Una tecnológica estadounidense invertirá 1.000 millones en Zaragoza en una industria de chips que creará hasta 300 empleos
La multinacional Diamond Foundry comprará la fallida planta de Becton Dickinson en el polígono Empresarium para poner en marcha una fábrica de obleas de diamante sintético, un componente estratégico para los semiconductores

Zaragoza entra por primera vez a la industria global de los chips con uno de las mayores desarrollos empresariales anunciados en Aragón en los últimos años. La compañía estadounidense Diamond Foundry pondrá en marcha en la capital aragonesa una planta de fabricación avanzada de obleas de diamante sintético, un compomente estratégico de los semiconductores que sirve para desarrollar chips de alto rendimiento. La inversión alcanza los 1.000 millones de euros y prevé generar entre 200 y 300 puestos de trabajo altamente cualificados, según confirman a este diario fuentes conocedoras del proyecto, cuya actividad se prevé poner en marcha este mismo año.
La nueva factoría se ubicará en el polígono Empresarium, en las instalaciones de última generación que levantó Becton Dickinson para su fallida planta de jeringuillas. La multinacional norteamericana de tecnología médica, que llegó a iniciar la actividad en pruebas en 2024, tiene previsto cerrar un acuerdo de venta del complejo al nuevo inversor en las próximas semanas, una operación que permitirá dar un nuevo uso industrial de alto valor añadido a unas instalaciones que quedaron huérfanas tras la desinversión.
Tecnología de vanguardia
La planta de Zaragoza será complementaria del gran proyecto que Diamond Foundry ya desarrolla en Trujillo (Cáceres), donde ya fabrica diamante monocristalino sintético desde el año pasado e instalará una segunda planta de mayores prestaciones. La compañía, participada por Fidelity e inversores conocidos como el actor Leonardo DiCaprio y el apoyo en sus inicios de Google, Facebook, Twitter, eBay o el creador del iPod, ha apostado por España para instalar toda la cadena de valor de su tecnología más avanzada. Esta implantación cuenta con el respaldo público del Gobierno central, a través de la SEPI Digital, que ha inyectado 752 millones de euros en una sociedad conjunta.
Mientras que en Extremadura la compañía se centrará en la producción del material monocristalino de alta pureza, en la capital aragonesa se llevará a cabo una fase más avanzada del proceso industrial. En concreto, Zaragoza acogerá el corte (singulación) de los lingotes de diamante sintético en obleas ultrafinas e individuales, así como su pulido, inspección, acabado superficial y empaquetado en salas limpias, una fase industrial crítica para que este material pueda utilizarse como componente (sustrato) de semiconductores en chips de alto rendimiento.
Se trata de una tecnología considerada singular a escala mundial, basada en diamante monocristalino (SCD), un material que disipa el calor de forma muy superior al silicio y permite fabricar chips más potentes, eficientes y sostenibles.
Diamond Foundry subraya que la producción de estas obleas se realiza además con un perfil ambiental especialmente reducido, al convertir metano en cristal de diamante utilizando energía libre de emisiones, lo que refuerza el atractivo industrial del proyecto en plena transición energética. «Una nueva oblea ha llegado cada pocas décadas, impulsando en cada caso la industria tecnológica a niveles previamente inalcanzables», señala la compañía en su comunicación corporativa.
El proyecto se asentará sobre un complejo industrial de primer nivel, ya construido y validado para procesos de alta exigencia técnica. La antigua planta de Becton Dickinson cuenta con 20.000 metros cuadrados edificados, distribuidos en tres naves de producción, un edificio de oficinas, un almacén logístico e infraestructuras técnicas, además de salas blancas, laboratorios y zonas preparadas para operaciones industriales de máxima precisión.
Diseñado originalmente para cumplir con los estrictos estándares de la industria médica y farmacéutica, el complejo ofrece condiciones óptimas para una actividad tecnológica avanzada, lo que ha sido determinante para que Diamond Foundry se decantara por Zaragoza como sede de su nueva planta europea de obleas.
Respaldo público
La implantación de la tecnológica estadounidense ha contado con el acompañamiento del Gobierno de Aragón y del Ayuntamiento de Zaragoza, que han trabajado de forma coordinada para facilitar el aterrizaje de la compañía. Además, el Ejecutivo autonómico prevé declarar el proyecto como de interés general (DIGA), una figura que permitirá priorizar y agilizar su tramitación.
Este apoyo llega tras el respaldo financiero recibido del Gobierno de España, a través de la Sociedad Estatal de Transformación Tecnológica (SETT), el brazo inversor del Ministerio para la Transformación Digital conocido popularmente como la SEPI Digital. La inversión pública en el proyecto, que asciende a 753 millones, forma parte del Perte Chip, cuyo objetivo es reforzar las capacidades de diseño y producción de la industria de la microelectrónica y los semiconductores en España.
El Consejo de Ministros aprobó el pasado mes de noviembre esta inyección económica con el objetivo de impulsar la expansión de Diamond Foundry en España, un proyecto que en total alcanza 2.350 millones y sitúa al país como uno de los pocos enclaves del mundo capaces de producir materiales críticos para la industria del semiconductor.
La compañía ya ha comenzado a buscar personal para Zaragoza, con ofertas para perfiles técnicos, ingenieros, responsables de instalaciones y especialistas en sistemas y procesos, una señal de que el proyecto avanza a buen ritmo.
Aunque la planta zaragozana no fabricará chips completos, su actividad se sitúa en la base misma de la tecnología que los hace posibles. Las obleas de diamante sintético están destinadas a chips de alto rendimiento, utilizados en Inteligencia Artificial, computación avanzada, automoción eléctrica y centros de datos, un sector que está teniendo una fuerte implantación en Aragón.
Con esta inversión, la comunidad mete por primera vez la cabeza en la industria de los chips, no solo como territorio receptor de infraestructuras o industrias que lo utilizan, sino como eslabón en una cadena de valor estratégica para la economía del futuro. De esta manera, refuerza su perfil industrial y tecnológico en el mapa español y europeo.
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