eso no debe llevar "a la equiparación de las causas por las que lucharon".
Con todas sus fluctuaciones y significados superpuestos, Belchite ha entrado en la última década en un momento crítico en el que el símbolo puede dejar paso al olvido. La entidad World Monuments Found incorporó a comienzos de año el pueblo viejo en la lista de 25 enclaves históricos de todo el mundo que se encuentran en riesgo de desaparición si no se toman medidas urgentes. Y el margen que ofrecen no es muy extenso: calculan que en 20 años la intemperie podría difuminar íntegramente su característico perfil.
Mientras tanto las administraciones se lanzan entre ellas la patata caliente. En este sentido, el Gobierno de Aragón insiste en que el Gobierno de España, a través del Ministerio de Transportes, se comprometió en noviembre de 2021 a colaborar en la recuperación del pueblo viejo de Belchite con una partida de siete millones de euros para llevar a cabo trabajos entre 2022 y 2026. Sin embargo, aún no ha llegado ni se ha ejecutado nada de esa inversión.
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