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El aeropuerto de Zaragoza recibirá más de 33,6 millones en una inversión histórica que cerrará 18 meses su pista de aterrizaje en 2026

Aena ha sacado a concurso público un contrato que incluye su reforma integral y la instalación de un nuevo sistema de frenado de aeronaves que también colocará en Gran Canaria, todo en un único lote de más de 47 millones de euros

Todos los detalles de la mayor inversión de Aena en la historia del aeropuerto de Zaragoza

El Periódico de Aragón

David López

David López

Zaragoza

Llegó la hora del aeropuerto de Zaragoza. Aena, empresa estatal que gestiona las instalaciones aeroportuarias de la terminal de Garrapinillos acaba de sacar a concurso las obras para llevar a cabo una inversión que se podría considerar histórica. No solo por el montante económico que va a desembolsar en los próximos dos años, de más de 33,6 millones de euros, sino por las prestaciones que va a ofrecer el proyecto a ejecutar, que no es otro que la remodelación integral de la pista de aterrizaje que utilizan todos los vuelos comerciales de pasajeros, los de carga y algunos de los militares.

Se trata de una reforma integral que servirá para renovar el pavimento de la pista 12R/30L, la más larga del aeropuerto zaragozano y la tercera con más longitud de España, con 3.718 metros –solo superada por la de Madrid-Barajas y la de Ciudad Real, esta última no incluida en la red estatal de Aena– y 45 de anchura. Un objetivo ya previsto que llega tras dos años de espera, al que ahora también se le suma la instalación de un nuevo sistema de frenado en pista.

Ambos trabajos supondrán esta inversión millonaria que ahora se licita en un contrato único de más de 47 millones en el que también se incluye un proyecto a acometer en el aeropuerto de Gran Canaria. Allí se dedicará a ese nuevo sistema de frenado, que en el caso de Zaragoza consistirá, básicamente, en instalar un cable retráctil que se ocultará bajo el pavimento, eliminando la barrera actual que está fija en superficie y deteriorada por el paso sobre ella de los más de 200 vuelos mensuales que aterrizan o despegan de Zaragoza. El nuevo cable estará oculto y el controlador aéreo de la torre de control podrá levantarlo o bajarlo en solo «1,5 segundos», en caso de que haya alguna maniobra fallida, y que está especialmente pensado para los cazas militares.

Para todos estos proyectos a ejecutar, el plazo para hacerlo será el mismo, de 18 meses como máximo, dentro de un concurso público que ofrece pocas semanas para presentar ofertas, ya que en enero está previsto abrir los sobres y evaluar las pujas para buscar adjudicatario. Si todo sigue el ritmo previsto, las obras podrían comenzar a lo largo del primer semestre de 2026, de manera que a finales de 2027 deberían estar finalizadas y poder estrenarse.

Este aspecto del concurso público no es cuestión menor, ya que según se reconoce en los pliegos, los trabajos a desarrollar en la pista de aterrizaje «obligarán a cerrarla al tráfico» aéreo. Suerte que Zaragoza cuenta con otra pista de más de 3 kilómetros instalada en paralelo aunque esta linda con la Base Aérea, no con la terminal de pasajeros y de mercancías. Y esta afección tendrán que sortearla los vuelos de pasajeros y mercancías, unos 25 diarios de media en Zaragoza entre carga y viajeros, que se traducen en unos 200 al mes de forma regular. Todos ellos tendrán que adaptarse a las obras, y en el pliego se remarca que no debe haber retrasos en la culminación, por las consecuencias económicas que tendría para esta operativa en Zaragoza.

La inversión más alta de su historia

El objeto de este contrato en la pista aragonesa es acometer «la ampliación de los márgenes» actuales, «ensanchándolos hasta los 15 metros que requieren las aeronaves tipo F de cuatro motores». Porque la mejora va encaminada sobre todo a aumentar la capacidad portante para atraer más cargueros puros, con más posibilidades de transportar más toneladas a bordo, y que puedan hacerlo sin ningún tipo de restricciones.

Se realizará un recrecido, en las cabeceras de la pista «se prevé la reconstrucción completa de las losas de hormigón» y, debido al «estado de deterioro que presenta la zona de over run en la cabecera 30L de la pista, se prevé además la reposición de la capa de rodadura de dicha zona». También se cambiará el sistema de balizamiento, el cableado y se repondrá toda la señalización horizontal de pista.

Respecto al sistema de frenado nuevo, el nuevo cable retráctil se situará a 670 metros del final de cabecera y, como consecuencia de dicha instalación, «se deberá proceder a la sustitución del transformador» ubicado en un punto de la pista en el que ahora se le considera «un obstáculo en franja de pista» que urge eliminar, es decir, trasladar a otro punto más alejado.

Esta inversión será la más alta de los últimos años en el aeropuerto de Zaragoza, que ya había recibido desembolsos millonarios pero no de esta envergadura en un único contrato. Basta recordar que la última gran inversión fue la construcción de la actual terminal de pasajeros, que rozó los 23 millones de euros, estrenada en 2008 para la Expo, y posteriormente han sido destacables los más de 7 millones dedicados a la implantación del ILS II/III que permite a las aeronaves aterrizar en condiciones de nula visibilidad.

Entre 2018 y 2020 fueron 16 millones invertidos para ampliar la plataforma de estacionamiento de aviones, pavimentar calles de rodaje o la construcción de la quinta terminal de carga. Y entre 2020 y 2025, solo 7 millones, entre ellos para la sexta terminal de carga, que gestionará Sesé, que elevó la inversión prevista de 11 a 18 millones para crear una de las mayores del país.

Y para el futuro, el Ministerio de Transportes y Aena había previsto un plan de inversiones, entre las que solo la construcción de una planta solar fotovoltaica tenía precio, 4,84 millones. En él no figuraba esta mejora que ahora sale a licitación. Quizá porque ya no cabía más esperas para una pista de aterrizaje que fue construida en los años 50 del siglo pasado para absorber vuelos militares y comerciales y que en los últimos años pedía a gritos esta reforma. Por su potencial de mejora, pero también por su acusado deterioro.

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