El observatorio de un pequeño pueblo de Teruel en el ‘Triángulo del Hielo’ cumple 40 años: “Lo que más me impactó fue la tormenta catastrófica de agosto de 1996”
El divulgador Vicente Aupí instaló una estación meteorológica en Torremocha del Jiloca, donde ha sido testigo de hitos meteorológicos y astronómicos excepcionales que compartirá en unas jornadas este fin de semana en Daroca

El divulgador y periodista Vicente Aupí en la estación meteorológica de Torremocha del Jiloca (Teruel) / Vicente Aupí (cedida)
Fue a finales de 1985 cuando un veinteañero aficionado a la meteorología y amante de la astronomía comenzó a recopilar registros meteorológicos diarios desde su propia estación ubicada en Torremocha del Jiloca (Teruel). Hoy, 40 años después, convertido en un reconocido divulgador y periodista científico, el valenciano Vicente Aupí puede presumir de que su observatorio ha sido testigo de infinidad de momentos únicos. Desde olas de frío de récord o tormentas devastadoras hasta el paso de cometas excepcionales.
“Un hito relativamente reciente fue la borrasca Filomena en enero de 2021. Además de registrar las nevadas más espesas que he conocido en la zona del Jiloca, la ola de frío que le sucedió sirvió para datar 26’5 grados bajo cero, que fue la temperatura más baja que hubo en España durante ese episodio”, recuerda Aupí.
Y es que los motivos que le llevaron a establecer su estación aquí y no en otro sitio tiene su miga. Dejando de lado sus raíces familiares con esta pequeña localidad que entonces tenía menos de 250 habitantes, todo comenzó con un libro.
“Con 18 o 20 años me compré Climatología de España y Portugal, de Inocencio Font Tullot, y ahí leí que en la zona de Calamocha y Molina de Aragón se habían registrado las temperaturas más bajas de entre las zonas pobladas del país. Sabía que hacía frío en invierno, pero no que era tan singular, así que me documenté y monté la estación meteorológica”, explica. Tiempo después acabaría acuñando la expresión del Triángulo del hielo para describir la realidad que envuelve al área entre esos dos municipios y Teruel capital.
Entre un clima con “rasgos extremos” y cometas “de enorme belleza”
“Uno de los fenómenos meteorológicos que más me impactó fue la tormenta catastrófica de agosto de 1996, el mismo día que ocurrió la riada en el camping de Biescas (Huesca). Aquel día Torremocha y buena parte del Jiloca se inundó. Cayeron más de 100 litros por metro cuadrado en menos de una hora. Se dieron unas condiciones excepcionales”, recuerda Aupí como uno de los hitos que han quedado grabados en su memoria. Por suerte, y a diferencia de lo ocurrido en la fatídica efeméride del Pirineo, no hubo víctimas mortales.
En Torremocha y en algunas zonas de Aragón el clima tiene un comportamiento muy duro
Por diferentes razones también ocupa un lugar difícilmente olvidable un año 2021que estuvo marcado por los extremos térmicos. “Hubo un contraste extraordinario de temperaturas. Curiosamente batimos el récord de frío con esos -26’5º en enero y en agosto llegamos a 41’2 grados, que fue la temperatura más alta que hemos tenido en el observatorio de Torremocha en estos 40 años; hablamos de una amplitud térmica entre ambos récords de 67’7 grados”, subraya el divulgador, poniendo el acento en que la zona posee un clima continental “con rasgos extremos en algunas ocasiones” donde, al igual que en otras zonas de Aragón, “muestra un comportamiento muy duro”.
Son solo dos ejemplos del puñado de anécdotas de estas últimas cuatro décadas que el divulgador compartirá con expertos de meteorología en unas charlas, con entrada libre y gratuita, que se celebrarán su quinta edición en Daroca del 12 al 14 de diciembre bajo el título de Jornadas sobre Clima y Polos del Frío.
Allí también tendrá un hueco en la conversación la astronomía con el paso de cometas “inesperados” y de “enorme belleza” como el Hyakutake en 1996 o el Hale-Bopp -el Gran Cometa- en 1997. Sobre este último, Aupí recuerda una anécdota: “Fue tan brillante que recuerdo llamadas y cartas de la gente. Un camionero lo vio al final de la autovía y paró para poder observarlo porque no daba crédito a lo que estaban viendo sus ojos”.
Una temperatura “claramente anómala”
La virtud de poseer una estación meteorológica propia, es que le ofrece a uno en testigo directo y de excepción de cambios que, en realidad son mucho más grandes, como son los efectos del cambio climático. “El observatorio muestra, con sus altibajos, una tendencia al aumento de las temperaturas en las últimas décadas que comparten lo que está ocurriendo a escala global. Los dos años más cálidos de los últimos 40 en Torremocha, por ejemplo, han sido 2022 y 2024”, explica.
Un efecto que, dice Aupí, se puede ver claramente en las temperaturas diurnas de los meses de invierno. “Han subido claramente. Antes, lo normal en cualquier pueblo de la zona del Jiloca era que las máximas fueran de entre 6 y 8 grados, quizás 10; ahora lo habitual es que, aunque por la noche haya helado, por el día haya 12 o 14 grados. Ahora, mientras hablamos [por este pasado martes], estamos a casi 16 grados. Es una temperatura claramente anómala”, explica.
A la gente le va costar renunciar a muchas cosas. Habrá algún episodio que nos vincule al problema y eso a lo mejor ayuda a que cale en la opinión pública
Pese a todo, Aupí todavía cree que hay un mensaje para la esperanza, pese a que en sus palabras se desliza que será por la vía más cruda, la de los hechos: "Desde el punto de vista científico, los datos están ahí y son incontestables. Hay que buscar soluciones que nos permitan mantener un equilibrio entre evitar que el ascenso de las temperaturas continúe o se dispare más de lo que ya lo ha hecho y podamos mantener cierto nivel de confort en la vida diaria, porque a la gente le va costar muchísimo renunciar a muchas cosas. Ese debate habrá que labrarlo y cultivarlo para que la gente lo entienda".
E incide: "Se podrá retrasar, se podrá distraer lo que uno quiera, pero al final las cosas se ponen en su sitio y habrá algún episodio que nos vincule al problema y eso a lo mejor ayuda a que cale en la opinión pública".
En lo que sí se muestra contrario es en descargar el grueso de la responsabilidad sobre el ciudadano de a pie porque "tiene problemas más importantes en su día a día" en lugar de "quien más contamina" como es el caso de las grandes empresas. "Pongamos las cosas en su justa medida", reclama el científico, que sí ve un margen claro en la labor de concienciación.
"Si la gente entendiera que el aire que respira en la ciudad que habita puede ser más saludable, se esforzaría en hacerlo. El problema es que muchas veces no se expresa lo suficientemente bien desde el punto de vista de la divulgación científica o no se hace de forma constructiva , sino que parece que se está riñendo a la gente y llega un momento en que te irritas porque es incompatible con los sacrificios que uno hace a diario", concluye.
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