Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

La gran transformación del hospital Miguel Servet de Zaragoza encara su recta final: así funciona una de sus áreas renovadas

El centro tiene pendientes solo cuatro obras de las once que se engloban en un proyecto de más de 11 millones. Uno de los últimos trabajos ha sido la nueva central de esterilización

Zaragoza

Todo lo que no se ve no es invisible. En la planta sótano del hospital Miguel Servet de Zaragoza hay al menos cuarenta profesionales sanitarios que cada día trabajan en esterilizar los materiales médicos que luego se emplean en los pacientes. Lo hacen en un espacio recién renovado y que forma parte de la gran transformación del centro hospitalario en la que el Departamento de Sanidad ha invertido más de 11 millones de euros.

Tras meses de obras y adecuaciones de otras unidades, la instalación de cinco lavadoras nuevas de esterilización que «tienen más capacidad, son más rápidas y más sostenibles» casi ponen punto y final al proyecto de renovación integral del Servet, que encara ya la recta final tras remodelar el área de urgencias, las lavadoras de endoscopias o instalar el telemando en Oncología.

Pendientes quedan solo tres obras más, que son la reforma del quirófano híbrido, el traslado de la uci pediátrica al hospital Infantil y las nuevas consultas de Neuropediatría. También el proyecto de «hospital seguro», que guarda relación con la seguridad del edificio. Además, el proyecto de reforma recoge también la reforma de las unidades de trasplante renal y de médula.

En ese lavado de cara del Servet, una de las últimas actuaciones ha sido la renovación de la planta de esterilización, supervisada por Antonio Casado. El profesional explica a este diario que el trabajo que desempeña junto a su equipo consiste en dejar «libre de organismos» el material médico que luego se emplea con los pacientes. Y asegura que, para ello, «la esterilización es el único método».

Antonio Casado, supervisor de la central de esterilización del Miguel Servet.

Antonio Casado, supervisor de la central de esterilización del Miguel Servet. / Laura Trives

La forma de funcionar es la siguiente. La central se divide en tres zonas: la sucia, la de preparación o intermedia y la del almacén. El material está en una u otra en función de la fase del proceso, que van de al recepción del instrumental al lavado para luego pasar a la preparación, la posterior esterilización, el almacenaje y, finalmente, la distribución.

Para todo ello es esencial la coordinación entre la base de esterilización y el resto del hospital. Casado precisa que la central está conectada por ascensor con los distintas unidades del Servet, que les hacen llegar el instrumental en carros y contenedores que las enfermeras y Tcaes (Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería) reciben para proceder a su desinfección.

«Los contenedores y sus tapas se ponen en una lavadora súper grande y, si hay algo suelto, se queda en una cestilla», indica. El siguiente paso es el lavado, que según explica el profesional se puede realizar de dos formas: la manual, para material que no puede soportar la fuerza mecánica de las lavadoras y/o las temperaturas o que tiene conexiones eléctricas que no se pueden mojar; y la automatizada, con la que se limpia la mayoría del material y en la que se usan las lavadoras. Estas son termo desinfectadoras y tienen diferentes ciclos.El tiempo de duración del lavado varía en función de estos, pero es de unos 45 minutos. En concreto son cinco lavadoras nuevas a las que se suma una exclusa de retorno que devuelve los racks (estantes) una vez están vacíos.

Un cambio notable: menos tiempo y más capacidad

Estas características son las que marcan la diferencia de la nueva instalación respecto a la anterior. El supervisor comparte que, hasta el pasado diciembre, la central contaba con tres lavadoras que eran «pequeñas y estaban instaladas desde 2007» más un túnel de lavado. «El túnel hacía la mitad de la producción. Si se estropeaba perdíamos el 50%», indica Casado, que desliza que esto sucedió, sobre todo, al final de la vida útil del electrodoméstico. Además, con la antigua instalación «todo iba por una sola vía de vapor», relata Casado. Ello provocaba que si había una avería en el vapor hubiera que «cortar todas las máquinas», dice.

Pero eso ya no es un problema. Con la instalación nueva, las lavadoras están sectorizadas y, en caso de que se requiera, se puede cortar la producción en la que haya fallado. Aumentar a cinco lavadoras también ha permitido dividir más la producción.

