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El aumento de mujeres que congelan sus óvulos también se nota en Aragón

La edad para tener el primer hijo se retrasa por problemas de conciliación o por decisión personal y el 10% de los bebés nace mediante reproducción asistida

Una madre y un bebé se dan la mano.

Una madre y un bebé se dan la mano. / EL PERIÓDICO

Zaragoza

La maternidad se retrasa y aumentan el uso de tratamientos de reproducción asistida. Son dos de las conclusiones que alcanzan desde la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) tras estudiar los últimos datos que ha recogido el comité de Registro de la entidad de los centros de reproducción asistida y en colaboración con el Ministerio de Sanidad. Una tendencia nacional que la secretaria de la asociación y ginecóloga de IVI Zaragoza, la doctora Elisa Gil, asegura que es extrapolable a Aragón y que tiene múltiples causas, una gran mayoría de ellas concentradas en que ahora las mujeres priorizan su vida profesional y de ocio. Eso sí, remarca que ellas “siguen queriendo tener hijos”.

Los datos de la SEF, del último trimestre de 2023 y de los tres primeros meses de 2024, revelan que ha crecido un 13% el número de mujeres que ha decidido preservar su fertilidad respecto al ejercicio anterior. Según su recopilación, el número de óvulos congelados es de 65.805, lo que consideran una clara evidencia de que hay un deseo de retrasar la maternidad. “Se ha convertido en un recurso fundamental para las mujeres que desean planificar la maternidad de manera más flexible”, indican. A ello se suma que es un tratamiento “seguro, primero, y exitoso, segundo”, indica la doctora Gil. “Es bestial la conservación. El 95% de los óvulos se mantienen con una calidad indemne, la misma que cuando fueron vitrificados”, asegura.

Según indica, la edad “oportuna” para hacer la extracción es entre los 25 y los 30 años, “idealmente por debajo de los 35”, matiza. Es en ese momento cuando, dice, “la fertilidad es máxima”. Luego, influirá la edad a la que la mujer se quede embarazada.

La ginecóloga explica que los motivos para retrasar la maternidad son varios, algunos de ellos involuntarios como “la dificultad en la conciliación, en el acceso a la vivienda, a trabajos dignos…”. “Muchas veces es imposible afrontar la maternidad desde el punto de vista económico”, afirma. A estos se suman las causas “emocionales”, ya que “hay personas que no encuentran pareja”, ejemplifica, y otras que sí son voluntarias. “Ahora las mujeres no tenemos como prioridad a corto plazo el ser madres, sino el desarrollo profesional, el viajar, el conocer”, detalla. Atrás empieza a quedar la visión machista por la que ellas deben dedicarse exclusivamente a la maternidad.

Tendencias

Gil afirma así que “no todas las mujeres quieren tener hijos a los 20, y no es criticable”, pero apunta que biológicamente tiene consecuencias porque, explica, “a partir de los 35 se reduce de forma notable la fertilidad”. La doctora cuenta que la cuestión está en que, aunque haya un deseo de retrasar la maternidad, permanece la intención de tener varios niños. “En esa brecha entre los hijos deseados y los que al final pueden tener es en el que entran los problemas de conciliación y los económicos, entre otros”, comparte.

Los datos recopilados por la SEF también apuntan que un 10% de los niños nacidos entre el último trimestre de 2023 y los tres primeros meses de 2024 lo hicieron gracias a tratamientos de reproducción asistida. Entre los motivos, cita “la esterilidad, que está a la orden del día”. “Es una enfermedad reconocida por la OMS”, recuerda. Esta puede deberse a causas como la obstrucción en las trompas de Falopio o a anomalías seminales.

Pero Gil afirma que “el gran motivo es el retraso de las mujeres para tener el primer hijo”. A ello añade otras causas como “nuevos perfiles que no son pacientes, sino usuarios de las técnicas”, entre las que cita a las parejas homosexuales o las mujeres que deciden ser madres solteras.

La doctora celebra que hayan comenzado a normalizarse los tratamientos de reproducción asistida, aunque asegura que “hay un tabú social respecto a la esterilidad” que sigue presente. “Va asociada a un cierto componente de culpa y de vergüenza que son totalmente erróneas”, denuncia.

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