El transporte por carretera se enfrenta a un problema de escasez en Aragón: “No es que no haya camiones, es que no hay conductores”
A los problemas ferroviarios actuales se suma un déficit estructural de conductores que agrava aún más los escollos a los que se mide el sector de la logística de Aragón

Un camión avanza en medio de una tormenta de nieve / Servicio Especial
A los problemas ferroviarios actuales se suma un déficit estructural de conductores profesionales de camiones de transporte que agrava aún más los escollos a los que se mide el sector de la logística de Aragón.
Esta escasez se ha convertido en uno de los principales problemas estructurales del transporte por carretera. No se trata de una situación coyuntural ni reciente, sino de una dificultad que el sector arrastra desde hace años y que afecta especialmente al transporte internacional. Así lo reconoce Emilio Gomariz, director general de Global Spedition, quien describe una realidad marcada por la falta de relevo generacional, un modelo de vida poco atractivo y una creciente dependencia de conductores extranjeros.
“No es que no haya camiones, es que no hay conductores”, resume Gomariz, que subraya que el problema no responde a la actual coyuntura ferroviaria, sino que viene de mucho antes. En el transporte internacional, añade, los conductores tienen hoy una posición dominante en el mercado laboral. Muchos proceden de otros países y optan por ausencias prolongadas para regresar a su lugar de origen durante semanas o incluso meses.
Esta situación genera importantes desequilibrios en las empresas. Cuando no hay margen para asumir esas ausencias, algunos trabajadores optan por causar baja voluntaria, con la seguridad de que podrán reincorporarse más adelante, algo que está ocurriendo ahora tras el periodo navideño.
Ante esta falta, cada vez más empresas recurren a la contratación de conductores en el extranjero. Sin embargo, esta solución no está exenta de riesgos. Traer un conductor de otro país tiene una elevada carga económica y, además, puede no conocer el terreno.
A ello se suma la barrera de acceso a la profesión. Para conducir transporte pesado no basta con tener carné: es necesario obtener el C+E y la correspondiente capacitación profesional, una inversión que puede superar los 3.000 euros. “Para mucha gente joven no compensa, ni por el coste ni por el tipo de vida”, señala.
Ese modelo de vida es otra de las claves del problema. Jornadas largas, semanas fuera de casa y fines de semana lejos de la familia hacen que muchos trabajadores prefieran empleos más estables, aunque estén peor remunerados. “No es solo una cuestión económica. La gente prefiere otro tipo de trabajo, con horarios fijos y vida social”, explica. En este sentido, los profesionales de la carretera se enfrentan a otros problemas externos.
Las ayudas públicas tampoco están logrando revertir la situación. Las subvenciones anunciadas para facilitar la obtención del carné apenas permiten cubrir a poco más de un centenar de conductores. Además, la capacitación debe renovarse cada cinco años mediante cursos presenciales, un sistema que el sector considera poco práctico. “Se está estudiando si puede hacerse de forma más digital o eficiente”, apunta.
La falta de interés es tal que incluso las autoescuelas tienen dificultades para completar los cursos, incluidos aquellos dirigidos a desempleados. Paradójicamente, el empleo está garantizado. “Quien se saca el carné de camión tiene trabajo seguro. Hay demanda y las tarifas están subiendo”, subraya.
En este contexto, el ferrocarril aparece como una alternativa limitada. Aunque el transporte ferroviario por contenedor es más barato, carece de la flexibilidad de la carretera. “Si el tren se corta en Francia por movilizaciones, se para. Por no hablar de la situación de las infraestructuras actuales en España tras el trágico accidente de tren en Adamuz. El transporte por carretera siempre acaba llegando”, explica.
En definitiva, la escasez de conductores no responde a una falta de empleo ni de medios, sino a un problema de fondo: una profesión exigente, poco atractiva en términos de conciliación y aún insuficientemente valorada, dado que es una labor esencial. Un desafío que el sector considera urgente abordar si quiere garantizar su futuro. Sin esta profesión, por ejemplo, no sería posible el correcto abastecimiento en los lineales de los supermercados.
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