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Stellantis Figueruelas pisa el freno: la producción caerá en 40.000 coches en 2026 en plena reconversión industrial

La factoría de Zaragoza reducirá un tercio su actividad en dos años por las obras de transformación de sus instalaciones, lo que se interpreta como un paso atrás para avanzar con más fuerza en el futuro

Un trabajador en la planta de Stellantis Figueruelas, a principios de este 2025. | LAURA TRIVES

Un trabajador en la planta de Stellantis Figueruelas, a principios de este 2025. | LAURA TRIVES

Zaragoza

La planta de Stellantis en Figueruelas se frena para acelerar la marcha en el futuro. La fábrica pasa por un ciclo de ajuste productivo y reconfiguración interna en pleno proceso de transición industrial hacia la electrificación. Aunque su horizonte a medio y largo plazo es alentador, con grandes inversiones en marcha, en el presente atraviesa un periodo valle que se prolongará en 2026 con una nueva caída de la producción por segundo año consecutivo, lo que hará que se sitúe en uno de sus niveles más bajos de carga de trabajo desde que se abrió este centro hace 43 años.

Las previsiones internas de la empresa apuntan a que en 2026 el volumen de fabricación de Figueruelas caerá en torno a 40.000 vehículos, hasta unas 260.000 unidades, lo que supondrá un descenso cercano al 15% respecto a 2025, según los datos facilitados a los sindicatos. Este ajuste se sumaría al fuerte retroceso ya previsto para este año, que se espera cerrar rozando los 300.000 automóviles. Esto se traduce en una caída de la actividad de alrededor del 20% en comparación con 2024, cuando la factoría ensambló 372.481 coches.

El ajuste previsto contrasta con el comportamiento de 2024, un ejercicio en el que Figueruelas logró resistir mejor que el conjunto del sector. La planta cerró el año con 372.000 vehículos fabricados, unos 7.000 más que en 2023, lo que supuso un crecimiento del 2% y el mejor registro de los últimos cuatro años.

El nivel más bajo en 43 años

Si se cumplen los pronósticos de la compañía, la fábrica zaragozana habrá recortado cerca de un tercio -en torno a un 30%- de su producción en apenas dos años, entre 2024 y 2026, tras encadenar dos ejercicios consecutivos de recortes de actividad. La cifra de 260.000 unidades prevista para 2026 sería la segunda cifra más baja de la historia de la planta, solo por detrás de los 245.859 que se ensamblaron en 1982, el primer año de actividad, y muy cercana a los 265.174 de 2012, en plena crisis económica.

A pesar de ello, no hay motivos para la preocupación y este bajón se interpreta como un paréntesis productivo vinculado a una situación coyuntural y a la profunda transformación que afronta la planta para asumir nuevos proyectos de futuro. Las obras de adaptación que se llevan en sus dos líneas de montaje están limitando su capacidad de producción.

Obras en las dos líneas

En concreto, la línea 1 se encuentra parada desde mediados del pasado mes de octubre debido a los trabajos para la instalación de la plataforma STLA Small, la nueva arquitectura creada por el grupo automovilístico para avanzar hacia la movilidad eléctrica. Esta reforma ha obligado a concentrar en la línea 2 el monteja de Opel Corsa, el Peugeot 208 y el Lancia Ypsilon, los tres modelos que la planta tiene asignados actualmente.

A partir de la próxima primavera se llevará a cabo la misma operativa pero en sentido inverso. A finales de febrero o principios de marzo se iniciarán las obras para adaptar la línea 2 a los estándares y requerimientos técnicos de la marca china Leapmotor, cuyo modelo B10 se prevé empezar a producir en el cuarto trimestre de 2026. Este proyecto obligará nuevamente a concentrar la actividad en una sola cadena, la 1. La planta no recuperará la normalidad hasta después de verano.

En ese contexto, el ajuste se interpreta internamente como un paso atrás para avanzar con más fuerza en el futuro, es decir, menos coches a corto plazo para ganar competitividad y carga de trabajo más adelante.

En cualquier caso, el descenso productivo se produce en un contexto especialmente complejo para la automoción europea, con una demanda débil y una elevada incertidumbre regulatoria.

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