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Los directivos de Aragón, en jaque por los retrasos ferroviarios: “Afectan a reuniones, llamadas y decisiones clave"

ADEA reconoce que el impacto es muy tangible, con agendas que se descuadran, citas que se retrasan o se reubican y una incertidumbre constante que obliga a trabajar en modo contingencia

Los pasajeros esperan para accecer al andén de la estación Delicias de Zaragoza.

Los pasajeros esperan para accecer al andén de la estación Delicias de Zaragoza. / Miguel Ángel Gracia

Zaragoza

El caos ferroviario se ha instalado en la vida cotidiana de particulares, trabajadores, empresarios y cualquier persona que deba subirse a un tren. En el caso de los directivos y ejecutivos, los inconvenientes se multiplican. La red empresarial aragonesa ha revelado que la situación actual de la infraestructura ferroviaria tiene un coste de 1,5 millones por cada mes que se eternicen los percances.

“Lo más dañino es lo invisible, decisiones que se posponen, negociaciones que pierden ritmo y equipos que trabajan con menos claridad porque la reunión decisiva no se pudo hacer”, explica Fernando Rodrigo, presidente de la Asociación de Directivos y Ejecutivos de Aragón (ADEA), quien va un paso más allá. Además de las pérdidas económicas aparecen cuestiones intangibles.

La situación actual de la red de alta velocidad se traduce en una pérdida de productividad directiva, horas improductivas y decisiones estratégicas que se retrasan o se cancelan: “Es una pérdida especialmente cara porque hablamos de tiempo de personas clave y de decisiones. Hay horas improductivas evidentes, como esperas, cambios de plan, reubicación de reuniones, pero lo más dañino es lo invisible”, reitera.

El impacto es muy tangible: agendas que se descuadran, reuniones que se retrasan o se reubican, y una incertidumbre constante que obliga a trabajar en modo contingencia: “En alta dirección, una demora no afecta solo al trayecto, afecta a la primera reunión, a la segunda, a las llamadas, y a todo lo que depende de llegar a una hora concreta”, apostilla.

En una situación de normalidad, el eje Zaragoza-Madrid y Zaragoza-Barcelona es un corredor natural para muchos directivos: clientes, proveedores, comités, reuniones con sede central, ferias y encuentros sectoriales. “No todos viajan igual, pero el patrón más habitual en perfiles con responsabilidad es moverse cada semana o cada dos semanas, lo que suele traducirse de dos a seis viajes al mes, según el momento del año”, apostilla.

Esta situación se traduce en una pérdida de productividad directiva, horas improductivas y decisiones estratégicas que se retrasan o se cancelan: "Además, es una pérdida especialmente cara porque hablamos de tiempo de personas clave y de decisiones".

El coste no es solo el billete o la dieta. El coste real está en la fricción (reprogramaciones), en las horas de equipos directivos afectadas y, sobre todo, en la oportunidad, con decisiones que se retrasan, clientes que se enfrían. “Si se quiere una aproximación razonable, lo lógico es que las empresas estimen el impacto con su propia fórmula: horas perdidas más coste de replanificación y coste de oportunidad. Ahí, las cifras crecen rápido”, dice.

Para ADEA, el tren no ha dejado de ser un medio fiable para la actividad profesional: “No diría que haya dejado de ser el medio lógico, por conectividad centro a centro sigue siendo muy competitivo, pero la percepción de fiabilidad se ha deteriorado, y eso para la alta dirección es determinante. Para un directivo, la pregunta no es ‘¿cuánto tarda?’, sino ‘¿puedo planificar con seguridad?’. Cuando la respuesta deja de ser sí, es mala señal”.

Menos reuniones presenciales

La falta de fiabilidad afecta a la planificación de reuniones, viajes de trabajo y a la organización personal y profesional de los directivos: “Obliga a operar con margen, y ese margen es coste porque se coge un tren antes por si acaso, se reducen agendas presenciales, con menos reuniones en el día para evitar efectos dominó, aumentan pernoctas que antes no eran necesarias y se incrementa la dependencia de la videollamada”.

También un impacto en la conciliación familiar y personal de quienes se desplazan con frecuencia por trabajo: “Es importante decirlo. La conciliación se rompe por dos vías: por el tiempo real, ya que llegas tarde y hay cambios de planes, y por el desgaste emocional de no poder confiar en el horario. Para quien se desplaza con frecuencia, una cadena de retrasos afecta a rutinas familiares, descanso y presencia real en casa. Y esa carga también termina impactando en el rendimiento profesional”, opina Rodrigo.

En ADEA se replantean los desplazamientos para optar por otros medios de transporte, como el coche o el autobús. Sobre todo, por una razón: el control: “El coche permite ajustar los horarios, aunque no siempre sea más rápido”.

En este momento, no se están planteando una medida conjunta como asociación para reclamar posibles indemnizaciones por los retrasos de los trenes: “Creemos que las reclamaciones, cuando proceden, deben gestionarse a nivel individual o por empresa, porque dependen del tipo de billete, del operador, del motivo del retraso y de cómo haya impactado en cada caso”, termina el presidente de ADEA.

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