Crónica de una batida en Aragón ante la peste porcina: “Nos piden intensificarlas, pero cada vez ponen más trabas"
EL PERIÓDICO acompaña a una cuadrilla oscense de cazadores tras la aprobación del decreto de la DGA para controlar el número de jabalís y frenar la propagación del virus

Desarrollo de una batida de la cuadrilla de 'Los Civiles' en la Finca Almalech, en Salillas, Huesca / JAIME GALINDO
Los relojes marcaban las 8.30 horas en la Finca Armalech, a pocos kilómetros de Salillas, un pueblo a 21 kilómetros de la capital oscense, cuando los cazadores de la cuadrilla ‘Los Civiles’ llegaban para preparar otra batida más en esta caótica semana para el sector porcino. 32 miembros posibles de 47 en total terminaban de coger fuerzas a escasos metros del campo donde hoy iban a seguir buscando jabalís. Uno de ellos asegura que el jueves abatieron a ocho. EL PERIÓDICO DE ARAGÓN se ha desplazado a una de las batidas organizadas en la Huesca más profunda, para vivir en primera persona su organización desde dentro en un primer fin de semana lleno de incertidumbre tras la llegada de un nuevo decreto ley que ha actualizado las normas de la caza mayor debido a la peste porcina africana.
José Luis Calvo, o más conocido entre ellos como «Roda», es quien lleva las cuentas de cada una de las batidas de la temporada. Esta comenzó el tercer domingo de septiembre, todavía sin haber vivido todo este boom de la PPA, y a día de hoy cuentan más de 150 ejemplares cazados -entre corzos y jabalís, que ocupan la mayoría- durante las últimas semanas. Roda acumula experiencia en el monte desde los 13 años. Actualmente, a sus 58, se encarga de toda la burocracia y el papeleo que implica la caza mayor en pleno 2025, un factor «clave».
Pero él no tiene toda la potestad, su compañero Juanjo es «quien corta el bacalao» y da las directrices más importantes, aunque hay colaboración de todos.«Unos organizan, otros hacemos los papeles, otros ponen los carteles -el no hacerlo supone 300 euros de multa- y muchos reparten labores durante la batida o colocan a sus compañeros... somos un grupo majo», explica a este diario.
La peste porcina no deja de ser noticia. Cada día este virus provoca más restricciones, sobre todo en la comunidad vecina de Aragón, Cataluña, en la que ahora mismo hay un total de 91 municipios que tienen expresamente prohibido entrar a bosques. La autonomía aragonesa a día de hoy no contempla ningún caso dentro de sus fronteras, pero su reaparición ha llegado a cada rincón y los cotos están al tanto de ello.
Ya pasadas las 9.30 horas, asignadas las tareas y con el equipaje y los perros de caza armados, estos 32 hombres suben a sus vehículos y se esparcen por una porción de estas casi 5.000 hectáreas de finca. Según la mayoría de los presentes «era el día ideal», tanto por el viento, la temperatura, que aún fresca, resultaba «soportable si vas bien abrigado». Con escopeta en mano, tocaba hacer un ejercicio de paciencia para que las decenas de perros que correteaban por esos campos de maíz cumplieran con su trabajo e hicieran salir a sus presas.
El premio apenas tardó en asomarse entre la vegetación apenas 15 minutos después de haber tomado cada uno su puesto, cuando un corzo saltó apenas a unos 20 metros de Roda y, lastimosamente para él, fallaba sus tres primeros disparos de la mañana dejando escapar a esta especie de ciervo, pero de menos tamaño. Se lamentaba al aire, sin dejar de informar constantemente al resto de sus compañeros más cercanos a su posición, para ver si ellos tenían más suerte. No fue el caso.
La peste no cambia nada
Tras esos escopetazos al aire, la tranquilidad volvía a la finca y Calvo daba ciertas pinceladas de cómo la peste porcina está afectando a su día a día.«Esta noticia no sienta bien a nadie, pero qué le vas a hacer, hay que llevarlo medianamente como se puede», subraya el aragonés, que aprovecha para hablar de la realidad paralela en la que vive la gente pidiéndoles ahora que intensifiquen las batidas para frenar el avance de este virus. «Pueden pedir lo que quieran, pero nosotros no hemos dejado de hacer esto nunca y vamos a seguir igual que siempre. Eso sí, cada día nos ponen más trabas y ofrecen cero ayudas, todo lo que usamos para cazar sale de nuestro bolsillo», apunta Roda, que lamenta el trato que recibe la profesión hoy en día «está mal vista» por la mayoría.
Nada más se le recuerda el incentivo de 30 euros que las autoridades ofrecen por cada jabalí abatido, el hombre salta: «Eso es una miseria, sólo con el cuidado de los perros se te va. Se tendrían que plantear otras cosas, es insuficiente», dice, alegando que una visita al veterinario de Sariñena en caso de llevar algún perro herido pueden ir desde los 400 hasta los más de 1.000 euros. «El ir hasta ahí, el transporte y los medicamentos de después ya se te lleva todo. Es un mantenimiento muy caro», además de la alimentación específica para estos animales.
Tras este análisis detallado de los pluses que acarrea el ser cazador -sin incluir pagos de licencia, permisos u otros- el hombre moviliza a varios de sus compañeros para peinar unos campos a sus espaldas y más tarde, sobre las 12.00 horas, conducir otros pocos kilómetros al tener la sospecha de que una manada de jabalís merodean por esa zona. En alturas escalonadas, los cazadores de Los Civiles esperan en silencio y atentos a los ruidos de la naturaleza oscense a que alguno de estos porcinos «asome el hocico» y tengan el primer premio del día.
Y así fue, cuando tras cinco disparos en varias fracciones de segundo, varios cazadores situados en zonas muy cercanas los unos con los otros confirmaban la baja de un jabalí de gran tamaño, que aproximadamente pesaría entre 90 y 100 kilos. Este fue el único ejemplar de la mañana, pero con el mismo modus operandi, la tarde sonrió a 'Los Civiles' con otros dos jabalíes y un corzo, un balance por debajo de la media que «lastimosamente no se puede controlar». «Esto depende mucho de la suerte. Según el día son 16, 12, 8 o 4», explica Roda, cuya jornada de caza ha terminado sobre las 17.00 horas. Mañana les tocará otra vez, aunque vista la situación, no descartan «el ir a cazar cada vez que se pueda», pese a que muchos de ellos están acostumbrados a ir nada más que cuatro.
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