Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

“Tenemos más hectáreas y menos agricultores”: los fondos de inversión agitan el campo aragonés

UAGA alerta de que la entrada de capital financiero está impulsando grandes plantaciones mecanizadas, sobre todo en regadío, mientras desaparece la explotación familiar

Un campo de almendros aragonés, nicho en el que los fondos de inversión han puesto sus ojos.

Un campo de almendros aragonés, nicho en el que los fondos de inversión han puesto sus ojos. / UAGA

Zaragoza

El campo aragonés cambia de piel a gran velocidad. Mientras el número de agricultores no deja de caer -385 menos en 2025-, las hectáreas cultivadas, especialmente en regadío, crecen impulsadas por grandes explotaciones, cultivos altamente mecanizados y la entrada masiva de fondos de inversión. Es la radiografía que traza Unión de Agricultores y Ganaderos de Aragón (UAGA) a partir del balance agrario de 2025.

“Tenemos más hectáreas y menos agricultores”, detalló Óscar Moret, secretario provincial de UAGA en Huesca y responsable de Fruta, en la rueda de prensa ofrecida este jueves por la organización para presentar el balance agrario de 2025. En los cultivos leñosos, salvo el viñedo, Aragón registra incrementos claros de superficie, sobre todo en regadíos y en producciones como almendro, pistacho o frutales intensivos.

Incluso la fruta, tradicionalmente a la baja, ha ganado terreno por primera vez en años. Pero este crecimiento no viene de la mano del agricultor familiar, sino de grandes explotaciones que concentran cientos o, incluso, miles de hectáreas.

UAGA alerta de un modelo productivo cada vez más orientado a cultivos mecanizados, donde desembarcan capitales ajenos al territorio. “Cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer, aparecen los monstruos”, advirtió Moret parafraseando a Bertolt Brecht,, en referencia a explotaciones de 1.000 o 1.500 hectáreas que sustituyen al agricultor tradicional y tensionan el acceso a la tierra, a los contratos y a los rendimientos.

El fenómeno es especialmente visible en frutos secos. En el caso del almendro, el crecimiento es “espectacular”: solo en la provincia de Huesca la superficie se ha duplicado, pasando de 4.000 a 8.000 hectáreas, con incrementos similares en Zaragoza, sobre todo en regadío. Esta expansión permite acceder a mercados internacionales y mover grandes volúmenes, pero deja al agricultor familiar en una posición débil, dependiente de operadores y fondos que concentran la comercialización.

Algo similar ocurre con el pistacho. Aragón ronda ya las 1.900 hectáreas, de las cuales más de 400 se concentran en un solo municipio, Lanaja. “No es que los agricultores se hayan vuelto locos”, señaló Moret, “es que han llegado fondos de inversión que han acaparado modernizaciones y grandes superficies”. Un modelo que, subraya UAGA, se apoya en infraestructuras de riego financiadas con dinero público y en inversiones a largo plazo -de seis o siete años- que expulsan al pequeño productor.

Incumplimiento de la ley de la cadena alimentaria

En fruta, la campaña fue buena en precios al inicio, especialmente en cereza, melocotón y nectarina, aunque con desplomes posteriores incluso por debajo de costes. UAGA achaca parte del problema a la falta de control de stocks y precios y al incumplimiento de la ley de la cadena alimentaria, lo que aumenta el riesgo de desaparición de las plantaciones familiares que no dominan el mercado.

El vino, en la cuerda floja

El viñedo merece, según Moret, un capítulo aparte. La crisis mundial del consumo de vino, unida a precios de 20 a 60 céntimos por kilo, amenaza la viabilidad de muchas explotaciones familiares en zonas de secano que vertebran el territorio. "Deberíamos actuar en la vendimia verde para reducri el estoc", reclaman desde UAGA. De lo contrario, advierten, “no se agotará el vino, se agotará el viticultor”.

El avance de los fondos de inversión y de la agricultura intensiva coincide, además, con el problema añadido de la falta de vivienda en el medio rural. El problema se agrava en un sector que está en máximos de contratación estacional —hasta 26.000 personas el pasado mes de junio—, lo que genera fuertes picos de demanda. “Diseñamos el campo sin personas”, lamentó Moret. "Si necesitamos trabajadores, tenemos que tener viviendas asequibles en los pueblos", apuntó.

Tracking Pixel Contents