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Las voces de los agricultores llegan a la FIMA: "Hay partidos que dicen defender el campo y luego han sido los que más lo han perjudicado"

Cuatro agricultores que recorren la Feria Internacional de Maquinaría Agrícola retratan un sector tensionado por los costes y los precios, dividido entre el pesimismo del presente y la apuesta, todavía frágil, por el relevo generacional

Un niño al volante de un tractor que se exhibe en la FIMA 2026 de Zaragoza.

Un niño al volante de un tractor que se exhibe en la FIMA 2026 de Zaragoza. / Jaime Galindo

Zaragoza

En los pasillos de la FIMA no solo se habla de maquinaria, sensores o automatización. Entre expositor y expositor, la Feria Internacional de Maquinaria Agrícola se convierte en un termómetro humano del campo aragonés y español. Agricultores veteranos y jóvenes recién incorporados comparten diagnóstico, dudas y proyectos. Desde Zaragoza, cuatro visitantes dibujan su visión del actual sector agrario, atravesado por la incertidumbre económica y el debate sobre su futuro.

Rafa Manzanés tiene 24 años, estudia el máster de Ingeniería Agronómica y ha llegado por primera vez a la FIMA desde Godella, en l’Horta Nord de Valencia. Su vínculo con el campo es familiar. Cítricos desde siempre y, ahora, también cuatro hectáreas de aguacate, dos ya en producción. La feria le muestra un mundo distinto al suyo. “Esto es otra realidad completamente diferente a la de mi tierra. Allí los campos son pequeños y estas máquinas tan grandes no tienen sentido, no caben”, explica mientras recorre los pabellones.

Su mirada sobre el sector mezcla esperanza y autocrítica. “En mi zona hay gente joven que está cogiendo campos gracias a las ayudas de joven agricultor. La poca gente joven que quede será más preparada y con una mentalidad más colectiva”, reflexiona. Pero también señala el cambio generacional en las condiciones de vida. “Nuestra generación quiere horarios, descansos… no es tan sacrificada como la de nuestros padres”, explica.

El resultado electoral de Aragón del pasado domingo le deja un poso amargo. “Hay partidos como PP y Vox que dicen defender el campo luego han sido los que más han perjudicado a los agricultores. Lo vivo con tristeza”, afirma. "No conozco la realidad de Aragón -añade-, pero desde fuera creo que CHA es de los partidos que realmente pueden ayudar al sector".

De Barcelona a Valjunquera

A ese relevo incipiente se suma también Silvia, llegada desde Barcelona al medio rural aragonés por convicción. Hace dos años se mudó junto a su pareja a Valjunquera, en la comarca del Matarraña, donde están tramitando una pequeña explotación de gallinas ponedoras ecológicas. “Queremos producir huevos de gallinas de pasto. Tras formarnos en agricultura regenerativa estos años creemos que otra manera de producir es posible”, explica. Su mirada sobre el sector es prudente pero optimista. “Lo vemos con ilusión, quizá porque somos jóvenes, aunque haría falta invertir más y ayudar de verdad a quienes quieren incorporarse al campo”.

Tras las elecciones autonómicas, reconoce el descontento que se percibe en el mundo rural: “Hay mucho voto protesta. Una cosa es defender ideas y otra muy distinta es gestionarlas. Ahora habrá que ver qué pasa de verdad”, reflexiona. 

"Cuando yo me jubile, se acaba"

Muy diferente es el tono de Alberto Torres, agricultor de Terrer, a pocos kilómetros de Zaragoza. Cultiva cereal -trigo, cebada y maíz- y resume la situación sin rodeos: “El campo está bastante mal. Los precios están muy bajos y la maquinaria y los gastos, muy altos”. Cuando se le pregunta por el relevo generacional, la respuesta es tajante: “Nada. Cuando yo me jubile, se acaba”. Tampoco deposita demasiadas expectativas en la política: “Prometen mucho y luego ya veremos lo que hacen”.

A unos metros, Adrián representa el perfil que el sector intenta atraer y retener. Es joven agricultor en la Comunidad de Madrid, incorporado hace apenas un año al olivar y al viñedo. “En Madrid hay más agricultores de lo que parece”, explica, reivindicando el peso del sector primario en una región poco asociada al campo. Aprovecha la FIMA casi como refugio. “Como las lluvias no nos dejan ir a la recolección, hemos venido a darnos una vuelta”, apunta.

Su diagnóstico coincide con el de muchos: “Los insumos son muy caros y los márgenes, muy pequeños”. El gran problema, insiste, es estructural. “El relevo generacional está muy perjudicado. Las ayudas no siempre son suficientes y los precios a los que vendemos son bajos. Para muchos jóvenes es un trabajo arriesgado”, afirma. Aun así, subraya un cambio silencioso. “Se están incorporando bastantes mujeres al sector”, destaca.

Cuatro voces, cuatro trayectorias distintas, pero con la sensación compartida de que el campo vive un momento complejo. Entre la presión de los costes, la incertidumbre de los mercados y el reto del relevo generacional, la feria actúa como escaparate tecnológico y como espejo de un sector que busca respuestas mientras sigue trabajando la tierra.

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