El nuevo negocio de moda en Aragón: abren más inmobiliarias que bares o salones de uñas
La fiebre de la vivienda dispara los negocios vinculados al ‘ladrillo’, que suman 282 aperturas en el último año y más de 2.000 en la última década, con lo que se convierte en la actividad empresarial que más crece

Una familia ante el escaparate de una inmobiliaria / SERVICIO ESPECIAL
La presión del mercado de la vivienda en Aragón, con una demanda al alza tanto en compra como en alquiler frente a una oferta que no termina de despegar, está dejando una huella cada vez más visible en el paisaje urbano. Las inmobiliarias vuelven a ser el negocio de moda en la comunidad autónoma, donde la apertura de este tipo de establecimientos se multiplican a mayor velocidad que los locales de hostelería, tradicional nicho del emprendimiento, o centros de estética, como barberías o salones de manicura, que son también tendencia actualmente.
Los datos del Directorio Central de Empresas (Dirce), elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE), confirman esta tendencia en la estructura económica. En la comunidad hay 7.101 locales activos pertenecientes a 6.292 empresas que se dedican a actividades inmobiliarias, un sector que en el último año ha sumado 282 aperturas y 258 compañías. Se trata así del negocio que más ha proliferado en 2025.
El fenómeno no es puntual. Si se observa la evolución a largo plazo, el avance del negocio inmobiliario es todavía más elocuente. En la última década han subido la persiana un total de 2.058 oficinas inmobiliarias en Aragón, desde las 5.043 que había en 2015. Estas cifras evidencian el fuerte tirón de la compraventa y el alquiler en un contexto de encarecimiento de precios y escasez de oferta.
De hecho, esta ha pasado a ser la segunda actividad con más locales y empresas, solo por detrás del comercio al por menor, que cuenta con 12.616 establecimientos y 9.015 firmas mercantiles, pero sigue la tendencia contraria: en el último año se han perdido 113 tiendas y hasta 3.073 en diez años.
Ahora mismo hay más inmobiliarias incluso que servicios de comidas y bebidas (7.026 establecimientos y 6.078 empresas), que también crecen pero de forma más moderada. Aunque la hostelería sigue siendo uno de los sectores con mayor presencia física en las calles aragonesas, su expansión se ha ralentizado, muy lejos del dinamismo que exhiben hoy las actividades vinculadas al mercado inmobiliario.
El presidente del Colegio Oficial de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria de Aragón (COAPI), Fernando Baena, vincula este aluvión a la buena marcha del mercado en los últimos años. «Como la venta y el alquiler está siendo fuerte en los últimos años, aparecen más inmobiliarias», señala. Alerta, sin embargo, de que parte de este crecimiento responde a un modelo poco profesionalizado, con la proliferación de cadenas, franquicias y oficinas sin experiencia previa, un patrón que recuerda a la fiebre de aperturas previa al pinchazo de la burbuja del ladrillo que se produjo en 2008. «Luego cerraron casi todas», recuerda.
Pese a las similitudes en la explosión de oficinas, Baena es tajante al diferenciar el momento actual de la vivienda con el vivido antes del estallido de aquella crisis. «No tiene nada que ver», sentencia. En este sentido, recuerda que la promoción de obra nueva es tres o cuatro veces menor, el crédito hipotecario hoy requiere un 20% de recursos propios (frente al 110% que se llegó a financiar) y el estoc de vivienda sin vender es muy inferior. «Es un crecimiento mucho más sano», concluye.
Regulación
Tras este auge, eso sí, Baena identifica un problema de fondo: la falta de regulación. «Para abrir cualquier cosa se requieren una serie de requisitos y para estar en inmobiliaria pues no se requiere nada», denuncia. Esta ausencia de filtros, argumenta, permite que cualquiera «con un teléfono móvil» opere en un mercado de gran sensibilidad social y económica. «Hay mucho piratilla», lamenta. Por ello, desde el COAPI no piden la reserva de actividad para sus colegiados –que sí requieren carrera universitaria–, sino un registro obligatorio de mediadores que garantice unos mínimos.
Más allá de la vivienda, el directorio de empresas del INE dibuja otros focos de crecimiento. El transporte terrestre y por tubería suma 5.511 locales, con 170 aperturas en el último año, un comportamiento estrechamente ligado al auge de la logística. La sanidad privada y los servicios auxiliares también muestran una evolución muy positiva, con 4.283 locales, tras incorporar 140 en el último año. También crecen con fuerza las actividades postales y de correos (136 más, hasta un total de 879), las deportivas (96, hasta 1.176) y servicios personales (73, hasta 4.078).
Los datos del Dirce constatan así una reconfiguración silenciosa del tejido económico, marcada por el peso creciente del ladrillo en una comunidad donde la vivienda se ha convertido no solo en un problema social, sino también en uno de los principales motores de actividad empresarial.
Piden un registro para profesionalizar el sector
El Colegio Oficial de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria de Aragón (COAPI) ha intensificado sus reclamaciones al Gobierno autonómico ante el auge de negocios inmobiliarios sin control ni requisitos. El colectivo defiende la creación de un registro obligatorio de mediadores inmobiliarios, una reivindicación que han trasladado a la nueva ley de vivienda de Aragón, siguiendo el ejemplo de comunidades como Baleares, Valencia o Andalucía. «No pedimos privilegios corporativos, pedimos garantías para la ciudadanía», insiste Fernando Baena, presidente de esta organización profesional. Entre los requisitos mínimos, los API reclaman formación acreditada, domicilio físico, inscripción en un registro público y un seguro de responsabilidad civil, de modo que cualquier persona que compre o alquile una vivienda sepa quién está detrás de la operación y dónde puede reclamar.
El colectivo alerta especialmente del riesgo para compradores de menor capacidad económica. «Quien compra una vivienda de alto valor suele ir acompañado de abogados y técnicos, pero quien adquiere un piso modesto muchas veces está solo y sin asesoramiento», subraya. A su juicio, la vivienda es un asunto «social y económicamente demasiado serio» como para dejarlo en manos de intermediarios sin preparación, en un contexto de precios al alza y escasez de oferta que convierte cualquier error en un problema de gran impacto personal.
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