Aragón no deja de crecer: puede sumar más de 100.000 nuevos habitantes hasta 2039
Una estimación ofrecida por el INE avanza que de mantenerse la tendencia actual se podría alcanzar la cifra de 1,45 millones de personas en los próximos años. Zaragoza asumiría gran parte de este incremento

Gente andando por el paseo de la Independencia de Zaragoza. / El Periódico de Aragón
Las Proyecciones de Población 2024-2074 del Instituto Nacional de Estadística (INE) permiten estimar la evolución futura de la población residente en Aragón bajo el supuesto de que se mantengan las tendencias demográficas observadas en los últimos años. Las cifras que maneja el INE son estimaciones, no predicciones exactas. Señalan que Aragón está creciendo poco a poco, de manera moderada, y que esta tendencia se mantiene desde hace años. Pero no hay que darla por garantizada: un cambio brusco, como una crisis económica, podría romperla de golpe, como ocurrió en 2008, cuando la población dejó de crecer e incluso empezó a reducirse.
La economía y la demografía van muy ligadas: cuando la población se mueve, el empleo, los servicios y la vida en la ciudad también se sienten afectados. Según el escenario central de estas proyecciones, Aragón contaba con 1.364.621 habitantes en 2025. A partir de esa fecha, la población seguiría una trayectoria de crecimiento moderado, impulsada principalmente por un balance migratorio positivo, que compensaría un saldo vegetativo negativo.
De acuerdo con las estimaciones del INE, la población aragonesa alcanzaría los 1.409.616 habitantes en 2029, los 1.438.235 en 2034 y llegaría a 1.453.324 en 2039. En conjunto, esto supondría un aumento de 103.952 personas hasta 2039, lo que representa un crecimiento acumulado cercano al 7,7 % en 15 años.
"Las cifras deben interpretarse con cautela, ya que las proyecciones demográficas no constituyen predicciones exactas, sino simulaciones estadísticas basadas en hipótesis sobre la evolución futura de fecundidad, mortalidad y migraciones", explican desde el INE.
Cualquier cambio en las condiciones económicas, sociales o migratorias podrían alterar de forma significativa la evolución real de la población. Las estimaciones constituyen, no obstante, una herramienta fundamental para la planificación y el análisis de políticas públicas en ámbitos como el empleo, la sanidad, la educación, los servicios sociales o la ordenación del territorio en Aragón.
"100.000 personas son muchísimas. Más teniendo en cuenta que sería Zaragoza la que asumiría el mayor aumento. La pregunta es de dónde van a venir y si ese crecimiento llegará también a los pueblos. Con la dinámica actual podría pasar, pero estas previsiones hay que cogerlas con pinzas", explica Diego Gastón, sociólogo y profesor en la Universidad de Zaragoza.
En 2008, los indicadores apuntaban a un crecimiento importante, pero la crisis lo cambió de golpe. "En vez de llegar gente, empezó a irse. Tardaron años en revertirse esas tendencias y no es fácil mantener durante 15 años seguidos el actual ritmo económico, sobre todo cuando los países de nuestro entorno como Francia o Alemania están creciendo menos o incluso perdiendo población", matiza Gastón.
Este tipo de crecimiento casi siempre se concentra en las grandes ciudades, algo que en Aragón se observa desde hace tiempo. La comunidad crece menos que la media nacional y es Zaragoza la que absorbe prácticamente todo el aumento poblacional. Huesca también registra cierto crecimiento, mientras que Teruel solo lo hace en la capital y pierde población como provincia. "El medio rural, salvo cambios muy claros, no suele beneficiarse de estos procesos", apostilla.
La inmigración
Otro factor clave es el envejecimiento de la población. Aragón registra más defunciones que nacimientos y, si la población aumenta, es gracias a la inmigración. El crecimiento está directamente ligado a la llegada de población extranjera. "Suele ser más joven y tiene más hijos, al menos al principio. Esta circunstancia podría ayudar a frenar durante un tiempo el saldo vegetativo negativo, aunque con los años esas pautas acaban pareciéndose a las españolas", matiza el sociólogo.
Si este escenario se materializa, el reto no será solo demográfico, sino también de adaptación de los servicios públicos. "Haría falta empleo estable, vivienda y transporte público. Se habla, por ejemplo, de las 27.000 viviendas previstas en Arcosur, pero la cuestión es cómo se va a mover toda esa población hacia el centro de la ciudad. El tranvía ya va justo y no tiene capacidad para absorber ese aumento sin ampliaciones", analiza.
A la hora de hablar de un crecimiento fundamentado en la llegada de población extranjera, la clave está en la integración. "Lo deseable sería algo parecido al modelo de Toronto: integrar sin obligar a nadie a renunciar a su cultura, aprovechar la diversidad como una riqueza y evitar que el crecimiento acabe generando exclusión o conflictos", concluye Gastón.
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