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¿Y si este PSOE 'muerto' para las elecciones de Aragón está muy vivo?: la contracrónica de Pedro Sánchez y Pilar Alegría en Huesca

Pedro Sánchez reactiva en la capital oscense a las bases socialistas y completa el primer espaldarazo a una Pilar Alegría que sigue pensando en el territorio y mantendrá su campaña de cercanía y espacios pequeños con la ciudadanía

Pedro Sánchez, Pilar Alegría y Fernando Sabés saludan a la militancia del PSOE antes del acto de este domingo en Huesca.

Pedro Sánchez, Pilar Alegría y Fernando Sabés saludan a la militancia del PSOE antes del acto de este domingo en Huesca. / LAURA TRIVES

Sergio H. Valgañón

Sergio H. Valgañón

Zaragoza

Hay un dj en el centro de sala que pincha esa música indie que habitualmente suena en los auriculares de Pilar Alegría y Pedro Sánchez. Hay nervios: la música atruena antes de lo esperado y por la puerta no entra nadie. Hay banderas del PSOE y de Aragón, que tanto cuesta que saquen los partidos nacionales y que hoy han lucido tanto socialistas como conservadores. Hay un silencio. Sube otra vez la música y entran Pedro Sánchez y Pilar Alegría y Fernando Sabés. Y gritan "presidente, presidente" y gritan "presidenta, presidenta". Y hay partido. O eso se siente desde este domingo en las filas socialistas.

Fuera hay una veintena de agricultores de la provincia que piden explicaciones por el acuerdo de Mercosur. Y en la calle también hay decenas de simpatizantes que piden un hueco, una rendija desde la que ver al presidente del Gobierno. Se habilitan las terrazas, incluso, y pasean entre el frío algunos socialistas que se asoman desde las ventanas, pero se cansan por el mal tiempo. Otros esperan hasta el final del acto para estrechar la mano de Sánchez y sentir que la mañana ha merecido la pena.

Porque ya dentro, con los que pudieron sentarse en sus sillas, Fernando Sabés, que no logró cogerle el pulso a la portavocía en las Cortes de Aragón en el último año legislatura, le coge a la primera el tono mitinero a la campaña. Y se enciende y grita que "hay partido" porque "hay Partido Socialista y hay partido el 8F". Y los socialistas de Huesca se encienden con su secretario general: aplausos, vítores a las críticas al Gobierno del conservador Jorge Azcón y arropo máximo a calentar el ambiente para la llegada de los dos pesados.

Y Pilar Alegría que apuesta por "la serenidad", pero que no da ni medio pase a una gestión de Azcón que ya se conoce de memoria. Quiere Alegría "consenso, cercanía y diálogo" en su política. Unas cualidades reconocidas por su círculo en privado, por sus vecinos en La Zaida en ese vídeo de campaña que la enraíza más al territorio casi olvidado durante cuatro años por sus tareas ministeriales y por el propio Sánchez en el discurso. Alegría se ha inventado el 3-2-1 porque antes que los escaños para ser presidenta ya tiene la agenda de presidenta. Tres días para recorrer el territorio, dos para trabajar en el Pignatelli y uno para mirar "al resto de España, Europa y el mundo" a la caza de inversiones y nuevos socios.

Una publicación de El Periódico de Aragón en Instagram.

Y Pedro Sánchez que sube a la tarima y roza Aragón, tangencialmente, incluyéndolo en su discurso de defensa del Gobierno de España y de su candidata. No oculta ni un ápice el evidente sanchismo que ahora reina en las filas del PSOE aragonés que lidera Alegría. Y protege las políticas públicas desde La Moncloa, insiste en que las buenas nuevas en la economía aragonesa también pasan porque él sigue al frente del Ejecutivo central y se atreve a pensar en un futuro Aragón alineado con su Gobierno (y con Ferraz, que en un pasado fue tan discordante). Sánchez reivindica a Marcelino Iglesias y a Javier Lambán y se reencuentra con la historia socialista en la comunidad tanto, tanto, que algunos olvidan el enfrentamiento que hasta hace bien poco había entre federaciones.

Sánchez, que ya solo ve como rival a Donald Trump, ignora las encuestas que dicen que Jorge Azcón volverá a gobernar en Aragón. Rechaza el ascenso de la ultraderecha porque agita el miedo a Vox, pero pasa a la ofensiva contra los líderes nacionales. El olvidado Alberto Núñez Feijóo, del que casi ni habla el PP en su campaña, solo vuelve a la boca del presidente de Gobierno con una sonrisa irónica y una burla. Y Santiago Abascal, presidente de Vox al que Sánchez acusa de "descubrir" Aragón hace unas semanas para hacer la campaña, ya lo tilda de "lacayo" que vive "a los pies" de lo que le manden "desde el otro lado el Atlántico". Sánchez se eleva más a sí mismo y se proyecta ya como rival internacional de Trump, y engarza a las bases socialistas de Huesca convenciéndoles de que votar PSOE es frenar al presidente de los Estados Unidos desde las comarcas altoaragoneses. Ver y oír para creer.

Pero funciona. Y reactiva al votante dormido que este domingo ha madrugado en Huesca para escucharle. "Siempre hay efecto Sánchez, porque Pedro es el mejor activo que tiene el partido", insisten cargos intermedios del partido en la comunidad. "No nos esperábamos tanta gente", dicen otras, mientras miran al círculo encargado de la campaña de Alegría y le piden "sitios más grandes" para los dos mitines en Teruel y Zaragoza. Los allegados a la candidata insisten en que "el diálogo" y los encuentros reducidos, con preguntas a la secretaria general, respuestas de Alegría y anuncios controlados serán la tónica habitual. Pero "la buena sorpresa" del millar de personas en Huesca ha despertado una creencia dentro del PSOE.

Y ya no hay dj. Y tampoco música. Y la gente se va a su casa con la bandera del PSOE y la de Aragón. Y algunos de los que se quedaron fuera pasan dentro y consiguen que los organizadores de la campaña apunten sus nombres: son de Zaragoza, no han podido entrar, pero tendrán silla reservada en el mitin de cierre en la capital aragonesa. Y hay partido. O eso se siente desde este domingo en las filas socialistas.

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