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Aragón se queda sin manos para levantar los grandes proyectos: la construcción entra en zona de tensión

Los centros de datos y la gigafactoría necesitarán más de 30.000 trabajadores a partir del próximo año, lo que tensiona un sector ya carente de mano de obra y hace urgente la captación de personal en el extranjero

Obras de construcción de la nueva fábrica de Hitachi en el polígono Plaza de Zaragoza, uno de los grandes proyectos que hay ahora en marcha. | MIGUEL ÁNGEL GRACIA

Obras de construcción de la nueva fábrica de Hitachi en el polígono Plaza de Zaragoza, uno de los grandes proyectos que hay ahora en marcha. | MIGUEL ÁNGEL GRACIA

Zaragoza

El sector aragonés de la construcción ha activado todas las alarmas. La falta de trabajadores que ya viene arrastrando va a ser todavía más acuciante. Las grandes inversiones empresariales empiezan a pasar del papel a la pala, buenas noticias para la actividad económica de la comunidad pero que plantean un reto mayúsculo en materia de empleo. Así ocurre con la ampliación de los centros de datos de Amazon Web Services (AWS), donde las primeras retroexcavadoras trabajan desde hace varios meses. A ello se suma la inminente puesta en marcha de las obras de la gigafactoría de Stellantis y CATL en Figueruelas y el próximo año comenzará la ejecución de otros proyectos mastodónticos, como los data centers de Microsoft y QTS (Blackstone).

La comunidad encara el mayor ciclo inversor de su historia reciente y lo hace con un déficit de mano de obra que sus propios protagonistas describen como un problema estructural, creciente y peligroso si no se actúa a tiempo.

La preocupación ya se nota. En apenas tres meses, las obras de Amazon han empezado a absorber trabajadores de otros tajos como obras de vivienda. Falta personal en prácticamente todos los gremios, desde albañiles y encofradores hasta instaladores o maquinistas. Las empresas hablan incluso de una «canibalización» interna del sector, con compañías que se quitan trabajadores entre sí ante la imposibilidad de encontrar perfiles disponibles. El robo de mano de obra está al alza y esto es solo un anticipo.

Competencia salarial

Ese movimiento ya está generando una presión salarial que inquieta a las constructoras locales y más pequeñas, que se ven en desventaja frente a la capacidad económica de los gigantes que levantan los centros de datos. Si se dispara, advierten, podría comprometer los costes de producción y arrastrar a toda la cadena de suministro.

Ese escenario se entiende mejor a la luz del estudio de impacto socioeconómico de los centros de datos que ha elaborado la Fundación Basilio Paraíso de la Cámara de Comercio de Zaragoza. El informe calcula que, solo durante la fase de construcción prevista entre 2025 y 2035, Aragón recibirá una inyección de riqueza que podría alcanzar los 10.800 millones de euros. Esa década no será homogénea. El verdadero terremoto se concentrará entre 2026 y 2029, cuando la actividad vinculada a estas infraestructuras movilizará de forma sostenida más de 21.000 empleos directos cada año. El documento anticipa incluso un pico por encima de los 32.000 trabajadores en 2028, una cifra que por sí sola explica la tensión que ya se percibe en el sector del ladrillo.

A este panorama se suma la gigafactoría, que elevará todavía más la presión sobre la disponibilidad de mano de obra. La fase de construcción, prevista entre 2026 y 2030, movilizará más de 6.000 empleos anuales en actividades que abarcan la construcción, la metalurgia, la fabricación de maquinaria y los servicios técnicos especializados. Una parte relevante de ese contingente se cubrirá con personal procedente de China, con unos 2.000 trabajadores desplazados. La llegada de estos equipos aliviará una parte del déficit, pero también confirma que Aragón sería incapaz de absorber en solitario las necesidades que exige un proyecto de esta escala.

Datos inflados

Las magnitudes son tan descomunales que requieren cierta lectura crítica. La construcción en Aragón cuenta hoy con algo más de 41.000 trabajadores activos, de modo que hablar de picos equivalentes a casi toda la plantilla actual suena a un escenario difícilmente asumible. Esas abultadas cifras no hablan de empleos reales, con nombre y apellido, sino que son el resultado de fórmulas que proyectan el impacto de la inversión sobre la actividad productiva. La metodología multiplica cada euro invertido por coeficientes que estiman cuánta mano de obra haría falta para construir, instalar o suministrar bienes y servicios. Dicho de otra manera, el cálculo expresa la intensidad de trabajo que requiere la oleada de proyectos, no un aumento inmediato y literal de miles de personas en las obras.

