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“Seremos el muro de contención”: los cazadores aragoneses se movilizan para frenar la peste porcina

El colectivo cinegético se organiza para actuar como barrera frente a una expansión del virus en un territorio con más de 150.000 cerdos salvajes

Un jabalí muerto tras ser abatido por unos cazadores, en una imagen de archivo.

Un jabalí muerto tras ser abatido por unos cazadores, en una imagen de archivo. / CARLOS CASTRO/EUROPA PRESS

Zaragoza

La peste porcina africana (PPA), que ha encendido todas las alarmas del sector ganadero tras el foco localizado en la sierra de Collserola (Barcelona), ha devuelto a los cazadores a un protagonismo que no buscaban, pero que asumen. “Nos han dado visibilidad, aunque es triste que solo se acuerden de nosotros cuando hay un problema”, reconoce Ángel Nuño, presidente de la Federación Aragonesa de Caza, acostumbrado a que su colectivo quede fuera del foco salvo en situaciones límite, como la de ahora. Los cazadores se reivindican como un aliado para evitar que el virus pueda cruzar la frontera autonómica: “Seremos muro de contención”.

Con el refuerzo de la caza, los protocolos de bioseguridad activados en mataderos y granjas de cerdos y un sector porcino en guardia, el territorio se moviliza para reducir la población de jabalí y ganar tiempo frente a una amenaza que nadie quiere ver llegar. “Ya estábamos cazando; ahora toca redoblar esfuerzos”, apunta.

El Gobierno de Aragón ha puesto en marcha un decreto ley urgente que incentiva la caza del jabalí con 30 euros por animal abatido, una medida que persigue reducir la densidad de una especie clave en la transmisión del virus. Pero los cazadores insisten en que el dinero “solo alivia un gasto que ya asumían” y que habrían actuado igual sin incentivos. “Lo hubiéramos hecho aunque no nos diesen la ayuda. Sabemos lo que se juega el sector porcino de Aragón”, recalca Nuño.

El colectivo, añade, ya estaba cazando jabalí de manera habitual y con intensidad, pero ahora siente la responsabilidad añadida de convertirse en una suerte de barrera natural frente a la expansión del virus. La medida pretende reducir la densidad de una especie clave en la transmisión de la enfermedad y facilitar un control más firme en caso de que el virus llegue a tierras aragonesas, algo que se confía que no ocurra con todas las medidas que se han puesto en marcha.

Aunque el decreto ya está aprobado, el operativo definitivo todavía se está afinando. El Gobierno autonómico ultima la publicación de la orden de bases de las ayudas, donde se concretará cómo deben gestionarse los animales abatidos, qué circuito seguirá la carne y cómo se certificará la trazabilidad necesaria para garantizar el pago de las primas, que están en vigor desde este jueves.

Desde el Ejecutivo autonómico precisan que el objetivo es reforzar e incrementar la caza de jabalís en lugar de hacer batidas, ya que estas mueven mucho los animales y lo que interesa es todo lo contrario.

Una cabaña de más de 150.000 jabalís

La mayoría de los jabalís en Aragón se destinan al autoconsumo, pero en muchas zonas existe ya una estructura profesionalizada que permite su comercialización. Empresas como Pirenaica de Carnes actúan como enlace entre las cuadrillas y la industria, y son ellas las que asumirán el peso de la recogida, certificación y gestión final de las piezas. También recibirán una compensación específica por esta labor (25 euros por animal), ya que el mercado de la carne de caza -ya de por sí limitado- se ha hundido a raíz del miedo generalizado que acompaña a la PPA, pese a que todos los análisis en Aragón siguen siendo negativos.

La magnitud del esfuerzo que espera a los cazadores es notable. En un año normal, en Aragón se abaten entre 40.000 y 50.000 jabalís, lo que permite estimar una población que supera con creces los 150.000 ejemplares. Solo los fines de semana pueden caer en torno a 2.000 animales, una cifra que podría aumentar con los incentivos aprobados por la DGA y una vez que las sociedades de caza ajusten sus calendarios.

Actuar "sin precipitación"

Para Nuño, lo importante ahora es avanzar "con prudencia y orden". Recuerda que, al no existir ningún positivo en Aragón, hay margen para actuar "sin precipitación" y para reforzar las medidas de bioseguridad que la federación está preparando para las cuadrillas. La desinfección de material, el control de los perros o el manejo de las piezas formarán parte de un procedimiento que, según señala, debe asumirse con naturalidad ante un escenario potencialmente delicado.

Nuño insiste en que esta reacción no es alarmista, sino preventiva. Todos los análisis realizados a jabalíes fuera de la zona cero catalana han sido negativos, pero la experiencia de otros países, especialmente en el Báltico, muestra que la PPA puede llegar a arrasar por completo la población silvestre de suidos. Reducir densidades es, por tanto, una forma de construir un "muro de contención" que facilitaría el control si la enfermedad llegase a entrar en Aragón.

Los cazadores ya han comenzado a notar la presión de este nuevo contexto. Las batidas continúan con normalidad, aunque muchos grupos han decidido reforzarlas y ampliarlas. Las sociedades de caza, autónomas en su organización, están revisando sus planes y ajustándolos al nuevo escenario. La actividad se intensificará de manera gradual y será especialmente visible en las comarcas próximas a Cataluña.

Los gastos de una jornada de caza

La ayuda económica no cambia la naturaleza de la actividad. Una jornada de caza mayor puede suponer entre 50 y 60 euros de gasto, como mínimo, para cualquier aficionado, cifra que aumenta fácilmente si intervienen perros, desplazamientos largos o logística adicional. El incentivo alivia, pero no condiciona. En palabras del propio Nuño, es “como si te invitan a una cerveza: no cambia la decisión de salir al monte, pero siempre se agradece".

En su caso, este fin de semana le toca representar a Aragón en varios campeonatos nacionales de caza con perros a Burgos y Madrid, pero el lunes volverá al monte para participar en una batida en Alhama de Aragón, en la comarca de Calatayud. Lo hará, asegura, con el mismo espíritu que anima a miles de cazadores que han incorporado a su afición una responsabilidad inesperada.

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