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"Quiero quedarme en el campo si me dejan": Las voces que ponen rostro a la gran tractorada de Zaragoza

Jóvenes, mujeres y agricultores veteranos narran el malestar del sector en una movilización que ha convertido el centro de la ciudad en un clamor por el campo aragonés

Andrea Garza, una joven agricultora de Garrapinillos, al volante de uno de los dos tractores que ha encabezado la marcha agraria por Zaragoza.

Andrea Garza, una joven agricultora de Garrapinillos, al volante de uno de los dos tractores que ha encabezado la marcha agraria por Zaragoza. / Miguel Ängel Gracia

Zaragoza

La gran movilización agraria que este viernes desbordó el centro de Zaragoza no solo se mide por el elevado número de tractores que ha reunido ni por la magnitud del colapso urbano, sino por los rostros y las historias de quienes la protagonizaron. Agricultores y ganaderos jóvenes y veteranos, hombres y mujeres, llegados de todos los rincones de Aragón, convirtieron la tractorada en un altavoz de un malestar compartido. Todos ellos tienen la sensación de que el campo está contra las cuerdas y de que su futuro se decide lejos de quienes “pisan el barro” cada día. 

En la cabecera de la manifestación, subida a uno de los tractores que abrían paso entre el sonido constante de claxons, avanzaba Andrea Garza, agricultora de Garrapinillos, de 23 años, ingeniera agrícola y una de las imágenes más simbólicas de la jornada. “Estamos aquí por la burocracia excesiva, que retrasa nuestra verdadera labor, y por una PAC que cambia constantemente y no responde a las necesidades reales del campo”, explicaba sin bajar del tractor. 

A esas reivindicaciones sumaba el rechazo al acuerdo con Mercosur. “No es que no creamos en el libre comercio, es que no queremos jugar sucio. Pretenden traer productos que no cumplen las exigencias de bienestar animal y seguridad alimentaria que a nosotros nos llevan años imponiendo, y eso compromete nuestras explotaciones y la salud de todos los ciudadanos”, explica.

Andrea representa un perfil poco habitual en el imaginario rural, pero cada vez más presente en las protestas. “Soy joven y mujer. Nací en el campo, entre tomates, brócolis y ovejas. Decidí dedicarme a esto por voluntad propia, me he formado y quiero quedarme en el campo si me dejan”, decía, mientras relataba cómo trabaja junto a sus padres en una explotación familiar de cereal, ovino y hortalizas para consumo humano.

A su alrededor, muchas de las pancartas parecían responderle directamente. «Con 22 años, sin futuro» o «Si somos el futuro, ¿por qué nos lo ponéis tan crudo?», son algunos de los lemas que podían leerse.  

Un apicultor de Foz Calanda: “Mercosur es un problema gravísimo”

Antes del inicio de la marcha, en la avenida de los Pirineos, Daniel Gimeno, apicultor de Foz-Calanda (Bajo Aragón), aparecía ataviado con el mono de trabajo. “Mercosur es un problema gravísimo”, advirtió acompañado de varios compañeros del sector de la miel. “Van a entrar productos a arancel cero producidos en otras condiciones y eso nos va a perjudicar muchísimo. Primero a nosotros, pero dentro de unos años también al consumidor”, denunció. 

Gimeno apelaba a la experiencia reciente de la pandemia. “Con el coronavirus ya vimos lo que pasa cuando no hay soberanía. Imaginemos que no se producen alimentos aquí en Europa y surge un problema serio”, comentó. La apicultura atraviesa años muy duros por la presión de las importaciones y la caída de precios. “Nos cuesta mucho mantener las explotaciones, la rentabilidad es mínima”, lamentó. 

A su lado, un muñeco colgado de una estructura improvisada -que acabaría ardiendo al final de la marcha- servía de metáfora. “Es la representación de lo que nos va a pasar. Si se firma Mercosur, nos van a crucificar, a nosotros y a muchos otros sectores”, dijo.

"Hundidos" por los precios

Este diario también se subió a uno de los cientos de tractores que recorrieron el paseo de la Independencia. Al volante estaba Alberto, agricultor de Pastriz, con tierras de cereal también en la provincia de Huesca. “Es el momento de salir a las carreteras y a las calles para defender nuestros derechos”, explicaba mientras avanzaba a paso lento entre los aplausos de los viandantes. “Estamos hundidos con los precios, con los recortes de la PAC… y ya no es solo Mercosur”.

Aun así, se mostraba orgulloso del ambiente vivido: “Con esta movilización esperamos que nos hagan caso y conseguir algo”. Ese sentimiento de unidad y desahogo colectivo se respiró durante toda la jornada. Entre el ruido de bombos, cencerros y bocinas, las pancartas resumían el mensaje con ironía y crudeza: «Sin el sector agropecuario tu nevera servirá de armario», «Si el campo no hace música, la ciudad no baila» o «Los del campo comeremos, los de ciudad ya veremos». Más allá de cifras y siglas, la tractorada dejó claro que detrás de cada reivindicación hay historias personales, proyectos de vida y un futuro que, desde el campo aragonés, se ve incierto.

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