Las consecuencias del caos ferroviario en Aragón: los empresarios pierden 1,5 millones de euros al mes
La incertidumbre y el malestar se extienden entre las empresas, que ya han realizado una estimación de los costes económicos que implica la situación actual de la alta velocidad

Varios pasajeros esperan en una de las salas de la estación Delicias. / Jaime Galindo
El caos ferroviario en el que vive España en las últimas semanas ya se ha hecho notar en el tejido empresarial aragonés. Los continuos retrasos en los trenes de alta velocidad, e incluso las cancelaciones de varios horarios desde este pasado lunes, han encendido las luces de alarma entre las empresas locales. La primera conclusión es relevante: los empresarios van a perder al menos 1,5 millones de euros al mes mientas dure esta situación. Desde que sucedió la tragedia de Adamuz el 18 de enero, los incidentes han sido constantes.
En una situación de normalidad, ¿qué volumen de desplazamientos empresariales se puede producir entre Zaragoza y Madrid o Barcelona? Carmelo Pérez, secretario general de la Confederación de la Pequeña y Mediana Empresa (Cepyme) en Aragón, trata de poner luz a esta cuestión: “Lo primero, esperamos que sea lo más breve posible. Si se prolonga, se convierte en un problema para todos, tanto para los ciudadanos como, especialmente, para el mundo empresarial. La fluidez que se había generado, sobre todo con Madrid y Barcelona, se ve muy alterada”.
Según explica, los efectos son directos sobre la productividad: “Hay un aumento de tiempos, costes indirectos, retrasos y pérdida de oportunidades. Hay menos visitas comerciales, menor capilaridad de ventas y repercusiones en la logística y las cadenas de suministro. Las personas son necesarias para cerrar contratos y realizar las acciones asociadas. Todo lo relacionado con turismo, congresos y economía urbana también se verá afectado, lo que supone un riesgo para la marca Aragón”, añade.
¿Se pueden cuantificar las pérdidas? Es difícil, porque no hay datos concretos, pero sí se han desarrollado las primeras estimaciones. “Hemos hecho un cálculo en función del número de viajes, el coste por hora y la media de retrasos. Si esto dura un mes, el coste económico sería de aproximadamente 1,5 millones de euros, y se multiplicaría cada mes que persista la situación. Este cálculo es optimista, con retrasos medios de 30 minutos, aunque la realidad puede variar”, detalla.
Viajes por carretera
Además, la supresión y el retraso constante de trenes de viajeros supone un gran trastorno e incertidumbre para viajes de empresa, reuniones en Madrid o Barcelona, enlaces ferroviarios o de avión, etc. “Las empresas están optando por viajes por carretera y videoconferencias, pero solo compensa una pequeña parte de los problemas, ya que supone más tiempo, en ocasiones coste, y el contacto personal necesario para cerrar negociaciones y reuniones o acudir a ferias”, añade por su parte Benito Tesier, presidente de CEOE Aragón.
El impacto en los viajes diarios es significativo. Carmelo Pérez lo explica con detalle: “Antes un viaje a Madrid duraba hora y media. Ahora, con los retrasos acumulados, se convierte en casi tres horas de ida y otras tres de vuelta. Esto complica enormemente la planificación de los desplazamientos de un día, y afecta directamente a la productividad de los directivos. Por no hablar de las cuestiones personales, el agotamiento por un viaje más largo o los problemas a la hora de conciliar. Viajar en coche implica más riesgos, mayor desgaste físico y psicológico, y problemas logísticos. Pero empresarialmente, no hay otra alternativa”.

Varios viajeros en la estación Delicias de Zaragoza, este martes. / PABLO IBÁÑEZ
En el caso de Aragón, a diario hay muchos trabajadores que se mueven entre Zaragoza y Calatayud: “En nuestro caso, sabemos que hay mucha gente que desplazan. Lo están sufriendo a diario”, apostilla Pérez.
El dirigente de Cepyme insiste en que la solución pasa por una mayor inversión en recursos y mantenimiento: “El tren sigue siendo un medio fiable, pero lo que falla es la gestión y el mantenimiento por parte de los responsables políticos. Así como en nuestras casas y empresas realizamos mantenimiento preventivo, lo mismo debería aplicarse a las infraestructuras públicas. La falta de previsión es la verdadera causa de los problemas actuales. El problema no es el tren, es el mantenimiento de las infraestructuras ferroviarias”.
La calidad y la eficiencia, en duda
Esta situación es un escalón más en el empeoramiento del servicio ferroviario desde hace meses con el crecimiento de las incidencias, suspensiones y retrasos de trenes. Causa preocupación e incertidumbre, tanto por la seguridad de la red y las conexiones ferroviarias como por la calidad de los servicios y el mantenimiento de las infraestructuras. “A ello se suma el riesgo país que representa, poniendo en duda la calidad y eficiencia de un transporte ferroviario y especialmente de alta velocidad que durante años ha sido referencia internacional”, manifiesta Tesier.
Calculando la cancelación de un 20% de los viajes de negocio, un retraso medio de 30 minutos y un coste empresarial medio de 38 euros, las pérdidas se sitúan en el 1,5 millones de euros al mes. Es una estimación, pero permite dimensionar el impacto real. Y eso sin contar los efectos intangibles: “La pérdida de confianza y la incertidumbre generada en el tejido empresarial, que son mucho más difíciles de recuperar”, apunta Pérez sobre el coste económico de la situación.
Enfado, decepción y frustración
El dirigente también señala el efecto social y personal: “Los viajeros llegan más tarde, se altera la conciliación laboral y se genera un malestar generalizado. Es una mezcla de enfado, decepción y frustración, especialmente para las pymes, que representan 8 de cada 10 empresas en Aragón y son las más afectadas”.
Zaragoza es, además, una ciudad de congresos y una de sus ventajas empresariales la rápida conexión con Madrid y Barcelona. El efecto es enorme y debería compensarse: “No basta con decir que se va a solucionar cuando ya llevamos más de 15 días así y no se ve la luz cerca”, refleja por su parte Tesier.
En cuanto a reclamaciones o indemnizaciones, explica que todavía no es el momento. “Primero hay que ver de qué plazos estamos hablando y analizar las circunstancias. Ahora la prioridad es que se asignen recursos para acelerar la normalización del servicio. Si esto no se consigue, ya veremos”, termina Pérez. Por último, desde CEOE Aragón exigen “una investigación exhaustiva, inversión continua y suficiente en infraestructuras y servicios ferroviarios, asunción de responsabilidades y una solución urgente y eficaz”.
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