Pedradas, obras perdidas y una barrera de autopista rota: así fue el regreso del tesoro de Sijena a Aragón hace ocho años
La tensión dentro del museo de Lérida el lunes11 de diciembre dejó en Villanueva "una jornada muy bonita de emoción, justicia y descanso"

Aglomeración en la entrada del museo de Lérida el 11 de diciembre de 2017 ante el camión que trasladaba las obras. / Ángel de Castro

Mientras los gritos, la tensión y los insultos se multiplicaban en Lérida, a unos 80 kilómetros se celebraba una fiesta contenida en Villanueva de Sijena. Dos escenarios muy diferentes para una jornada históricas en el pasado reciente aragonés que culminaron un 12 de diciembre de 2017 cuando 43 piezas artísticas del monasterio de Santa María recuperaron su espacio en una exposición provisional que se habilitó en los antiguos dormitorios del cenobio monegrino.
Volviendo la vista atrás, el entonces director general de Cultura del Gobierno de Aragón, Nacho Escuín, se traslada a la feria del libro de Monzón de 2017, celebrada durante el puente de la Constitución. Un destacamento de la consejería de Cultura se encontraba participando el 7 de diciembre en los actos oficiales cuando se recibió la confirmación de que el juzgado de instrucción número 1 de Huesca había puesto una fecha para resolver de una vez por todas la devolución de los llamados bienes de Sijena. Sería solo cuatro días después y era necesario ultimar un dispositivo de traslado para el que era fundamental la concurrencia de la Guardia Civil, autorizada a utilizar "incluso la fuerza" si fuera necesario.
El museo Pablo Serrano fue la base de operaciones de los técnicos de cultura del Gobierno de Aragón en las horas previas. En la coordinación del equipo estaba la jefa de servicios de Museos, Laura Asín, y un equipo formado por seis técnicos del departamento y por dos expertos en restauración y conservación. En las últimas horas se definió el modelo de traslado que se necesitaba, también en coordinación con la empresa de transportes Feltrero, especializada en mover obras artísticas "de alto nivel" elegida para evitar daños en las piezas.

