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La madre de un joven con discapacidad evita en el último suspiro estar en la mesa electoral: “No es falta de documentación, es falta de empatía”

Esta vecina de Zaragoza, con un hijo totalmente dependiente, ha logrado que la junta aceptara su solicitud a pesar de la negativa inicial

Diego podrá recibir el domingo los cuidados que necesita de su madre.

Diego podrá recibir el domingo los cuidados que necesita de su madre. / Servicio Especial

Zaragoza

Marisa es una vecina de Zaragoza que ha estado a punto de tener que acudir el próximo domingo a su colegio electoral para formar parte de la mesa. Hasta aquí todo sería normal de no ser porque es madre de Diego, una persona con discapacidad y totalmente dependiente. Sus obligaciones diarias le impiden estar el 8 de febrero en su sede con motivo de las elecciones al Gobierno de Aragón. Además, y por si fuera poco, es la segunda vez que se repite la historia. En un primer momento, la junta electoral le negó el permiso para ausentarse. Por fortuna, este mismo miércoles se aceptó su solicitud. La cordura se ha impuesto.

“Acudimos a una reunión con la mesa electoral y nos dijeron que no era lo mismo ser tutores que cuidadores de mi hijo”, detalla. Esta es la primera explicación. Ella tenía toda la documentación en regla, incluida la resolución de la dependencia de su hijo, donde se especifica que la atención recae en el entorno familiar. Aun así, le pusieron objeciones a pesar de acreditarlo todo. “Resulta que me indicaron que no vivía en la misma casa que mi hijo. Pero si me han traído la carta certificada, tengo el papel del censo donde pone mi colegio electoral… ¿Y me dicen que no vivo aquí?”, añade. Ante la negativa inicial, pidió un correo electrónico para enviar de nuevo la documentación desde su casa. “Lo hice, y al final me contestaron que estaba aceptado. Menos mal”, suspira. "Nosotros tenemos la hoja de la dependencia donde se detalla que todo está en regla", matiza.

Su situación familiar es especialmente compleja. Diego, víctima de un grave accidente en bicicleta en diciembre de 2011, sufre un daño cerebral grave. “No es un niño. Mide 1,80, pesa 75 kilos y no habla. Le doy yo la medicación y la comida por una sonda. Hay que levantarlo y cada vez nos cuesta más”, dice.

Ella misma tiene problemas de espalda y no puede permanecer sentada durante horas. “No puedo estar en una mesa electoral todo el día. Es imposible”. Todo eso, insiste, está perfectamente acreditado en los informes oficiales. Pese a ello, se encontró con trabas. No era la primera vez. “Cuando me llamaron para ser mesa electoral en las elecciones anteriores nos dijeron que había más familiares disponibles, cuando no es verdad. Mis hijos no viven aquí y mi hija menor no puede hacerse cargo”. En aquella ocasión incluso les denegaron la excusa, lo que les habría obligado a recurrir a un abogado y un procurador: “Menos mal que nos ayudaron y no hubo que recurrir más porque también nos aceptaron la solicitud”.

Volviendo a las elecciones del próximo domingo, Marisa expone que finalmente la trabajadora que la atendió se disculpó a título personal: “Le dije que no era culpa suya, pero que con tanta gente como hay en Zaragoza deberían mirar mejor estos casos. El problema es que no leen los papeles”. Con 64 años y a punto de cumplir 65 —edad a partir de la cual se está exento—, no oculta su escepticismo: “Ya verás cómo me vuelve a tocar”.

La historia de su hijo es la de una lucha constante desde hace 14 años. Tras pasar por la uci, fue trasladado a Valencia, donde permaneció dos años por la falta de un hospital especializado en daño cerebral en Aragón. Desde entonces, la familia ha recorrido centros de referencia en Valencia, Santander, Madrid, Málaga e incluso Boston, siguiendo los últimos avances neurológicos. “Él nos entiende. Conserva la memoria, eso nos lo dijeron los médicos”, explica. “Cuando vienen sus hermanos y estamos todos juntos, se le nota”, apunta.

Marisa no tiene inconveniente en contar su historia públicamente: “No escondo nada. Ojalá no fuera verdad”. Lo que pide es sencillo. Esto no lo hace para librarse sin motivo de ser mesa electoral: “Un poco más de empatía y que miren los casos con atención. Bastaría con leerse la documentación”, termina.

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