La historia de Silberio Sáez, el sexólogo que educó a toda una generación de jóvenes aragoneses en los 90: “Existía un auténtico vacío"
El psicólogo, todavía en activo, introdujo la educación sexual en las aulas de Aragón y muchos de sus alumnos de entonces todavía lo recuerdan

El sexólogo Silberio Sáez que revolucionó la educación sexual en Aragón en la década de los 90. / Laura Trives / EPA

Quienes estudiaron en un instituto zaragozano en la década de los 90 quizá recuerden a Silberio Sáez, el piscólogo y sexólogo que formó a toda una generación de jóvenes aragoneses a través de charlas y talleres en numerosos centros educativos de la provincia. Eran años marcados por el aumento de embarazos adolescentes y el miedo a la propagación del VIH, lo que evidenciaba la necesidad de incorporar la educación sexual al aula. “Había una demanda desatendida”, recuerda Sáez, convencido de que la educación sexual es la base del equilibrio y la madurez de las personas. “Existía un auténtico vacío. Los adolescentes de entonces estaban a los pies de los caballos”, afirma.
Este joven navarro, de unos 25 años por aquel entonces, había estudiado Psicología en la Universidad del País Vasco y un máster en Sexología. Llegó a Zaragoza por amor y, consciente de la necesidad que existía, se colgó la mochila a la espalda y empezó a llamar puerta a puerta a los centros educativos ofreciendo sus servicios. “A los 26 años ya estaba recorriendo institutos. Mi objetivo era convencer a jefaturas y direcciones de la importancia de un programa de educación afectivo-sexual. De aquella aventura a puerta fría conseguí trabajar en Aragón, en el instituto de Borja y en un colegio de Huesca”, recuerda.
La acogida fue muy buena. “Hoy no se cuestiona, pero entonces era una heroicidad por parte de los centros y de las familias. Lo más fácil era no hacerlo, porque generaba polémica”, señala. Aun así, lo que comenzó como una experiencia puntual fue creciendo, hasta convertirse en un referente para miles de adolescentes que todavía hoy lo recuerdan. Él mismo es consciente de la huella que dejó: “Alguna vez me han parado por la calle o, cuando voy a conciertos o colegios, me encuentro con padres y profesores a los que di clase. El cariño con el que me saludan me genera mucho bienestar”.

Silberio Sáez, en la sede de Amaltea, el gabinete de sexología que fundó junto a Santiago Frago en 1995. / Laura Trives / EPA
Una juventud que por fin hablaba de sexualidad
De aquellos jóvenes, Sáez recuerda sobre todo las ganas de verbalizar sus dudas y la visión de la sexualidad que predominaba entonces, centrada casi exclusivamente en el coito y la reproducción. No obstante, cree que el impacto emocional de las charlas fue lo que marcó realmente a esa generación: “Le dimos carta de ciudadanía a su sexualidad, les hicimos entender que lo que pensaban y sentían en su intimidad era absolutamente normal, y que hablarlo podía ayudarles a ser más felices”.
Sáez llegó a recorrer más de 35 centros, públicos y concertados, e impartió talleres a unos 3.500 alumnos cada curso en todo Aragón. En algunos municipios continúa haciéndolo hoy en día a través de Amaltea, el gabinete de sexología que fundó en 1995 junto a Santiago Frago y que hoy es un referente en Aragón, con una decena de profesionales en cartera.
Las charlas dirigidas a alumnado de ESO, se realizaban tanto en horario lectivo como en actividades extraescolares de manera voluntaria. En pleno auge de la campaña “Póntelo, pónselo”, en algunos institutos se repartían preservativos durante los recreos. “Había muchísimo miedo al VIH”, recuerda Sáez. En aquella década, la enfermedad causó millones de muertes en todo el mundo, alcanzando su pico en 1995. La epidemia había comenzado en los años 80.
Treinta años después, el sida ha dejado de ser una enfermedad mortal gracias a los avances en los tratamientos. También ha cambiado la manera de hablar de sexo en las familias, que “venían de unos antecedentes de oscurantismo, de una carga moral de pecado hacia la sexualidad que ellos no habían elegido”. No obstante, según Silberio, algunas cosas permanecen igual, como entender la sexualidad desde un punto afectivo y de sentido común: “Los mensajes válidos en los 90 siguen siendo válidos ahora. Otra cosa es que hoy debemos ser más competentes y empezar antes”.
"La educación sexual debe empezar antes"
Para el experto, la educación sexual no puede esperar a la adolescencia. “Hay que empezar antes, y trabajarla de forma plena a partir de 5º de Primaria”, defiende. Y es que los retos actuales no son más complejos que los de los 90, pero sí muy distintos, ya que "las familias deben enfrentarse a una sexualidad profundamente condicionada por el mundo digital, las redes sociales y la pornografía".
Sobre esta última, Sáez señala que el consumo es cada vez mayor y más precoz, pero todavía no se sabe qué impacto tendrá a largo plazo: "No sabemos hasta qué punto puede condicionar la práctica sexual futura, generar modelos perversos que tratan a la mujer como un objeto o frivolizan la violencia, o crear falsas expectativas y frustración”.

El acceso al porno de los adolescentes es uno de los temas que más preocupan hoy en día a las familias. / David Castro
A sus 60 años, Silberio Sáez está actualmente más centrado en la investigación que en el aula. A lo largo de su carrera ha abordado temas como la violencia de género en la adolescencia, los celos, la dependencia emocional, la pornografía y, más recientemente, los nuevos modelos de masculinidad, un asunto “muy en boga y que genera fricciones”.
Consejos para los jóvenes de los 90 convertidos ahora en padres
También ofrece consejos a quienes fueron sus alumnos en los 90 y hoy rondan los 40, y se preguntan cómo hablar de sexualidad con sus hijos: “Lo más importante es hablar del tema con naturalidad, pero no hace falta exponer la propia intimidad. Los hijos deben saber qué opinamos sobre sexualidad. Para mí, hacerlo bien es que, si preguntas a un niño qué opinan su padre o su madre sobre un tema sexual, sepa responder”.
También, para las parejas con hijos pequeños que han perdido intimidad, Sáez recomienda reservar tiempo para estar a solas: “Tienen que tener tiempo de novios, y eso hay que planificarlo. Si se deja a la espontaneidad, se va posponiendo y al final se genera una distancia emocional y afectiva que dificulta la vida en pareja y provoca crisis”.
Aunque se resiste a hablar de mito o leyenda, Silberio admite que le resulta muy gratificante que la gente le reconozca y lo recuerde. “Me voy muy contento a mi casa, no tanto por la vanidad o por el ego, sino por la sensación de que hemos hecho algo útil, de haber invertido el tiempo en algo que vale la pena”, concluye.
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