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Cristian Ruiz, el profesor de Zaragoza que opta al Nobel de la Educación: "Es una ilusión que se valide el proyecto de tecnología humanista que hay en el colegio"

El docente del colegio Juan de Lanuza de la capital aragonesa es uno de los 50 finalistas del Global Teacher Prize, al que este año se ha presentado después de repasar sus quince años de trayectoria laboral en el mundo de la docencia y con el fin de poder divulgar el proyecto de tecnología humanista que desarrollan en el centro

Cristian Ruiz, profesor del colegio Juan de Lanuza que opta al premio Nobel de Educación.

Cristian Ruiz, profesor del colegio Juan de Lanuza que opta al premio Nobel de Educación. / Servicio Especial

Zaragoza

Han sido muchas las emociones que estos últimos días han pasado por la cabeza de Cristian Ruiz, profesor del colegio Juan de Lanuza de Zaragoza. El viernes pasado le anunciaron que era uno de los 50 finalistas del Global Teacher Prize 2026, también conocido como el Premio Nobel de la Educación, y este martes las buenas nuevas se hicieron públicas. El aluvión de felicitaciones le pilló en Irlanda con sus alumnos. "Mi primer viaje internacional fue en 2011, cuando trabajaba en el instituto Santiago Hernández, a Dublín. Estos días he estado en los mismos sitios y me han venido un montón de imágenes a la cabeza, todo el tiempo que ha pasado, las cosas que he hecho por el camino…", reflexionaba momentos antes de coger el autobús con los estudiantes. El grupo se dirigía al aeropuerto para despedirse de un destino que para Cristian ha cobrado un sentido especial.

El profesor cuenta que hace años que sigue el Global Teacher Prize y a sus nominados, a los que admira por su trabajo y sigue por redes sociales como LinkedIn. El pasado octubre, después de estar cerca de un mes recopilando evidencias de sus quince años en el mundo de la docencia, decidió presentar su candidatura. "Este año hemos recibido cuatro premios, y eso con el proyecto de tecnología humanista que tenemos en el centro me llevó a pensar que teníamos algo bonito que presentar y me animé", comparte. Y fue un acierto.

El proyecto de tecnología llegó al colegio Juan de Lanuza hace 13 años de la mano de Cristian. "Empezamos trabajando el pensamiento computacional con programación. Como somos una cooperativa de familias, se lo presentamos primero a ellas, en un momento en el que el uso de las pantallas en las aulas todavía era un poco controvertido", recuerda. Y esta iniciativa tuvo un doble desarrollo.

Primero se implementó la asignatura de Tecnología que reciben los alumnos desde Infantil hasta Bachillerato, y que es la parte que él describe como "formal". "La materia nos da la libertad de incluir aquellos avances que van llegando, como el diseño 3D, la Inteligencia Artificial (IA), etc., para que los alumnos sean competentes digitalmente pero también sean usuarios críticos", desgrana. El docente recuerda que aunque parece algo "fácil y manido", combinar ambos aspectos es fundamental para que el estudiantado pueda explotar "el gran potencial" de la tecnología siendo también consciente de los "riesgos" de un mal uso de la misma. Cristian cita como ejemplo el proyecto IA para pensar mejor, que ha puesto en marcha de forma reciente en los cursos que van desde 4º de Primaria hasta 2º de Bachillerato.

Por eso, esa parte más "formal" se complementa con otra "informal", el Maker Space, que nació hace siete años y al que pueden acudir los alumnos a desarrollar los proyectos tecnológicos que ellos quieran. Es el antiguo laboratorio del Juan de Lanuza y en él "hay impresoras 3D y otros tipos de tecnologías, hay para todos los gustos", detalla Cristian. El espacio ha triunfado y cada vez son más los estudiantes que acuden a él. "Todo esto sería imposible sin mis compañeros, y con ellos hemos conseguido ser cercanos a los estudiantes y a la juventud para llamar su atención", subraya.

El Maker Space también ha permitido al Juan de Lanuza luchar contra la brecha de género, que según indica Cristian es otro de los objetivos del centro. "Vienen un montón de niñas desde 5º de Primaria y se dan cuenta de que, por supuesto, pueden ser muy buenas y tener ese rol de liderazgo que es tan necesario y que queremos desarrollar en los estudiantes desde jóvenes", apunta. Eso sí, subraya que todavía queda "mucho trabajo por hacer" e incide en continuar avanzando en igualdad.

Además, de ese proyecto de tecnología humanista también forman parte las familias, que cada dos viernes se juntan en el colegio junto a los alumnos para aprender sobre esta materia y desarrollar iniciativas que, concreta el profesor, están "muy enfocadas al pensamiento crítico". Cuando las terminan, pasan a formar parte de un grupo avanzado y más padres y madres entran junto a sus hijos en el proyecto.

Por todo esto, estar entre los 50 finalistas del Premio Nobel de la Educación es para Cristian Ruiz motivo de satisfacción. "Me siento orgulloso, emocionado, contento. Es una doble alegría porque ves que se ha valorado tu trayectoria y también ilusiona que se valide ese proyecto de tecnología humanista que tenemos en el colegio", comparte el profesor, y recuerda que sin el equipo que junto a él forma parte del departamento de Tecnología del Juan de Lanuza nada sería posible. Son muchas las emociones que invaden a Cristian, que hace quince años dejó de ejercer como ingeniero para entregarse al ámbito educativo del que ahora podría recibir este galardón de la Varkey Foundation dotado con un millón de dólares.

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