Zaragoza vive su amanecer más especial del año: así se ha visto el solsticio de invierno en la calle Mayor
La densa niebla y la fina lluvia ocultan la tradicional alineación del sol con esta antigua vía romana de la ciudad, un fenómeno astronómico que se produce cada año por estas fechas

En imágenes | La lluvia desluce el esperado fenómeno del solsticio de invierno en Zaragoza / Laura Trives
Zaragoza ha vivido este domingo su despertar más especial del año, aunque esta vez se ha visto empañado por el mal tiempo. El solsticio de invierno ha vuelto a citarse con la calle Mayor de la capital aragonesa, pero el encuentro en esta ocasión se ha quedado sin imagen. La niebla densa, acompañada de una ligera llovizna, ha impedido por completo ver la tradicional alineación del sol al amanecer con el eje histórico de esta vía urbana, uno de los fenómenos astronómicos y urbanos más singulares del calendario local.
En torno a las ocho y media de la mañana, la Policía Local de Zaragoza había cortado al tráfico la calle, como en años anteriores, para facilitar que ciudadanos curiosos y visitantes pudieran presenciar el momento. Sin embargo, las condiciones meteorológicas han reducido notablemente la afluencia y han deslucido un espectáculo que, esta vez, ha quedado oculto tras el gris del cielo.
“No se ha visto nada, ha sido una pena”, comentaban algunos de los zaragozanos que se habían acercado hasta el corazón del Casco Histórico con la esperanza de captar, aunque fuera durante unos minutos, la entrada frontal de la luz solar por la calle Mayor. La escena, lejos de las fotografías luminosas de otros inviernos, ha sido la de un amanecer apagado, con farolas aún encendidas y la visibilidad muy limitada.
Del solsticio al desayuno
Pese a la decepción, el ambiente ha tenido un tono resignado y casi costumbrista. Tras comprobar que la niebla no daba tregua, varios de los asistentes han optado por refugiarse en alguno de los bares de la calle para desayunar y comentar la jugada. “Habrá que volver otro año”, se escuchaba decir entre cafés calientes, mientras la conversación derivaba del fenómeno astronómico al tiempo, siempre imprevisible en diciembre.
El solsticio, sin embargo, se ha producido igualmente. Aunque invisible, la alineación del amanecer con el antiguo decumano romano -heredado de la ciudad de Caesaraugusta- ha vuelto a cumplirse, fiel a una geometría urbana con más de 2.000 años de historia. Un recordatorio del movimiento constante del Sol y de la orientación de la ciudad, aunque la mirada humana no lo haya podido captar en esta ocasión.
Este año, Zaragoza se queda sin postal, pero no sin memoria. El solsticio ha pasado, como siempre, aunque esta vez haya tenido que hacerlo entre nieblas.
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