El testimonio de una viajera que evitó el accidente volviendo antes a Zaragoza: “En nuestro tren pensábamos qué horror, de la que nos hemos librado”
Estuvo barajando tomar el convoy siniestrado, pero optó por no retrasar su vuelta. Explica que cuando pararon en Madrid nadie era consciente de lo que acababa de pasar en Adamuz y confirma la inestabilidad en las vías

Imagen del tren accidentado en Adamuz. / J.J. Guillen
Pilar estuvo a punto de subir al tren siniestrado en Adamuz (Córdoba). La decisión fue casi insignificante, apenas media hora de diferencia y el cansancio acumulado de un viaje más largo, pero acabó siendo determinante. Todavía emocionada por lo sucedido, esta mujer afincada en Zaragoza desde hace años pasó a bordo de otro tren por la misma vía siniestrada. Ahora, recuerda cómo las vibraciones, de las que todo el mundo habla, han sido la tónica general de algunos de sus viajes.
El viernes anterior al accidente se desplazó a Málaga en un Iryo, aunque en ese trayecto apenas notó movimientos, “menos que otras veces”, precisa. Sin embargo, en viajes anteriores sí que le habían llamado la atención. “Un día regresaba de Málaga en un Alvia y, antes de llegar a Madrid, el tren comenzó a vibrar con intensidad”, recuerda. Tanto, que llegó a llamar a su marido durante el trayecto porque tenía la impresión de que la zona de maletas podía romperse.
No sabría decir si esas vibraciones se produjeron en el mismo tramo donde se registró el accidente, pero sí recuerda claramente que fue antes de llegar a Madrid, en una zona que “vibra mucho”. Tampoco asegura que sea un punto concreto, ya que hay otros recorridos donde el traqueteo es habitual, como en el trayecto hacia Barcelona a la altura de Lérida. No es el único tramo problemático, insiste, pero en aquel viaje hacia Málaga las vibraciones le llamaron especialmente la atención.
Volviendo al día del accidente, Pilar recuerda que la decisión la tomó el viernes anterior. Tenía que regresar a Zaragoza desde Málaga junto a su marido y estuvo dudando entre coger el Iryo que el domingo sufrió el trágico accidente, y que le obligaba a pasar la noche en Madrid, o volver directamente en AVE a Zaragoza.
Optó por este último porque al día siguiente tenía que estar trabajando a las 8.00 horas. “Era más paliza, pero me daba tiempo a llegar directamente el domingo por la noche”, explica.
Pilar viajaba en el AVE que salió de Málaga a las 18.00 horas. Alrededor de las 21.00, al detenerse el tren en Madrid, comenzaron los avisos por megafonía: se suspendían todas las líneas hacia Andalucía. Fue entonces cuando comprendieron la gravedad de lo ocurrido. Su tren había pasado apenas media hora antes por el punto donde más tarde se produciría el accidente. El que ella estuvo a punto de coger fue el que terminó siniestrado.
En ese momento solo se hablaba de un descarrilamiento y de la colisión con otro tren. No había información sobre víctimas. En el vagón, los pasajeros comentaban con incredulidad cómo era posible que no hubiera muertos. “En nuestro tren pensábamos qué horror, de la que nos hemos librado”, recuerda. A medida que fueron conociéndose más detalles, la sensación fue una mezcla de alivio y de conmoción. Se siente afortunada, pero también profundamente conectada con las personas que iban en ese tren. “Me he librado yo, pero toda esa gente… Lo he vivido muy cerca porque casi me pasa a mí”, confiesa.
El tren, aparcado
Las llamadas de familiares desde Madrid no tardaron en llegar. Todos le preguntaban lo mismo: si iba en ese tren. “En esos momentos piensas que no era tu hora”, dice. Aun así, reconoce que se le quedó un mal cuerpo que todavía arrastra. Sigue las noticias con atención y con pena, consciente de que ella salió indemne, pero otros no tuvieron la misma suerte.
Viaja con frecuencia en tren, especialmente en el trayecto Madrid-Zaragoza, aunque ahora duda si volverá a hacerlo a corto plazo. En los últimos viajes había notado vibraciones, sobre todo tras pasar Madrid y en el trayecto hacia Málaga, hasta el punto de llamar a su marido por la sensación de inestabilidad. Aunque dentro del tren uno se siente seguro, reconoce que ahora la confianza se ha quebrado. “Si dicen que la infraestructura está bien, pero limitan la velocidad en algunos tramos, es difícil fiarse”, afirma. Por el momento, tiene claro que, siempre que pueda, optará por el coche.
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