La nieve y las lluvias disparan las reservas de agua en Aragón y alivian la presión sobre el regadío de cara al verano
Tras un otoño seco, los embalses aragoneses de la cuenca del Ebro muestran una notable recuperación y auguran una campaña relativamente optimista

El embalse de El Grado está próximo a su media de agua histórica. / CHE
La cuenca del Ebro ha recuperado oxígeno. El agua de los embalses ha ganado volumen en las últimas semanas y ahora mismo las reservas se sitúan en niveles que adelantan una relativa seguridad de cara a la campaña de regadío de verano. Este es un escenario de normalidad que aporta tranquilidad tras meses marcados por la incertidumbre.
Las abundantes lluvias registradas durante el mes de enero y el volumen de nieve en el Pirineo han permitido una recuperación progresiva de las reservas de agua en Aragón, en paralelo al fuerte aumento de la reserva hídrica en el conjunto de la España peninsular.
El sistema cerró el pasado verano en valores medios, coincidiendo con el final del año hidrológico en octubre. Venía de un periodo 2024-2025 especialmente positivo en cuanto a reservas, después de que la sequía iniciada en 2023 y prolongada durante 2024 golpeara con mayor intensidad a la margen derecha de la cuenca. Sin embargo, un otoño seco frenó esa dinámica y provocó un descenso progresivo de las reservas, devolviendo los embalses a cifras más ajustadas a la media histórica.
El último parte confirma que la cuenca ha dejado atrás los escenarios excepcionales, pero se mueve ahora en parámetros normales. No es una situación extraordinaria, aunque sí suficiente para encarar los próximos meses con cierta estabilidad. A esta fotografía hay que añadir un factor clave: la reserva nival.
La nieve acumulada en las zonas de montaña, que comenzará a transformarse en aportaciones a partir del deshielo, previsiblemente en mayo, actúa como un colchón hídrico. Su papel es fundamental, ya que complementa las lluvias y garantiza aportes sostenidos al sistema en un momento crítico del calendario.
Los datos actuales permiten afrontar con confianza la próxima campaña de riego, con abastecimientos que podrían estar asegurados. El periodo más delicado se concentra entre marzo y octubre, cuando se registra el mayor consumo de agua y coinciden las menores precipitaciones. Por este motivo, los técnicos subrayan la importancia de que los embalses alcancen su máximo nivel posible durante el mes de abril.
La recuperación de la cuenca ha sido posible gracias a un invierno especialmente húmedo, que ha compensado el déficit del otoño y ha favorecido una notable recarga de los embalses. A ello se suma una reserva nival calificada como muy positiva por su traducción directa en recursos hídricos disponibles.
Así están los embalses
Las lluvias y nevadas de enero han impulsado la recuperación de los embalses aragoneses de la cuenca del Ebro tras un otoño seco. En la cuenca del río Aragón, el embalse de Yesa ha pasado de estar por debajo del 40% en diciembre a alcanzar los 266 hm³, el 60% de su capacidad, lo que permitirá salir de la situación de emergencia, aunque aún se sitúa por debajo de la media de los últimos cinco años (80%), según información facilitada por la CHE.
En las cuencas del Gállego y el Cinca también se aprecia una mejora. En el Gállego, La Sotonera almacena 130 hectómetros cúbicos (69%), frente a una media del 80%; Búbal se sitúa en 20 hectómetros cúbicos (31%), aún lejos de su media del 60%; y Lanuza alcanza el 55% con 9 hectómetros cúbicos, muy cerca de los valores habituales. En el Cinca, El Grado se encuentra al 88% con 349 hectómetros cúbicos, próximo a su media histórica, mientras que Mediano suma 235 hectómetros cúbicos (54%), todavía por debajo del 60% medio.
La subcuenca del Ésera presenta una situación especialmente positiva, con Barasona al 95% de llenado y 80 hectómetros cúbicos, por encima de la media de los últimos cinco años. En el Noguera Ribagorzana, Canelles alcanza el 75% con 514 hectómetros cúbicos, muy por encima del 50% medio, mientras que Santa Ana (80% y 190 hectómetros cúbicos) y Escales (61% y 93 hectómetros cúbicos) también superan los valores habituales.
Esto es en cuanto a la margen izquierda, que es también la que alberga los embalses con más capacidad, también porque tiene más hectáreas de regadío asociadas, y en definitiva más usos de agua.
En la margen derecha del Ebro, aunque enero ha sido menos lluvioso, los embalses mantienen buenas reservas, con casos como Calanda o Cueva Foradada en niveles satisfactorios. Además, la reserva de nieve es una de las más elevadas de los últimos años, similar a la de 2019-2020, lo que refuerza las expectativas para la campaña de riego. No obstante, la evolución de las lluvias en febrero, marzo y abril será determinante para confirmar las previsiones de cara a la primavera y el verano.
La nieve, clave
Actualmente, la cuenca del Ebro presenta unos volúmenes de nieve acumulada excepcionales. En lo que va de siglo XXI, y dentro de la serie de los últimos 25 años, 2026 se sitúa como el segundo año con mayor acumulación de agua en forma de nieve, prácticamente a la altura de 2020, que fue el máximo registrado. El volumen acumulado ronda los 1.800 hectómetros cúbicos, frente a una capacidad total de embalse en la cuenca cercana a los 8.000 hectómetros cúbicos.
La evolución semanal de la nieve, especialmente durante el último mes, ha ido incrementando de forma continuada los volúmenes disponibles hasta alcanzar valores que superan en más de un 40% la media de acumulación para estas fechas.
“La acumulación de nieve en las cuencas pirenaicas de la cuenca del Ebro es un proceso progresivo, con aumentos semana a semana que suelen alcanzar su máximo en los meses de marzo o abril. A partir de ese momento, y en función de las precipitaciones y de la evolución de las temperaturas, se inicia un descenso gradual debido a la fusión de la nieve, que se extiende habitualmente hasta mayo y junio”, explica María Luisa Moreno, jefa de Hidrología de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE).
Este escenario es positivo, ya que se espera que los volúmenes de agua almacenados en forma de nieve generen caudales adicionales a los aportes procedentes de las lluvias y al agua ya embalsada. “Todo ello permitirá afrontar con mayores garantías, hacia el mes de junio, las campañas de mayor demanda hídrica, especialmente durante el periodo estival”, añade.
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