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La realidad de una víctima de violencia económica: "Me sentí una mala madre por no enterarme de lo que pasaba en mi casa"

Los recursos de la Casa de la Mujer de Zaragoza han permitido superar el continuo maltrato psicológico y los engaños financieros que ha sufrido esta zaragozana durante casi una veintena de años

La Casa de la Mujer ha servido como apoyo a esta víctima de la violencia económica.

La Casa de la Mujer ha servido como apoyo a esta víctima de la violencia económica. / Laura Trives

David Chic

David Chic

Zaragoza

Las campañas contra la violencia machista suelen mostrar carteles en los que las víctimas aparecen con un ojo morado o con evidentes heridas físicas. Pero esa es solo una parte de las agresiones que puede sufrir una mujer cuando entra en la espiral del maltrato. Es el caso de una zaragozana que durante casi veinte años ha estado sometida al control financiero y al acoso psicológico por parte de su marido. "Creo que no me recuperaré en la vida, ahora estoy mucho mejor, pero me ha machacado mucho: lo pienso y sigo llorando", afirma.

La relación con el maltratador comenzó a una edad muy temprana y se casaron con 18 años. "Tenían la ilusión de formar una familia y luego descubres que el mayor enemigo de tu vida es el que ha estado todo el tiempo a tu lado, mintiéndote", recuerda al señalar que una vez superada esa fase tendrá que aprender a convivir con esa parte de su pasado. "Ha sido una desilusión", explica.

La llamada violencia económica no deja rastros en la piel, pero sus consecuencias se arrastran durante mucho tiempo. Recuerda que los insultos y las vejaciones a su modo de ser comenzaron muy pronto tras la boda. "Las agresiones psicológicas provocan una destrucción lenta, pero constante, la violencia física puede ser grave y puede hacer mucho daño, pero yo vivo con el deterioro de que me llegaron a romper el alma", evoca.

Además, en los últimos años, cuando ya tomó conciencia de la persona con la que vivía, la relación se deterioró hasta límites asfixiantes. "Me amenazó de muerte varias veces", recuerda. Y usó a los hijos para quebrar todavía más su confianza en sí misma. "He pasado muchos meses en los que me daba miedo bajar a comprar, no podía caminar por la calle sin mirar hacia atrás", recuerda. El control que había logrado sobre su existencia estuvo detrás de una sensación permanente de incapacidad para abordar lo que estaba pasando.

"Descubrí que toda mi vida había sido una mentira", explica al narrar el proceso de liberación que ha trabajado con la ayuda de la Casa de la Mujer de Zaragoza. Su marido llevaba una vida laboral errática, con muchos periodos en los que se quedaba en paro. Desde un primer momento ella dejó de tener el control financiero y él se aprovechaba de sus ingresos como trabajadora en la administración pública. "Cuando todo explotó descubrí que era ludópata", indica.

"Debacle económica"

Esa patología estaba detrás "de una debacle económica" a la que todavía tiene que hacer frente. "Me enteré de que había embargado la casa y otros bienes", asegura. Mediante un entramado de cuentas ocultas y falsificación de documentos llegó a tener unos gastos apostando de hasta 600 euros diarios. Una adicción que afectaba a su comportamiento cotidiano, con picos de violencia verbal contra ella o contra sus hijos en las jornadas en las que perdía más dinero.

Una bofetada, una de las pocas agresiones físicas que ha sufrido, cambió la situación. "Descubrí muchas cosas de él y también descubrí que toda mi vida había sido una mentira, pues aceptaba como normales situaciones que eran terribles", narra. Eso la sumió en una profunda depresión, con meses en los que no ha sido capaz de salir de la cama. "Me sentí una mala madre por no enterarme de lo que pasaba en mi casa", evoca.

El camino a la recuperación fue con la ayuda de sus familiares, que la animaron a presentar denuncia y a pedir ayuda especializada. Con ese ánimo se presentó en la Casa de la Mujer y comenzó el trabajo de superación y de recuperar el control de su vida. "Bendito el día en el que acabé aquí, pues pensaba que era imposible salir de lo que me pasaba", explica en uno de los despachos de las instalaciones municipales.

"Llega un momento en el que ves que no estás ante un problema exclusivamente tuyo, que más mujeres han pasado por lo mismo y descubres que puede tener solución", explica. Ahora indica que ha reconducido su vida, retomando las riendas de su dinero. "Tengo ganas de salir, sonrío mucho y me pinto", resume. Además, destaca la necesidad de contar la situación por la que ha pasado para ejercer de ejemplo. "Quiero que si alguna mujer está en mi situación descubra que las cosas no funcionan como ella cree", manifiesta. Destaca que existe un camino, ayuda y un camino por recorrer a pesar de las profundas cicatrices interiores.

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