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La antigua nave de Airtex en Plaza (Zaragoza): de un polémico cierre al relevo industrial que viene de China

La antigua fábrica zaragozana de componentes de automoción, cerrada tras una deslocalización fallida a Rumanía, acogerá ahora un nuevo proyecto impulsado por capital chino y ligado a la producción de los coches de la marca Leapmotor en Stellantis Figueruelas

Protesta de los trabajadores de Airtex contra la deslocalización y los despidos en la empresa.

Protesta de los trabajadores de Airtex contra la deslocalización y los despidos en la empresa. / Miguel Ángel Gracia

Zaragoza

La nave sigue en el mismo punto del polígono Plaza de Zaragoza, pero su significado ha cambiado. Durante meses fue el símbolo de una deslocalización productiva que sacudió al sector industrial aragonés, la de una empresa rentable de la industria auxiliar del automóvil que cerró su producción en Zaragoza y dejó en la calle a casi un centenar de trabajadores. Ahora, ese mismo espacio se prepara para recuperar actividad con un nuevo proyecto industrial procedente de China y vinculado al desembarco de la marca Leapmotor en la fábrica de Stellantis en Figueruelas.

Las instalaciones que ocupó Airtex, en régimen de alquiler, serán el emplazamiento de una iniciativa impulsada por la empresa CAIP, especializada en componentes plásticos para los interiores de los vehículos. Un relevo que devuelve vida a una nave que quedó vacía tras uno de los episodios más controvertidos que ha vivido la industria aragonesa en los últimos tiempos

Airtex no era una compañía en declive. El origen de la planta se remonta a los años 30 del siglo pasado, cuando inició su actividad como Talleres Larraz, por lo que acumulaba casi un siglo de presencia industrial en Aragón. Especializada en la fabricación de bombas de agua y combustible para automóviles, había logrado consolidar una cartera de clientes internacionales diversificada y sostenida en el tiempo.

En 2019 pasó a manos del grupo estadounidense First Brands Group, una operación que no alteró, al menos en apariencia, el funcionamiento de la planta zaragozana. De hecho, en 2023 la fábrica alcanzó beneficios récord —4,73 millones de euros— y participó activamente en la negociación del convenio del metal de la provincia, ratificado con importantes mejoras salariales.

El anuncio del cierre y la sorpresa general

Nada hacía presagiar entonces el anuncio que llegó en noviembre de ese mismo año. Airtex comunicó su intención de trasladar la producción a Rumanía y presentó un expediente de regulación de empleo (ERE) que afectaba a cerca de un centenar de trabajadores de su planta de Plaza. La decisión se justificó oficialmente por la presión inflacionista, el encarecimiento de costes, el impacto de los conflictos geopolíticos y la transición hacia el vehículo eléctrico.

El anuncio provocó sorpresa en todos los frentes. Los sindicatos rechazaron el expediente, la patronal del metal expresó su estupor y el Gobierno de Aragón cuestionó que una empresa con beneficios crecientes optara por una deslocalización de ese calibre. La plantilla respondió con movilizaciones y una huelga indefinida en plena negociación del expediente.

El conflicto puso sobre la mesa un debate incómodo como es la imposibilidad del territorio retener una industria cuando la decisión se toma a miles de kilómetros y responde más a una estrategia global que a la realidad económica local.

Un acuerdo caro, pero sin producción

Tras semanas de tensión, las partes alcanzaron un acuerdo en diciembre de 2023. El expediente afectó finalmente a 91 trabajadores y fijó indemnizaciones de 53 días por año trabajado, con un máximo de 25 mensualidades, además de una paga lineal de 7.000 euros. El pacto fue valorado como positivo desde el punto de vista económico, pero no logró el objetivo principal de los sindicatos: mantener la producción en Zaragoza.

La fábrica cerró definitivamente el 29 de febrero de 2024. Para muchos empleados, fue el final de una trayectoria profesional ligada durante décadas a la misma empresa, pese a los cambios de nombre y de propiedad.

El Gobierno de Aragón anunció entonces su intención de reclamar más de 800.000 euros en ayudas públicas concedidas a Airtex desde 2019, al considerar que la compañía había incumplido las condiciones vinculadas a esas subvenciones.

La marcha atrás en Rumanía

Un año después, la historia dio un giro inesperado. A comienzos de 2025 trascendió que Airtex abandonaba en Rumanía precisamente la línea de negocio que había trasladado desde Zaragoza. Las líneas de ensamblaje de bombas de agua y combustible en la planta de Ploiesti se detenían apenas doce meses después del cierre en Plaza.

La deslocalización no había dado los resultados esperados. Mientras tanto, la marca Airtex mantiene en Zaragoza una oficina comercial con algo más de una veintena de empleados dedicados a ventas, desarrollo de producto y atención al cliente. La producción no volvió, pero tampoco prosperó en el destino elegido.

Una nave que cambia de papel

Es en ese contexto donde se inscribe el nuevo proyecto que ocupará las antiguas instalaciones de Airtex. Una iniciativa vinculada al nuevo ecosistema industrial que se está construyendo en torno a Stallentis Figueruelas y a la llegada de grandes inversiones asociadas al vehículo eléctrico y al capital asiático. El proyecto que impulsa el grupo asiático CAIP supondrá la inversión de 24 millones de euros y la creación de entre 80 y 90 empleos.

La nave de Plaza se convierte así en un símbolo del cambio de ciclo. Del debate sobre la deslocalización de empresas a la apuesta por nuevos proyectos industriales ligados a la electrificación. Nada garantiza que el futuro esté libre de riesgos. Pero el simple hecho de que la persiana vuelva a subirse en un espacio marcado por un cierre traumático ya dice mucho del momento que atraviesa la industria aragonesa.

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