Aun así, incluso descontando ese suflé de las métricas, el problema de fondo no cambia. Las necesidades de empleo van a ser extraordinariamente altas y Aragón no dispone, a día de hoy, de suficientes profesionales.

Maquinaria y hormigón

«Localizar mano de obra es complicado, pero retenerla lo es todavía más», reconoce un directivo del sector. «Si todo se resuelve a base de subir sueldos, acabamos en una espiral que no es sana. Cuando estas grandes obras terminen, mantener esas estructuras salariales puede convertirse en un problema serio», sostiene.

El temor no se limita a las plantillas. También alcanza a la maquinaria, los medios auxiliares y la capacidad de producción de hormigón. La demanda que generarán los centros de datos, la gigafactoría y las nuevas plantas logísticas e industriales obliga a preguntarse si Aragón tiene suficientes plantas, camiones, maquinaria pesada y suministro estable para responder al volumen de obras que se avecina.

Algunas cementeras y grandes grupos, como Cemex o La Unión, están estudiando instalar nuevas plantas de hormigón, aseguran fuentes acreditadas del sector, aunque advierten de que estas inversiones requieren entre año y medio y dos años y deben estar muy justificadas para evitar riesgos.

Baja movilidad en España

Sobre el terreno, las constructoras dan por hecho que Aragón tendrá que atraer trabajadores de otras comunidades y, sobre todo, del exterior. La movilidad laboral en España es baja y el sector asume que no bastará con publicar ofertas. Habrá que ofrecer condiciones de vida atractivas, facilitar vivienda temporal, intensificar la formación y coordinar desde la Administración la llegada de nuevos perfiles. Las empresas insisten en que no se trata solo de mejorar salarios, sino de generar un entorno que haga viable la llegada de profesionales durante los próximos cinco o diez años, el tiempo que durará esta oleada de proyectos.

En paralelo, el sector mira con atención a la industrialización. El Clúster Industrial de la Construcción de Aragón (CICA), creado este año, trabaja en procesos más eficientes que permitan reducir horas de obra, fabricar componentes en taller y aumentar la productividad. La esperanza es que los grandes proyectos sirvan como palanca para modernizar un sector que, pese a su transformación, sigue teniendo dificultades para atraer jóvenes. La mirada está puesta en las ayudas del Perte de construcción industrializada, aunque los propios actores del sector asumen que, si llegan, no lo harán a corto plazo y que la solución, en cualquier caso, tendrá que construirse desde dentro.

La Fundación Laboral de la Construcción es hoy uno de los termómetros más fiables de este escenario. Su gerente en Aragón, Ignacio Pamplona, confirma que el sector encara varios años de alta demanda y que la formación es ya un elemento crítico. Los centros de Villanueva de Gállego y Huesca tienen prácticamente completas las 150 plazas de los cinco grados de Formación Profesional que imparten, a las que se suman en torno a 300 alumnos al año en certificados profesionales financiados por el Inaem o por programas estatales. «Quien quiere trabajar entra sin problema», afirma Pamplona, que reconoce que la oferta educativa crece, pero no al ritmo que exige la demanda. Convencer a los jóvenes no es sencillo. La construcción compite con sectores más digitales y con empleos que no obligan a pasar por obra, aunque insiste en que el oficio ha cambiado y ofrece oportunidades reales de empleo estable y bien remunerado.

Para Pamplona, la clave está en garantizar continuidad. Las grandes obras generan picos de empleo, pero la estabilidad la aportan las pequeñas y medianas empresas aragonesas, que son las que sostienen las contrataciones de mayor calidad. Estas pymes alimentan la cadena de subcontratación de los grandes proyectos y necesitan trabajadores formados durante todo el año, no solo cuando estallan los picos de actividad. Esa continuidad, explica, es lo que permite fidelizar al trabajador y evitar que la mano de obra desaparezca entre proyecto y proyecto.

La inversión está llegando y lo hará en oleadas cada vez más intensas. La duda es si la comunidad será capaz de organizarse a tiempo para contar con la mano de obra, los medios, la maquinaria y la capacidad industrial necesarias.

El sector pide coordinación, planificación y medidas ágiles, porque el margen se estrecha. «El volumen de trabajo está ahí y va a venir. La cuestión es si Aragón estará preparada para atenderlo», resume uno de los protagonistas. El desafío esta vez no es conseguir obra, sino lograr que haya quien pueda levantarla.

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