Tradiciones, dudas y decisiones de última hora: “Si lo sé vengo antes a votar porque Alegría ha pasado por aquí hace un rato”
La jornada electoral de este domingo se está viviendo entre la rutina, la indecisión y las anécdotas en los colegios

Una mujer vota en un colegio electoral de Zaragoza junto a su perro / Galindo / Gracia / Trives / Ibáñez
La jornada electoral se vive en Aragón en medio de un ambiente tranquilo y reconocible. Es un domingo más, aunque no es cualquier domingo. Hoy se decide el futuro de la comunidad, al menos durante los próximos cuatro años. Desde que los colegios electorales han abierto sus puertas, el desfile de personas ha sido constante.
Colegios e institutos se han llenado de vida, con el habitual goteo de votantes. La cita es un ritual, adaptando horarios y rutinas para cumplir con el voto. Algunos han preferido esquivar las horas punta. Carla ha acudido a mediodía porque, como explica, suele acudir cuando hay menos gente. “Me agobia tener a los apoderados y otros mirones controlando la papeleta que voy a coger, así que suelo aprovechar las horas de menos participación”, dice.
Este año, añade, siente que el momento es especialmente importante “por el auge de la ultraderecha”. Además, mantiene costumbres familiares difíciles de romper: “Siempre acudo con mis padres, es como una tradición, porque votamos en el mismo colegio”, cuenta entre risas antes de matizar que su padre y ella comparten mesa, “pero no voto”.
En varios colegios de Zaragoza, la escena se repite: parejas que aprovechan la mañana para cumplir con el trámite y alargar después el plan. Pablo ha acudido a las urnas a primera hora acompañado por su pareja: “Siempre venimos pronto porque nos gusta ir a desayunar después y, además, esta mañana no hacía malo”, reconoce.
En su caso, la decisión no ha sido sencilla y se ha resuelto a última hora. “He decidido mi voto esta misma mañana. Hasta el último momento estaba indeciso”. En el colegio Escolapias Calasanz, en la plaza Salamero, incluso se ha encontrado con un vecino sentado en la mesa electoral. “Ya te podría haber tocado a ti”, le ha dicho el vocal entre bromas. La escena resume el carácter cercano de muchos colegios de barrio.
También hay quien adapta su horario según lo que escucha en casa. Raquel ha decidido retrasar su visita a las urnas después de hablar con sus padres. “Han venido a primera hora, pero me han dicho que este año había más lío, así que he venido a mediodía”, explica.
Se lamenta, eso sí, de haberse perdido una visita ilustre. “Me han dicho que Pilar Alegría ha pasado por aquí hace un rato… si lo sé, vengo antes”. Entre los votantes se mezclan ilusión y escepticismo. “Este año vengo con más ganas a votar porque creo que es necesario”, comenta esta vecina a la salida del colegio, mientras otro ciudadano, en el Instituto Jerónimo Zurita, se suma a la conversación con un tono más crítico: “Pues yo no estoy muy convencido de a quién votar. Son todos bastante similares”, apostilla antes de marcharse sin revelar su nombre.
Quien también incide en la falta de un candidato claro al que votar es Tomás, otro vecino de la zona y bastante crítico con el panorama actual: "La decisión de voto cada año me cuesta más por la falta de credibilidad general en los políticos", opina. Por su parte, David, vecino del barrio de La Romareda, espera que haya una gran influencia de votantes durante toda la jornada para que se escuche la opinión de los ciudadanos y que la próxima legislatura "pueda tener continuidad".
A lo largo de la mañana, jubilados, jóvenes que votan por primera vez, familias con niños e incluso algún trabajador con prisa han ido desfilando por las urnas, componiendo una fotografía de diferentes perfiles y motivaciones políticas. Más allá del resultado final, Aragón ha demostrado que cada día de elecciones la rutina del voto es similar: tradiciones, dudas y decisiones de última hora.
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