Descarga de las piezas en el monasterio de Sijena. / Ángel de Castro
"Fueron días muy duros pero muy bonitos", recuerda la entonces consejera de Cultura del Gobierno de Aragón, Mayte Pérez. Incide en que la aplicación del artículo 155, que había dejado sin competencias a la Generalitat de Cataluña, no tuvo nada que ver en la puesta en marcha de la recuperación de las piezas, puesto que el origen del conflicto se remontaba a una veintena de años atrás con reiteradas negativas por parte de las autoridades de la comunidad vecina a cumplir con las resoluciones judiciales.
La Guardia Civil convocó al equipo que se haría cargo de las piezas el domingo diez de diciembre a las siete de la tarde. En ese momento comenzó un periodo de enclaustramiento para trabajar las posibles complicaciones que podrían derivarse de la operación. "Desde que se supo la fecha el ambiente en Lérida estaba muy caldeado y la sensación era de nervios porque ninguno de nosotros, que éramos del mundo de la cultura, habíamos participado en un operativo de este tipo", considera Escuín. Un par de horas después, el camión de la mudanza, la furgoneta y los coches oficiales se desplazaron al cuartel de Fraga, al que llegaron sobre las once de la noche. El equipo, contando a los agentes que ejercían como escoltas, estaba formado por una veintena de personas.
El día elegido para la entrada en Lérida a recuperar los bienes fue un lunes por ser la jornada habitual en el que los museos permanecen cerrados. El objetivo del responsable judicial era evitar la presencia de público en las salas durante la intervención de los responsables aragoneses.
En la madrugada del día elegido los aragoneses se desplazaron a la capital del Segrià, a la que llegaron sobre las cuatro de la mañana. Aunque todavía no había manifestantes, en la entrada del museo diocesano surgieron las primeras complicaciones. Los responsables de la institución no querían permitir la entrada de Escuín y solo se aceptó su presencia cuando descubrieron que el director general de Cultura catalán estaba en el interior. "O él sale o nosotros entramos", dijeron. El responsable de prensa aragonés no pudo superar el veto y esperó a la intemperie.
Una vez dentro el ambiente fue abiertamente hostil. Los trabajadores del museo recibieron a la delegación aragonesa mientras tomaban café y se burlaban de su actividad. Además, no habían avanzado en la localización de las piezas a devolver por lo que fueron los técnicos aragoneses los que tuvieron que recorrer los almacenes en su búsqueda con las someras indicaciones de un empleado después de que la Guardia Civil recordara que estaban obligados por imperativo legal. "Recibimos insultos, algunos denunciables, aquello no tenía ni pies ni cabeza, pero quisimos mantener el proceso en lo puramente técnico", señala el que fuera responsable de Cultura. El trabajo de construcción de las cajas se realizó in situ durante más de ocho horas hasta cerca de la una del mediodía.
La operación aragonesa sirvió para embalar 43 piezas (una de las que se tenía que devolver, una Inmaculada del siglo XVIII, todavía no ha sido localizada) de las 97 obras artísticas reclamadas judicialmente que salieron del monasterio entre los años 1982 y 1994 al ser vendidas por las monjas de la orden Sanjuanistas que entonces ocupaba el recinto.
Aunque no está claro que la Generalitat hiciera efectivo el pago del importe de las partidas, el juzgado altoaragonés declaró ilegal la compraventa al señalar que todas ellas formaban parte de un conjunto protegido en su condición de Monumento Nacional desde 1923 y que no se puede disgregar. "Lo ideal hubiera sido llegar a un acuerdo de devolución, pero lamentablemente la vía política que exploramos acabó fracasando" , detalla la exconsejera Mayte Pérez.
Los obras recuperadas, que ahora se pueden ver en las salas habilitadas en el monasterio, incluían piezas de valor excepcional, como las tres cajas sepulcrales realizadas en madera policromada de la segunda mitad del siglo XV o los cuatro alabrastros de Grabriel Joly del retablo de Santa Ana, las únicas piezas expuestas en el diocesano.
Agresiones en la plaza
La parte más dura llegó una vez firmada el acta oficial de la salida de las piezas por parte de la Guardia Civil. A las 14.23 horas abandonaron con el camión a la plaza del museo diocesano que estaba "llenísima de gente". La hostilidad se multiplicó. Los manifestantes tiraron piedras y los agentes tuvieron que proteger con escudos a la comitiva aragonesa. Las personas que habían estado en el interior se sorprendieron por la magnitud de la manifestación ese lunes por la mañana, con una agresión a un equipo de Aragón TV incluida.
La comitiva emprendió un regreso a Aragón con urgencia, hasta el punto de que como recuerda Escuín, en la entrada de la autopista en Lérida se bajó la barrera del peaje tras el paso de uno de los coches policiales y ante la insistencia de los agentes que iban por detrás se la llevaron por delante. El objetivo era llegar cuanto antes a proceder a la descarga en Villanueva de Sijena.

Celebración en Villanueva de Sijena. / Ángel de Castro
"Un sentimiento de alegría y de incredulidad". Así recuerda el portavoz de Sijena ¡Sí!, Juan Yzuel, el momento en el que llegaron las obras a las 15.32 horas con helicóptero de la Guardia Civil incluido sobrevolando el cielo. Decenas de personas estaban concentradas ante las puertas del cenobio monegrino, entre ellas el alcalde Idelfonso Salillas, el abogado Jorge Español, y otros representantes políticos y sociales. "Fue un momento muy emocionante, una mañana muy bonita de emoción, justicia y descanso", evoca Pérez. Esa jornada en el interior del cenobio ya descansaban las 51 obras de arte que salieron el año anterior del Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), vinculadas al mismo litigio, y que fueron entregadas de forma voluntaria, a pesar de los retrasos. En aquel momento se extraviaron otras dos obras.
En aquellos días los argumentos que se barajaban en Cataluña para rechazar el traslado de las piezas se parecían mucho a los que se esgrimen contra la devolución de las pinturas murales. Aunque eso sí: el clima de enfrentamiento institucional por la aplicación del 155 en medio del proceso independentista complicaba gran parte de los análisis, pues se esgrimía que había sido el detonante de la operación. Algo que insisten en negar los implicados. "Vivimos aquel momento con incredulidad y la sensación de que por fin se había hecho justicia", evoca Yzuel.
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