El otro Belchite de Aragón: el pequeño municipio zaragozano abandonado durante la Guerra Civil que nunca fue reconstruido: "Era inviable vivir allí arriba"
No se sabe muy bien en qué preciso momento quedó desierto, pudo ser un día entre 1936 y 1937. Al terminar la contienda, diez familias quisieron volver a sus casas pero encontraron un escenario devastador.

Rodén, el pueblo olvidado
Situado a media hora de Zaragoza, en el término municipal de Fuentes de Ebro, el cerro donde se alza el pueblo viejo de Rodén es una de las escapadas más singulares que pueden hacerse en Aragón sin alejarse demasiado de la capital. Marcado por la historia, la naturaleza y la recuperación de la memoria, este pequeño municipio un viaje fuera del circuito turístico masificado, lo que permite descubrirlo sin ruido, sin masificación y sin artificios. Una colina coronada por ruinas, un pueblo nuevo que nació tras la Guerra Civil y la sensación de estar ante un paisaje que todavía conserva su autenticidad.
A principios del siglo XX, Rodén contaba con más de 200 habitantes que, con la llegada de la Guerra Civil, se vieron obligados a huir de sus casas. No se sabe muy bien en qué preciso momento Rodén quedó desierto, pudo ser un día entre 1936 y 1937. Al terminar la contienda, diez familias quisieron volver a sus casas en Rodén pero encontraron un escenario devastador: casas, edificios y monumentos, con sus tejados, puertas, ventanas y vigas habían sido desvalijados para fortificar las trincheras y parapetos en el frente de Belchite.
"Volvieron, pero no tenían luz eléctrica. Era inviable vivir allí arriba, así que Regiones Devastadas proyectó un pueblo nuevo", explicaba en 2016 a EL PERIÓDICO DE ARAGÓN Alfonso Soro, vecino de Fuentes de Ebro, creador la asociación Torre de Rodén. Y ahí, en las faldas del cabezo, comenzaron a construirlo de cero, piedra a piedra. La Asociación de Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés (Apudepa) destaca del pueblo viejo de Rodén por ser "uno de los principales vestigios que han llegado al presente en un estado de ruina" y que constituye "uno de los lugares más importantes de la memoria relacionados con la contienda".

Rodén / Vasily Kudinov
Para llegar a Rodén desde la capital basta con tomar la A-2 o la N-232 y desviarse hacia Fuentes de Ebro. A escasos kilómetros, el cerro de Rodén aparece en el horizonte con su perfil inconfundible, visible desde la carretera, la torre de la antigua iglesia de San Martín, en la que convergen las tradiciones mudéjar y gótica, aún se alza sobre el conjunto. A medida que uno se aproxima, la estampa se hace más clara: el pueblo viejo trepa por la ladera norte, con sus casas escalonadas, sus muros desgastados y sus callejas ya desiertas.
Subir a lo alto del cerro requiere un paseo breve pero algo irregular, propio de un conjunto en ruina. Las piedras sueltas, algunos desniveles y la pendiente natural hacen recomendable llevar calzado cómodo, pero la recompensa llega pronto: el mirador natural que formaba el corazón del pueblo ofrece una panorámica amplia del valle del río Ginel, una franja agrícola que desemboca en el Ebro. El paisaje, marcado por tierras de cultivo, acequias y caminos rurales, muestra la cara más tranquila de la comarca Campo de Belchite y recuerda al visitante que Aragón no solo se reconoce en sus grandes montañas, sino también en las extensiones abiertas de su depresión central.

Rodén / Wikimedia
Un pasado con historia
Según estudios históricos, podría haber existido un asentamiento romano, Rudius, que más tarde daría paso al núcleo medieval. Durante el periodo musulmán, el cerro estuvo ocupado y su dominio fue pasando, con los siglos, a manos de distintos propietarios hasta que en 1414 quedó vinculado a la mitra de Zaragoza. En épocas más recientes, Rodén perteneció al Señorío del Arzobispo de Zaragoza, al que también pertenecían otras catorce localidades como: Albalate, Almochuel, Ariño, Andorra, Cutanda, Torre del Compte, Valderrobres, Beceite, Fuentespalda, Puertomingalvo, Castelvispal, Linares, Miravete y Jorcas.
Ese largo recorrido histórico forma parte del interés patrimonial del lugar, que fue declarado Bien de Interés Cultural en 2017 bajo la categoría de Sitio Histórico. Esta protección garantiza la conservación del conjunto de Rodén y lo sitúa entre los lugares más destacados de Aragón en materia de memoria patrimonial vinculada a la Guerra Civil. A diferencia de otros enclaves musealizados, Rodén conserva un grado de autenticidad que hace que cada rincón parezca intacto desde que fue abandonado. Ese carácter “en bruto” aporta una atmósfera muy particular: no hay paneles explicativos invasivos, no hay vallas que delimiten cada zona y no existen intervenciones que alteren la estética original. La ruina, aquí, no es un mero vestigio arquitectónico; es una herramienta narrativa.

Pueblo viejo de Rodén / Vasily Kudinov
En España, solo hay cinco poblaciones arruinadas en durante la Guerra Civil que no se reconstruyeron en su emplazamiento original: Belchite, Corbera de Ebro (en Tarragona), Montarrón y Gajanejos (Guadalajara), y Rodén. "A nivel paisajístico es el más destacado, ya que al encontrarse en un montículo parece una acrópolis. El caserío está construido en piedra de yeso, tipo alabastro, no son ladrillos como en Belchite. Por eso aparecen reflejos que le dan una luminosidad especial", destacaba en este medio Carlos Bitrián, arquitecto y miembro de Apudepa.
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