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Los graves efectos de un aviso meteorológico naranja: “Ocho meses después no nos hemos recuperado”

Almonacid de la Cuba no ha vuelto a la normalidad desde la tormenta que en junio de 2025 cortó su carretera de acceso y que todavía no permite la entrada de autobuses

Así estaba Almonacid de la Cuba cuatro días después de la riada.

Así estaba Almonacid de la Cuba cuatro días después de la riada. / MIGUEL ANGEL GRACIA

Zaragoza

Aragón registró más de 1.400 avisos en 2025, la mayoría por tormentas y calor. Solo por tormentas se emitieron más de 360 avisos, a los que se suman otros 327 por precipitaciones intensas en una hora. En el entorno Almonacid de la Cuba, el aviso lanzado en junio por la Agencia Estatal de Meteorología fue naranja por tormentas, debido a precipitaciones localmente muy intensas, rachas de viento e incluso granizo. Se produjo un tren convectivo; es decir, tormentas que se retroalimentan de forma continua y descargan cantidades muy importantes de agua en una misma zona, lo que puede provocar el desbordamiento de ríos.

Almonacid de la Cuba fue una de las localidades más afectadas por aquella virulenta tormenta que azotó la zona en junio de 2025. Las mayores pérdidas se concentraron en la zona de entrada al pueblo y junto al río, donde varias viviendas sufrieron importantes daños materiales y aún hoy, casi ocho meses después, continúan los trabajos de recuperación.

Al producirse la riada de noche, muchos vecinos no llegaron a ver el agua y no fueron plenamente conscientes de la magnitud del suceso hasta el día siguiente. Para quienes no se vieron afectados directamente, el impacto se percibe sobre todo en el estado del río y del entorno.

En cuanto a las infraestructuras, las actuaciones más urgentes comenzaron de inmediato gracias a la Diputación Provincial y al Gobierno de Aragón. Sin embargo, otras obras menos prioritarias, como la reparación del parque o del pabellón, siguen sin iniciarse debido a los largos trámites administrativos: peritaciones, informes técnicos, seguros, proyectos y subvenciones. Durante siete meses todo quedó bloqueado por el papeleo.

Actualmente, con la subvención ya concedida, el ayuntamiento afronta una nueva fase de gestiones para contratar empresas y técnicos. Aun así, José Enrique Martínez, su alcalde, reconoce que la normalidad aún tardará en llegar.

Uno de los principales problemas sigue siendo la carretera, aún provisional y en obras. "Ocho meses después no nos hemos recuperado. El autobús de línea a Zaragoza no entra en el pueblo, ni tampoco el transporte escolar. Algunos servicios, como la recogida de basuras, no se prestan con normalidad en determinadas zonas", relata.

El alcalde reconoce el desgaste personal tras una década trabajando. "Todo lo que costó diez años levantar desapareció en una noche", lamenta. A pesar del cansancio y la frustración, insiste en que será necesario reunir fuerzas para volver a empezar.

La carretera permanece abierta de forma provisional, con cortes puntuales por las obras, sin iluminación definitiva y con dificultades para el acceso de vehículos de reparto. "Nos hemos acostumbrado a estar mal comunicados, pero la situación sigue siendo muy mala", concluye.

Azuara se recupera poco a poco

En Azuara, otra de las localidades más afectadas por las tormentas, se avanza poco a poco hacia la normalidad. En el casco urbano y en las viviendas gran parte de las actuaciones están avanzadas. El consorcio abonó las ayudas en tiempo y forma y tanto los propietarios como el ayuntamiento han ido recuperando infraestructuras municipales, campos y servicios básicos.

"Las acequias han sido renovadas, las tejaderas reparadas y el parque y otros espacios encaran ya su recta final. La recuperación, no obstante, ha sido lenta por la falta de empresas disponibles y la magnitud de los daños, pero el proceso continúa", detalla su alcalde, Joaquín Ignacio Alconchel.

Eso sí, el impacto emocional sigue muy presente. Aunque el pueblo intenta pasar página, el recuerdo permanece, especialmente ante la posibilidad de nuevas alertas meteorológicas.

El alcalde subraya que el entorno natural no volverá a ser el mismo a corto plazo: "La precaución y el miedo siguen en la memoria colectiva", termina Alconchel.

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