Cuatro meses después de la unificación de las escuelas rurales de Chistau: "Estamos encantados, pero ha sido costoso"
Las aulas de Saravillo, San Juan de Plan y Chistau se unificaron en Plan este septiembre tras unos meses de calma tensa en el valle

La escuela de Plan, este verano. / Miguel Ángel Gracia
Ha sido un proceso "de duelo". Todavía lo es. También de mezcla de emociones, y de muchas horas de trabajo. Después de un verano en el que reinó la calma tensa, este septiembre se produjo la polémica unificación de aulas en el valle de Chistau. Cerraron las escuelas rurales de Saravillo, de San Juan de Plan y de Chistau y sus alumnos pasaron a la de Plan, en la que han cursado el primer trimestre 28 estudiantes. Pero la comunidad educativa continúa dolida y el inicio fue "complejo" para las familias y también para los maestros, quienes a sus espaldas han cargado con el peso de desmontar tres colegios y recomponer uno nuevo.
Es Ana Piedrafita, la jefa de estudios del CRA Cinca Cinqueta, en el que además de las citadas se incluyen también las escuelas de Bielsa y Laspuña, quien pone voz a lo vivido estos meses. "A nivel de logística y de montaje de la escuela ha sido complejo. No hemos tenido excesivo apoyo, por no decir ninguno, y hemos asumido todo el trabajo los maestros", explica. Las familias y los ayuntamientos, que expresa que continúan "apenados" por el cierre de las escuelas de Saravillo, San Juan de Plan y Chistau, optaron por mantenerse al margen. "Ha sido la brigada de Plan y los profesores los que hemos hecho la organización", dice.
Y expresa que ha sido "agotador". Por un lado, han tenido que gestionar el transporte hasta Plan, que como explica Ana está "en medio" de los pueblos. Este curso, un taxi de ocho plazas recoge al alumnado de Saravillo para llevarlo a la escuela y, otro, a los de Chistau y San Juan. Los horarios de uno y otro son distintos por lo que los estudiantes llegan a las aulas con unos minutos de diferencia: los primeros sobre las 9.00 horas, los segundos sobre las 9.30 horas.

La escuela de Plan, este verano. / Miguel Ángel Gracia
Por otro lado, han puesto en marcha el comedor, que es gratuito para todos los alumnos que no residen en Plan. Son 21 de los 25 que van a la escuela. El curso pasado, entre los cuatro centros sumaban 28 estudiantes. Ahora, el CRA lo conforman 71 escolares en total, ya que a los de Plan hay que sumar los de Bielsa y Laspuña.
Ana explica que en plan cuentan con cuatro vías y tres aulas. Una de las clases es para los alumnos de 2 a 5 años, en una evidencia de que no se ha perdido la escolarización anticipada que antes se impartía en Saravillo y que el curso pasado, tras el anuncio de la unificación, era uno de los temores que expresaron tener miembros de la comunidad educativa. En ella estudian 8 niños. A estos se suma los de 1º y 2º de Primaria, que son 6 en total y que también están agrupados. En otra clase están los de 3º y 4º, que son 5 y que comparten espacio con los de 5º y 6º, que son otros 6.
Y por y para ellos han trabajado los maestros desde septiembre. "Hemos dedicado todo el tiempo que teníamos, que a principio de curso es mínimo", apunta Ana, que detalla que han "movido muebles, tirado un montón de basura, llamado a carpinteros, electricistas...".
Según explica, la administración ha acudido al valle en distintas ocasiones, ha dotado al aula de 2 años de muchos recursos materiales y ha aceptado las propuestas de obra planteadas por el CRA. "A nivel administrativo sí han estado presentes", indica.
Pero el esfuerzo no ha sido solo físico. Como jefa de estudios, y apoyada por sus compañeros -son cuatro tutores más profesores itinerantes-, Ana ha echado horas infinitas en un proceso en el que ha vivido «un popurrí de emociones». "Estamos encantados, pero ha sido costoso. Nos hemos sentido un poco desamparados, usando nuestros vehículos particulares para desmontar las escuelas... Nos han dicho de todo vecinos a los que vemos cada día", comparte. Y añade: "Se ha mezclado todo y ha sido feote. Es un proceso de duelo".
Pero la unificación también ha traído cosas positivas para Ana, que cuenta que "los críos ahora están muy contentos y la calidad de la enseñanza es maravillosa". "Han hecho nuevos amigos y nuevas relaciones sociales, y ahora que están agrupados por nivel el avance curricular es mucho más rápido", sostiene. Relata que ve "bien" a sus alumnos, y se alegra por ello.
Todavía quedan hilos sin atar y trabajo por hacer porque este es "un proceso de adaptación", dice. Habla por teléfono mientras en el recreo montan un tobogán para los alumnos. Detalla que este curso también se ha construido un baño para el aula de 2 años, se han pintado y adecentado las paredes, se han quitado las humedades y se han instalado almacenes para el material de Educación Física. En las aulas se acumulan los xilófonos, los tambores y las colchonetas. Pendiente queda arreglar la fachada, poner las persianas y acondicionar el patio.
Y mientras la escuela de Plan se reajusta, en el valle todavía hay voces que guardan silencio. Es un proceso largo y, como indica Ana, "al final son tres escuelas en una". Para lo bueno y para lo malo.
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