También en octubre se concluyó el cambio de las lavadoras de endoscopios, otra de las actuaciones recogidas en el plan de transformación del Miguel Servet y a las que se destinaron unos 211.700 euros. Como recordaron desde Sanidad, y al igual que sucede en esterilización, se trató de una tarea técnica pero «muy importante».

El supervisor pone en valor que la renovación de la central se ha llevado a cabo sin frenar la atención asistencial. «Las lavadoras se instalaron a lo largo de diciembre», detalla. Casado explica que la primera máquina en salir de la base fue el túnel, que era «la más compleja y la que más tiempo iba a llevar desmontarla». Mientras se llevó a cabo esta labor, se instalaron dos de las cinco lavadoras nuevas en una zona externa a la central. «Se estuvo lavando con esas dos y con las otras tres (las antiguas) que quedaban», apunta. El siguiente paso fue retirar de forma definitiva el túnel e instalar las nuevas. «Empezaron a funcionar el 26 de diciembre», indica.

El cambio de entonces a ahora es notable, sobre todo «por la rapidez y el acortamiento del tiempo de ciclo», apunta Casado, y añade otras ventajas como el tener más capacidad de respuesta si desde quirófano solicitan un material urgente. «Antes era una hora y diez o quince minutos por ciclo. Y a eso le suman que entraban seis cestas y ahora entran nueve. Es menos tiempo y más capacidad», celebra.

El supervisor indica que la única consecuencia negativa de la renovación es que, ahora, «el tapón» se forma en la zona intermedia en lugar de en la sucia por la rapidez de las lavadoras. Pero ya trabajan en paliar esta dificultad con la incorporación de nuevo personal que va a permitir «reestructurar» la central al pasar de unas nueve enfermeras y 32 Tcaes a unos 12 y 47 respectivamente a partir del próximo lunes.

Profesionales trabajando en la central de esterilización del Servet.

Profesionales trabajando en la central de esterilización del Servet. / LAURA TRIVES

Todas ellas rotan por los distintos puestos y, a partir de la próxima semana, van a tener turnos e 24 horas todos los días. «Vamos a poder aumentar la presencia en tarde y, sobre todo, en la noche», expresa Casado, que explica que «el pico más fuerte» de la mañana es a las 15.00 o 16.00 horas. «Luego ya se alarga hasta la noche, y hasta las 4.00 o 5.00 no paramos», apunta.

Otra de las novedades que está por llegar es la extensión de la trazabilidad hasta los quirófanos. Casado informa de que la central cuenta con un programa de trazabilidad informatizado por el que quedan registrados todos los pasos del proceso. «Es como si fuera un tren y en cada estación se pica el billete para poder saber los puestos por los que ha pasado y quién ha sido el revisor», ejemplifica. Ello permite identificar dónde ha estado el error si se produce una contaminación, algo que, dice, nunca ha pasado.

El cambio ahora estaría en que el sistema llegaría hasta los bloques quirúrgicos, por lo que el trabajo de generar una etiqueta con los datos del proceso, que hasta ahora se hacía de forma manual, pasaría a informatizarse.

Una vez el material sale de las lavadoras, se procede a preparar el material -en un contenedor hermético, con láminas o embolsado- se procede a la esterilización. Para ella hay también dos métodos: el vapor o el peróxido de hidrógeno. Casado indica que el primero «es el método de esterilización más usado en el ámbito hospitalario» y se emplea para material termorresistente porque actúa a una temperatura de 121º o 134º. En caso de que el material no pueda resistir estas temperaturas, se utiliza el peróxido de hidrógeno.

Hecha la esterilización, el material se almacena y las cubetas se cierran con unos candados que solo se desbloquean rompiéndolos. De esta forma, se puede detectar si estas se han abierto y, en caso de que haya sido así, volver a comenzar el proceso. El último paso es el almacenaje y/o distribución.

Un trabajo esencial que no se ve y que ahora es más posible gracias a los 11 millones que ya han transformado gran parte del Servet. Por delante, solo, cuatro obras más.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents