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La industria no puede sola: "Se han podido frenar hasta 200 nuevos empleos"

Hay localidades aragonesas que han experimentado un aumento significativo de su población, aunque podría haber sido aún mayor en el caso de haber tenido una renovada oferta urbanística

Un trabajador, durante su jornada laboral.

Un trabajador, durante su jornada laboral. / Laura Trives

Zaragoza

La industrialización es el motivo principal que explica por qué algunos pueblos y ciudades medias de Aragón crecen mientras otros siguen perdiendo habitantes. Allí donde se asientan empresas y se diversifica la actividad económica, llegan oportunidades de empleo, y con ellas personas que deciden quedarse y hacer vida en el territorio. Sin embargo, la industria no puede sola. Sin el soporte que da tener acceso a la vivienda es complicado que los municipios consigan crecer.

"En Calamocha hemos conseguido aumentar la población, pero hemos perdido alguna oportunidad de seguir creciendo porque no tenemos casas para todos", explica su alcalde, Manuel Rando, quien reconoce que han podido dejar escapar otras oportunidades de crecimiento: "El problema que estamos teniendo es que hace falta vivienda. Hay alguna otra empresa que estamos mirando que podría generar más empleo, pero tenemos ese hándicap", argumenta. Sin dar nombres, Rando confiesa que se han podido frenar "hasta 200 nuevos empleos".

El efecto de todo esto es evidente. Las empresas crean empleo, pero una parte de los trabajadores se desplaza cada día desde otros municipios o acaba instalándose fuera. Así, el crecimiento económico no se traduce en más población, más servicios ni mayor vida en los pueblos. En los municipios pequeños, además, los ayuntamientos cuentan con pocos recursos para impulsar vivienda y muchos propietarios siguen siendo reacios a alquilar, lo que reduce aún más la oferta.

El Aragón rural está perdiendo una oportunidad clara para crecer de forma más equilibrada y aprovechar un momento en el que, por primera vez en años, hay movimiento económico y llegada de población.

La conclusión es sencilla y compartida por muchos alcaldes: sin vivienda no hay repoblación. Si este problema no se afronta de manera decidida y coordinada, el Aragón rural seguirá viendo cómo se le escapan oportunidades, a pesar de tener empleo, calidad de vida y servicios suficientes para atraer y retener población.

Es evidente que sin la industria, el desastre sería mayor: "Desde 2020, las compañías más grandes del municipio han realizado inversiones significativas y han ampliado plantilla, generando una oferta de empleo estable y de calidad. Se trata, en su mayoría, de puestos vinculados a la industria y a los servicios asociados, con trabajo durante todo el año y convenios sólidos, lo que ha contribuido a una tasa de paro muy baja y a la llegada de nueva población", aporta Berta Fernández, alcaldesa de Sabiñánigo.

Monzón, por ejemplo, es una localidad que ha logrado crecer a pesar de todo gracias a las empresas de la zona. Muchas de las compañías ya implantadas en la ciudad están ampliándose, invirtiendo y creando empleo, lo que ha incrementado la demanda de trabajadores y profesionales. "Este dinamismo económico ha permitido alcanzar cifras históricas de población y situar el paro en el nivel más bajo de las últimas dos décadas. El trabajo municipal se centra tanto en atraer nuevas empresas como en facilitar que las existentes sigan creciendo", apostilla su alcalde, Isaac Claver.

Aumento a pesar de todo

A pesar de la falta de recursos en materia de vivienda, Aragón sigue creciendo. Lo que sucede es que no se multiplica como podría. Con una oferta urbanística mayor, los municipios avanzarían con paso más firme y su futuro sería mucho más esperanzador.

El mayor crecimiento demográfico se da en Monzón, que suma 338 nuevos vecinos, seguido de cerca por Calatayud (318) y Cuarte de Huerva (316), reflejo del tirón demográfico del Alto Aragón y del área metropolitana de Zaragoza. Según datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística, también destacan Alcañiz (260) y Barbastro (241), mientras que Binéfar consolida su progresión con 10.466 empadronados, lo que supone 214 habitantes más que en 2025.

En Barbastro, varias de las principales empresas de la ciudad han ampliado su actividad en los últimos años, lo que ha generado empleo y ha reducido el paro a mínimos de los últimos 20 años. "Este crecimiento económico refuerza el papel de Barbastro como ciudad atractiva para vivir y trabajar", dice su alcalde Fernando Torres.

La creación de empleo es uno de los pilares del crecimiento de Calatayud. Un ejemplo claro es una empresa que en solo cuatro años ha pasado de tres a 140 trabajadores y mantiene previsiones de seguir ampliando plantilla. "Este tipo de proyectos empresariales nos consolida como una ciudad intermedia con capacidad para atraer actividad económica y población, apoyada además en una buena conectividad y una calidad de vida competitiva", termina José Manuel Aranda.

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