Aragón, en busca de su Ohio para las elecciones del 8F: "La derechización de Zaragoza va a ser superior a la del resto"
La capital aragonesa podría dejar de ser el termómetro electoral de la comunidad y los ojos virarán esta vez hacia Huesca y cabeceras comarcales como Calatayud

Varias personas en un colegio electoral de Zaragoza en las últimas autonómicas, en mayo de 2023. / ÁNGEL DE CASTRO

Tradicionalmente se ha dicho que Aragón es el Ohio de España. Esto es, un termómetro de las dinámicas electorales. O, más sencillo, la imagen que suelen reflejar los resultados de los comicios generales en la comunidad aragonesa suelen ser extrapolables al conjunto del país, como sucede con el estado norteramericano y la carrera a la Casa Blanca. Hace una década, varios autores firmaron un libro, Aragón es nuestro Ohio, en el que se hacía hincapié en el hecho diferencial de la comunidad autónoma. Quien gana en Aragón, gana en España, era una de sus premisas principales, ahora en duda por la fragmentación del voto debido a la aparición y consolidación de partidos minoritarios.
Ahora, en plena campaña hacia unas autonómicas que son históricas por muchos motivos (el principal, que son las primeras que se adelantan y, por tanto, son independientes al resto de territorios del país), la comunidad busca entre sus municipios su Ohio particular. Históricamente, dos de sus capitales de provincia, Zaragoza y Huesca, han funcionado como medidor bastante fiable.
Sin ir más lejos, en mayo de 2023. En la primera, el PP sacó un 36,5% de los votos, el PSOE un 29,05%, Vox un 11,95% y CHA un 5,62%. En la oscense, los populares obtuvieron un 35,04%, los socialistas un 28,33%, la ultraderecha un 11,45% y la izquierda aragonesista un 5,23%. Dos resultados que fueron casi idénticos en el cómputo de Aragón para los cuatro partidos que más confianza obtuvieron de los aragoneses hace dos años y medio: PP (35,51%), PSOE (29,05%), Vox (11,25%) y CHA (5,1%).
Otras veces, en las distintas citas con las urnas desde 1983 hasta la fecha, ciudades medianas como Jaca, Barbastro o Binéfar también funcionaron como medidor a tener en cuenta. Aunque, en esta ocasión, la clave estará en los matices que acompañan tanto a cada municipio como a las propias elecciones autonómicas en sí. Huesca capital y las principales cabeceras comarcales, como Calatayud, serán dos enclaves a observar para hacerse una idea de cuál será la imagen del parlamento autonómico el 9 de febrero. Zaragoza, en cambio, ya no.
Factores y tendencias
Así lo analiza la politóloga Carmen Lumbierres, que observa una “derechización” en la capital aragonesa “muy superior” al resto de la comunidad. Algo que se explica por varios factores. “La alcaldesa, Natalia Chueca, tiene una valoración más alta en las encuestas de satisfacción que Jorge Azcón en el Gobierno de Aragón, y está consiguiendo atraer a mucho votante de los barrios periféricos”, explica Lumbierres, que enfatiza en el inicio de la campaña de Azcón, el pasado viernes en Valdespartera, acompañado de Chueca. En cuanto a Vox, es el “tirón nacional” el que le va a hacer captar más votos de lo habitual en todo el territorio, lo que se reflejará bien en Zaragoza, donde se concentra más de la mitad de la población, así como en su anillo metropolitano.
Con todo, los escaños son más caros en esta provincia que en Teruel o Huesca, por lo que esa derechización no se reflejaría tan intensamente en el resultado final. La batalla está, sin duda, en Teruel. “Es donde menos votos se necesitan y no es casual que varios partidos (hasta cuatro, PSOE, Vox, Teruel Existe y el PAR) empezaran ahí su campaña”, incide la politóloga aragonesa.

Gente votando en un colegio electoral de Zaragoza, en mayo de 2023. / ÁNGEL DE CASTRO
La provincia turolense, y sus municipios, tampoco son buenos candidatos para ser el Ohio del próximo 8F, una tendencia que es histórica por sus propias particularidades. “Creo que va a haber mucho voto protesta, contra los partidos tradicionales, del que se beneficiará sobre todo Vox, aunque también le sirve a Teruel Existe o incluso el PAR, si logra resistir”, añade. Mientras, Huesca es un caso especial.
Tanto la capital como la provincia han sido históricamente “más progresistas”, incide Lumbierres, recordando la división del voto de la izquierda en las municipales que ganó Orduna y dejó a cuatro partidos sin representación. Unas municipales que, eso sí, esta vez no serán paralelas, lo que podría afectar a la movilización, especialmente de la izquierda.
Con todo, la politóloga concluye que lo que pase en estos 15 días de campaña, sobre todo a nivel nacional, puede ser determinante para evitar, o agrandar, esa abstención. “Todo se tapiza en lo nacional, incluido lo internacional”, sentencia, en referencia a que las acciones de Trump en Groenlandia, por ejemplo, no implican necesariamente una movilización masiva, que sí podría activarse “en función de la respuesta del PP y Vox”. Mientras, Aragón seguirá buscando su Ohio.
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