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En la lucha por abrir un aula de Educación Especial en Pedrola: "Quiero que mi hijo tenga los mismos derechos que los demás""

Marta Navarro denuncia que a su hijo, que tiene una enfermedad rara, le asignan un aula o un centro especial fuera del pueblo, y asegura que esto también afecta a otros menores de la zona. Sin embargo, a la DGA no le consta que repercuta a varios pequeños y explican que "no se puede abrir un aula con un único alumno"

Julio, el hijo menor de Marta Navarro, jugando.

Julio, el hijo menor de Marta Navarro, jugando. / Servicio Especial

Zaragoza

Marta Navarro piensa en su hijo más pequeño. Y lucha por él. Hace cuatro años y medio que Julio nació y también que le diagnosticaron una enfermedad rara que es genética. Explica que se trata de una encefalopatía epiléptica causada por la mutación de un gen, el KCNQ2, que le provoca epilepsia y retraso en el desarrollo. Lleva en terapia desde los seis meses, y tiene necesidades especiales. Pero su madre asegura que, en el plano educativo, estas no han podido ser atendidas por una razón: en Pedrola, dónde viven, no cuentan con aula de Educación Especial. Por eso, reivindica que se abra una en el pueblo y que el menor reciba la educación que le corresponde. "Quiero que tenga los mismos derechos y oportunidades que todos los niños que van al colegio ordinario", expresa.

"A los tres años, en la Fundación de Atención Temprana, donde le hacen el tratamiento y terapia, le hicieron una evaluación para determinar qué tipo de educación le hacía falta. A Julio le hicieron un informe psicopedagógico muy completo en el que pone que necesita Educación Especial", desarrolla Marta. Según explica, aunque el menor tiene cuatro años y medio, "su edad mental es la de un niño de entre 18 y 20 meses".

Por eso, Marta empezó a solicitar al Departamento de Educación del Gobierno de Aragón que abriera en Pedrola un aula de Educación Especial cuando Julio tenía tres años, según cuenta ella misma. Lo hizo porque las otras dos opciones que tiene no son viables para su caso concreto, y también porque asegura que en el pueblo hay más niños que requieren este servicio educativo y que ahora se están, o bien desplazando a Zaragoza, o bien acudiendo al aula de Educación Especial que hay en Sobradiel y que es la que tienen asignada los alumnos de la Comarca de la Ribera Alta del Ebro.

Desde el Departamento de Educación explican que se ha ofrecido a esta madre el aula especial de Sobradiel, que se ha abierto este año, porque no les consta que haya más menores en el pueblo que la requieran y "no se puede abrir un aula con un único alumno". Recuerdan también que este curso abrieron diez aulas nuevas de Educación Especial y un CEE en Maella. Con todo, aseguran que, de cara al próximo curso, se realizará un estudio de necesidades y se valorará dónde se requiere abrir nuevos espacios, algo que "se hace siempre".

Pero la madre asegura estas dos alternativas no son una posibilidad para su tercer hijo, que es el más pequeño. "Julio no soporta los viajes. Si vamos alguien con él va más tranquilo, pero hasta hace poco tiempo lloraba mucho. Se cansa en el trayecto y llora tanto que se encana, pierde el conocimiento y en varias ocasiones ha terminado convulsionando", relata. Por eso, desplazarse tanto a Sobradiel como a Zaragoza le suponen un problema.

A ello suma que, para llegar al aula de Sobradiel, y a diferencia de lo que afirma que le han indicado desde Educación, no cuenta con transporte público. "Una mamá de Pedrola lleva a su hijo en un taxi que paga de su bolsillo", asegura. Afirma también que la clase de Educación Especial del CEIP Subpradel está completa. Desde el centro lo confirman al explicar que cuentan con dos espacios para escolares con necesidades especiales con un ratio de seis estudiantes en cada una. Según indican, ahora mismo tienen once alumnos y están a la espera de que llegue el último, que ha hecho la matrícula.

Desde el departamento de Educación aseguran que "las aulas de Educación Especial en los coles no están saturadas", y sostienen que, en caso de que sea necesario subir las ratios, "se dotan de todos los recursos necesarios". Es esto lo que ocurre en el CEE Rincón de Goya de Zaragoza, que es la otra posibilidad que tiene Marta y por la que tampoco termina de decantarse. La madre informa de que este centro tiene obligación de acoger a los menores con necesidades especiales de los pueblos, pero indica que ha contactado con ellos y que están "saturados". Así, desconoce cómo podrían atender al menor si no dan abasto.

Desde el equipo directivo del Rincón de Goya desgranan que entre los cuatro centros de Educación Especial de Zaragoza se distribuyen las carreteras de los alrededores de forma que a cada uno le corresponde el alumnado de unos pueblos en concreto. "Estamos a tope y sin una sola plaza, pero nos vemos obligados a que, si viene un menor de Cuarte de Huerva, por ejemplo, hacer sitio. Los niños no tienen la culpa, por supuesto", afirman.

Lo que hacen para poder atenderlos es reclamar al Servicio Provincial de Educación los recursos que requieran para ello. El problema se da en los espacios. "El Rincón de Goya es muy chiquitín. Los otros tres colegios de Educación Especial de Zaragoza cuentan con aulas externas en coles ordinarios que están pegados a ellos, por lo que los profesionales pueden ir de uno a otro, pero nosotros lo tenemos complicado porque no tenemos nada en el entorno", detallan. Todo el personal se vuelca en organizarse para dar la mejor educación posible al estudiantado.

Por todo esto, Marta insiste en que es necesaria un aula de Educación Especial en Pedrola. "Lo he solicitado varias veces a través de Registro Oficial al Departamento de Educación. Digo aula por no decir colegio, que sería lo ideal", cuenta, pero las respuestas han sido todo "negativas". "Desde Educación me contestan que esa necesidad está cubierta con los coles de Zaragoza y el aula de Sobradiel. Me puse en contacto con una abogada basándonos en la ley de educación, haciendo referencia a que tenemos esos derechos y a que la administración tiene la obligación de cubrirlos, pero volví a recibir una negativa", relata.

Marta cuenta que hace casi un año, el 15 de febrero de 2025, acudió al Justicia de Aragón por el mismo motivo, y aunque no duda de que estén trabajando en su requerimiento, lamenta no haber recibido contestación. "Se me está acabando ya la paciencia y necesito respuestas. No estoy pidiendo ningún capricho estúpido, estoy amparándome en la ley", remarca, e insiste en que, como Julio, hay otros niños afectados por esta situación. "Tenemos necesidades y estamos solicitando que las cubran", señala.

"Creo que es muy injusto y cruel mandar a niños con enfermedades o retrasos a colegios con otros niños de su edad con los que no pueden hacer lo mismo. Necesitan otro aprendizaje", subraya para apuntar que, "por edad mental, Julio tendría que ir a la guardería". "Si lo comparas con niños de su edad no tiene nada que ver. Están mucho más avanzados", afirma. Marta piensa en su hijo y resiste en la lucha por él.

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