Menos pobreza, pero no para todos: el lujo de irse de vacaciones, comer pescado o calentar la casa en Aragón
La Encuesta de Condiciones de Vida de 2025 muestra una mejora general de las condiciones económicas de los hogares de la comunidad, pero persisten las carencias materiales en parte de la población

Fila de personas en el comedor del Carmen. / RUBEN RUIZ
La mejora de los grandes indicadores sociales en Aragón convive en 2025 con una realidad más desigual cuando se desciende al detalle de la carencia material. Los últimos datos de la Encuesta de Condiciones de Vida, publicada este jueves por el Instituto Nacional de Estadística (INE), muestra una evolución positiva en la mayoría de las variables que miden la pobreza severa, pero las dificultades económicas que persisten en parte de la población.
Hay avances significativos en ámbitos como la pobreza energética, la capacidad de los hogares para sustituir bienes deteriorados o la reducción de los retrasos en los pagos básicos, pero también un empeoramiento en otros indicadores sensibles, como el acceso regular a una alimentación adecuada o la disponibilidad de bienes esenciales.
Uno de cada cuatro no pueden irse de vacaciones
En concreto, uno de cada cuatro aragoneses no puede irse de vacaciones al menos una semana, pero el porcentaje de personas en esta situación se ha reducido al 24,6%, frente al 26,1% de 2024, consolidando una tendencia a la baja tras los repuntes registrados durante los años de mayor presión inflacionaria.
También mejora la capacidad de los hogares para afrontar gastos imprevistos. El 28,7% reconoce no disponer de recursos suficientes para hacer frente a ellos, dos décimas menos que el año anterior (29,9%). Desciende igualmente la proporción de personas que han sufrido retrasos en el pago de gastos relacionados con la vivienda principal -hipoteca, alquiler o suministros--, que pasa del 12,8% al 12,4%, así como la de quienes acumularon algún tipo de retraso en pagos básicos, que baja del 11% al 9,9%.
Uno de los descensos más significativos se registra en la denominada pobreza energética. El porcentaje de población que no puede permitirse mantener la vivienda a una temperatura adecuada cae casi cuatro puntos, del 14,7% en 2024 al 10,9% en 2025, una evolución que apunta a un alivio parcial del impacto del coste de la energía sobre los hogares más vulnerables.
Sin embargo, no todos los indicadores evolucionan en la misma dirección. Aumenta la proporción de personas que no puede permitirse una comida de carne, pollo o pescado al menos cada dos días, que sube del 4% al 4,9%, así como la de quienes no disponen de un automóvil por falta de recursos (5,3% frente al 4,8%) o de un ordenador personal (3,7% frente al 3,1%). Se trata de señales que apuntan a dificultades persistentes en determinados hogares, especialmente en los situados en la franja baja de ingresos.
En cambio, mejora de forma notable la capacidad para sustituir muebles estropeados o viejos, una carencia que afecta al 19,3% de la población, más de cuatro puntos menos que en 2024 (23,5%), en línea con el aumento general de la renta media de los hogares y la mejora del empleo efectivo.
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