Miguel Ángel Blasco (61 años), afiliado histórico del PAR: "He tardado 12 horas en llegar de Zaragoza a Borja por ir pegando carteles de Hipólito"
Décadas de militancia en el Partido Aragonés dan para muchas historias a un hombre que asumió «la carga» de una concejalía en el consistorio borjano. La zozobra del PAR no le arruga ante una nueva convocatoria electoral, que sí lamenta que se celebre «en clave nacional».

Miguel Ángel Blasco, veterano afiliado del PAR, en el zaragozano barrio de Las Fuentes, esta semana. / LAURA TRIVES

A Miguel Ángel Blasco el PAR le esperaba en casa. Mariano, su padre, fue uno de los fundadores del histórico partido aragonesista que atesora un diputado en la actualidad y aspira a mantenerlo el próximo 8F. «Había conexión familiar, pero también está el sentimiento aragonesista que todos tenemos que tener», resume Miguel Ángel en un bar del barrio zaragozano de Las Fuentes, a metros de la óptica familiar en la que sigue trabajando todos los días.
«Toda la vida he sido muy pro Aragón, pero no me han cuadrado ni derechas ni izquierdas. Yo siempre tiraba por lo nuestro», concreta este zaragozano sobre su postura política. El Campo de Borja ha sido su cuna y su familia, «la típica aragonesa que representa al PAR», afianzada en el mundo rural y con muchos hermanos: «Toda la comarca nos la hemos trillado».
La dilatada experiencia de Miguel Ángel dentro del PAR le llevó a estar durante una legislatura como teniente de alcalde en el Ayuntamiento de Borja. «Yo pienso que todos los políticos tenían que haber sido concejales de sus pueblos», resume el zaragozano, que critica que «un político entre directamente a por un cargo sin haber estado abajo, donde se aprende de verdad a ser un servidor público durante 24 horas». «Eso es para estar», cuenta entre risas, recordando anécdotas sobre incendios en locales e, incluso, algún amigo alcalde que «tuvo que hacer de enterrador» en un municipio cercano a Borja con apenas un puñado de vecinos. «Es una carga, no un cargo», bromea.
Más que activo en todos los entornos sociales en los que se mueve –barrio, coto de caza, comerciantes de la capital aragonesa– Miguel Ángel nunca ha sido afín a la vida orgánica de los partidos: «Al final hueles al que viene orillado, al que quiere entrar para llegar a un puesto en el que vivir de la política». Una vida de militante raso «a escote», como se hace en las campañas electorales de Borja: «Pones para comprar piruletas, bolígrafos, libretas o incluso algo de comida para organizar un vermú cuando vienen algunos candidatos». Un resumen: «En los partidos pequeños, te toca soltarlas».
La anécdota que más recuerda en las campañas de Borja no es precisamente de gasto de dinero, pero sí de mucho tiempo. «Yo he tardado en llegar a Borja desde Zaragoza doce horas por estar pegando carteles de Hipólito», cuenta Miguel Ángel, que recuerda aquella aventura con un viejo coche «lleno todo el maletero de carteles electorales, porque no cabía ni uno más». El cierzo de la comunidad no perdonaba y «se colgaba y no llegabas al coche, ¡zas!, y el cartel por los aires». Complicaciones que le divirtieron, pero que también le hicieron cambiar su forma de involucrarse en las campañas electorales: «Dije en el partido que si querían lucha cuerpo a cuerpo, ir a sitios o el día de las elecciones, lo que quisieran, pero pegar carteles jamás».
Nunca volverán tampoco, según cree Miguel Ángel, los grandes mítines. «La primera vez que pisé una plaza de toros fue para ver a José Ángel Biel», rememora el afiliado aragonesista, que opina que ahora «con todo el movimiento de las redes sociales» la comunicación de los partidos políticos ha cambiado y es «de otra manera» en el día a día y en las campañas.
El día de las votaciones es «lúdico-festivo» para afiliados que asumen tareas de interventores y apoderados. «Conoces a gente de otros partidos, tomas algo con ellos, te echas una mano en los recuentos», explica Miguel Ángel, que rechaza que «la crispación» haya llegado a la vida real: «Nunca he tenido problemas con nadie ni durante las campañas ni durante la jornada electoral».
El enfrentamiento que sí se ve en las redes sociales es para este zaragozano causa de que «las elecciones, aunque sean aragonesas, van a ser en clave nacional». «Un plebiscito contra Pedro Sánchez» que no beneficia a los partidos autonómicos, «a los que puede que arrasen».
Precisamente para su partido las elecciones no han caído en un buen momento. «Nos ha pillado con los barcos en los astilleros», usa Miguel Ángel como metáfora, que considera que «la crisis se ha resuelto bien», pero que el partido no ha tenido el tiempo suficiente para volver a conformar su estructura orgánica en todas las provincias. Sobre ese año y medio en el limbo judicial, este zaragozano sigue «alucinando con la que montaron», para él casi «una novela de ciencia ficción». «Se volvieron todos locos», asevera Miguel Ángel, que cree que ahora quedan «cuatro gatos», pero bien avenidos: «Somos los de siempre».
La falta de fuerza del aragonesismo, algo que también percibe en el ala más progresista que representa CHA, es «un problema gordo» para la ciudadanía aragonesa: «Nos han atacado todo lo que han podido».
Y de todos esos ataques que vio Miguel Ángel, queda de superviviente Alberto Izquierdo. «Es un tío supertrabajador y honrado. Ninguno somos perfectos y tendrá sus defectos, pero a mí me gusta», resume el afiliado aragonesista, que aspira incluso a clonarlo: «Yo se lo he dicho alguna vez, que un par de fotocopias de él en cada provincia y ya tendríamos el tema resuelto».
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