La falta de vivienda frena el aumento de la población en el Aragón rural: "No tenemos dónde alojar a los trabajadores"
Muchos municipios se están encontrando con este serio contratiempo en un momento en el que las empresas se muestran decididas a apostar por ampliar o instalarse en puntos diversos de la comunidad

Una obrero trabaja en la construcción de una casa / Laura Trives
En muchos municipios de Aragón el problema ya no es encontrar trabajo, sino encontrar casa. Allí donde se están creando empleos y hay actividad económica, el crecimiento se queda a medio camino porque no hay viviendas suficientes para que la gente de desplace y vaya a buscarse la vida. Es una situación que se repite, con distintos matices, en buena parte del territorio aragonés.
Durante años, el gran reto del medio rural fue atraer empresas y generar empleo. En muchos casos, ese objetivo se está cumpliendo, y puede que con creces. La paradoja es que ahora hay pueblos con trabajo estable, o con posibilidades de ofertarlo, que no pueden crecer porque no disponen de vivienda, sobre todo de alquiler. Las empresas están dispuestas a invertir en el Aragón rural. De hecho, lo hacen. El hándicap es que quien llega con un contrato bajo el brazo necesita un techo y, si no lo encuentra, acaba viviendo en otro municipio o directamente renuncia a la oportunidad.
En Sabiñánigo, su alcaldesa, Berta Fernández, reconoce que la vivienda se ha convertido en uno de los principales frenos. El aumento de población no está tensionando servicios como la educación, pero sí está poniendo en evidencia la dificultad de ofrecer pisos en alquiler o compra a precios asumibles.
"Sabiñánigo es una localidad estupenda para desarrollar un proyecto de vida. Hay trabajo estable y de calidad, procedente en su mayor parte de la industria y de los servicios asociados, no es empleo estacional. Es cierto que cada vez es más complejo el tema de la vivienda y poder ofrecer una solución habitacional, ya sea por alquiler o compra. Desde el ayuntamiento estamos intentando establecer algunas líneas para favorecer el acceso a una casa en buenas condiciones, y que sea asequible", expone Fernández.
"Tenemos una cartera de servicios muy amplia: desde escuela infantil municipal, con cinco tramos de pago en función de la renta, hasta UNED, Universidad de la Experiencia, conservatorio o escuela oficial de idiomas", añade.
El caso de Calamocha es aún más claro. Su alcalde, Manuel Rando, señala que la falta de vivienda es el mayor obstáculo para el desarrollo del municipio y de toda la comarca del Jiloca. Hay empresas dispuestas a invertir y crear empleo, pero no pueden hacerlo porque "no tenemos dónde alojar a los trabajadores". Muchos acaban viviendo fuera, pese a trabajar en Calamocha.
Rando lo resume de forma directa: con vivienda suficiente, el municipio superaría sin problemas los 5.000 habitantes: "Resolver esta cuestión permitiría revitalizar todo el Jiloca. Hace 10 o 12 años era una de las comarcas con peores datos de Aragón y hoy una sola empresa ha creado 280 puestos de trabajo, de los que el 60% corresponden a trabajadores que viven fuera de Calamocha: trabajan aquí, pero residen en otros municipios", argumenta.
En el municipio han comprobado que antes había vivienda disponible y ahora ya no. Si se generara vivienda, aunque un municipio de algo más de 4.700 habitantes no tiene capacidad para hacerlo solo, "Calamocha y los pueblos cercanos seguirían creciendo".
En Cuarte, el problema no es tanto la falta de oferta como el precio. La alcaldesa, Elena Lacalle, advierte que los alquileres elevados están empujando a muchos jóvenes a marcharse, a pesar de que empleo no falta. El municipio ha optado por sumarse al Plan Aragón Más Vivienda y ya cuenta con suelo reservado para nuevas promociones.
"El crecimiento y los buenos indicadores económicos han tensionado los precios, lo que dificulta la emancipación. Por eso estamos trabajando en colaboración con el Gobierno de Aragón, para el que ya hemos destinado un terreno", afirma Lacalle, quien tiene en mente "dos retos principales" para seguir mejorando la localidad: "Debemos protegernos frente a las inundaciones como las sufridas en los dos últimos años y mejorar los accesos y la movilidad para evitar atascos diarios de 15 o 20 minutos en las horas punta".
Monzón es otro ejemplo claro donde la población ha crecido con fuerza en los últimos años. La vivienda es ahora el gran reto. El alcalde, Isaac Claver, apunta que el aumento de habitantes obliga a ampliar el parque residencial y a apostar por la rehabilitación, para que el crecimiento económico tenga un reflejo real en la población.
Como ocurre en muchos municipios, la oferta depende en gran medida de la iniciativa privada, lo que obliga a buscar soluciones para que el aumento de población vaya acompañado de suficiente disponibilidad de pisos. "Nosotros fomentamos políticas e incentivos fiscales de rehabilitación o de renovación que también generen más vivienda", apostilla.
Señales de escasez
En Barbastro, el diagnóstico también es el mismo. Su alcalde, Fernando Torres, afirma que la escasez de pisos y el encarecimiento de los alquileres dificultan que nuevas personas se instalen en la ciudad, pese a su papel como centro de servicios y al empuje empresarial. "Falta oferta, los alquileres son elevados y muchas personas que llegan a la ciudad encuentran dificultades para instalarse. Aun así, el balance es positivo: Barbastro sigue avanzando, las empresas continúan creciendo y su atractivo turístico y gastronómico refuerza su papel como ciudad para vivir", expone.
Calatayud mantiene todavía una situación algo más favorable gracias a precios más contenidos, pero su alcalde, José Manuel Aranda, advierte de que ya empiezan a notarse señales de escasez y de que conviene actuar antes de que el problema se agrave.
La bilbilitana se consolida como una ciudad intermedia atractiva por su calidad de vida y por el coste de la vivienda, aunque también empieza a notar cierta escasez: "Vivir aquí supone un gasto sensiblemente menor que hacerlo en una gran ciudad, tanto en vivienda como en otros aspectos del día a día", destaca.
Aragón está perdiendo una oportunidad clara para crecer de forma más equilibrada y aprovechar un momento en el que, por primera vez en años, hay movimiento económico y llegada de población.
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