La carta de un padre fusilado en la guerra civil que desvela por qué lo mataron: "Llegué a dudar de su honestidad"
El ingeniero jubilado Pablo Marco ha recibido a sus 95 años dos documentos que explican el cargo desempeñado por su padre antes del estallido de la guerra civil cuando fue fusilado por pertenecer a la UGT. «Mi madre jamás mencionó una sola palabra sobre lo ocurrido, el miedo la paralizó», asegura

El ingeniero Pablo Marco con los documentos de su padre que ha recuperado a los 95 años. / Miguel Ángel Gracia / MIGUEL ANGEL GRACIA

A punto de cumplir 95 años el zaragozano Pablo Marco ha recibido «un regalo inesperado e importantísimo». Se le llenan los ojos de lágrimas el sostenerlo en las manos. Tiene entre sus manos dos documentos que arrojan luz sobre el asesinato de su padre el 14 de septiembre de 1936, un hecho sobre el que siempre ha reinado el silencio en su familia. «Mi madre jamás mencionó una sola palabra sobre lo ocurrido, el miedo la paralizó», explica. Y señala que cuarenta años después de aquel momento, cuando volvía a su casa en Calamocha ella misma le decía si le escuchaba hablar sobre el tema con sus hermanos: «Callad, las paredes escuchan».
Marco tenía cinco años cuando raptaron a su padre durante una cena. Fue ajusticiado por los falangistas «sin piedad» junto a otros once vecinos del pueblo. El motivo era su trabajo como concejal en el ayuntamiento y como miembro de la UGT. «Mi padre sabía que lo podían detener, pero se negó a escapar alegando que no le podían imputar nada malo», explica su hijo.
Con el paso de los años, Marco se ha dedicado a recuperar testimonios de memoria histórica y las vidas de las personas que se amontonaban en las fosas. Sin embargo, fue hace tres meses cuando un familiar cercano encontró en un archivo dos documentos que hacían referencia al pasado político de su padre. «Gracias a estas cartas he descubierto con asombro que realmente era el secretario de la sociedad de trabajadores de la tierra de la comarca del Jiloca, un cargo muy importante para aquellos tiempos verdaderamente difíciles», detalla.

Los documentos recuperados por Marco. / Miguel Ángel Gracia / MIGUEL ANGEL GRACIA
Los documentos que ha logrado obtener son una carta manuscrita que su padre, también llamado Pablo Marco, le mandaba al alcalde «constitucional» de la villa de Calamocha en 1933. En el texto, con una esmerada caligrafía, reclama que el consistorio presente una reclamación ante una empresa azucarera para que desaparezca «el trabajo a destajo» y se establezca un sistema de jornales para que puedan trabajar «todos los braceros que lo necesitan».
El segundo de los documentos que han llegado a las manos de Marco es un folio en el que avisa al ayuntamiento de que la agrupación ha mandado «un oficio declarando la huelga» dirigido al gobernador civil de Zaragoza. Está fechado un 28 de noviembre de 1933.
Marco que toda la vida ha recogido vidas de personas fusiladas y ha tratado de aplicar la ley de memoria histórica ha recuperado con estas cartas una visión desconocida de su propio padre. «Yo siempre había pensado que era un peón cualquiera, pero era un trabajador que defendía a los obreros de la tierra frente a las anomalías salariales», relata. «Yo también he luchado mucho para tratar de sanar todas aquellas injusticias que se produjeron en aquella época», explica.
La propia vida de Marco Sancho también ha estado marcada por el franquismo. Comenzó a trabajar como pastor hasta los 17 años cuando pudo entrar en la universidad de Zaragoza para estudiar ingeniería.
Con motivo de los 50 años de la muerte de Franco explica que aquel 1975 «media España estaba muy alegre» y que la otra media se aferró a la nostalgia. En aquel momento decidió que tenía que recuperar los restos de su padre, arrojados a la fosa común de Singra. Por ese motivo comenzó a mandar cartas a las instituciones, y fue el libro de Julián Casanova publicado en 1992, El pasado oculto, el que le permitió confirmar sus intuiciones sobre los procesos de recuperación de la memoria.
«En mi casa sobre mi padre solo había una fotografía y una carta», recuerda a su 95 años. Por este motivo habla con orgullo del proceso que inició en 2008 para intentar la apertura de la fosa común en la que estaban los huesos de su progenitor. Aunque estuvieron cerca y recuperaron 36 restos de militares. Sin embargo, los huesos de su padre y del resto de concejales ajusticiados siguen a la espera de una exhumación bajo un grupo de 40 nichos que se levantó en 1982 y que la justicia todavía no ha permitido que se retiren.
A pesar del tiempo transcurrido, Pablo Marco aún realiza un relato preciso de la noche en la que se llevaron a su padre. Explica que estaban cenando «tortilla de patata» y que su madre «no dejaba de dar vueltas». En ese momento, según narra, escucharon «golpes en la puerta» y entró en la casa una pareja de la Guardia Civil. «Lo llamaron por su nombre, se lo llevaron sin contemplaciones y sin terminar la cena y en ese momento mi madre nos llevó a mí y a mis dos hermanos a la casa de mis abuelos», dice.
Mirando al pasado, y a la luz de lo que ahora conoce, lamenta las situaciones «deprimentes» por las que ha pasado, llegando a dudar, según cuenta «de la honestidad» de su padre por la presión social del franquismo. «El miedo a las represalias estaba dentro de toda mi familia», afirma.
Por estas razones pide que se realice, 50 años después de la muerte de Franco, una enseñanza sobre lo que supuso aquel tiempo para toda la población. «No es que los jóvenes de hoy no se acuerden del franquismo, lo que pasa es que no tienen suficiente información», asegura.
En su caso personal indica que solo con la muerte del dictador pido «quitarse la venda» que le cegaba. «El franquismo martirizó y asesinó al pueblo», indica. Ahora sostiene, enmarcada, una carta que ha esperado durante 92 años pues fueron escritas cuando él solo tenía dos años. Un inesperado giro de la historia que le permite reconciliarse con su propio pasado.
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