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Así funciona el comedor escolar de Peñaflor, donde los niños comen de táper: "Uno calienta la comida y otro vigila que se laven las manos"

Los monitores explican que organizan a los alumnos según el curso y las extraescolares para que todos lleguen a sus actividades

Cristina Morata, monitora del comedor de Peñaflor, junto a dos alumnos.

Cristina Morata, monitora del comedor de Peñaflor, junto a dos alumnos. / Pablo Ibáñez

Peñaflor (Zaragoza)

Están rodeados de estudiantes que gritan a voces sus nombres mientras esperan a que llegue la hora del comedor, algo distinta este viernes de Carnaval. Cristina Morata y David Guillero son los monitores de comedor del colegio Peñaflor de Zaragoza, en el que la lucha por contar con un servicio de comidas se ha convertido en una constante porque, aunque el pasado septiembre se instaló la cocina en el centro, después de quince años reivindicándola, los alumnos comen a diario de táper. "Yoy voy calentando la comida mientras él vigila que se laven las manos y los sienta", explica ella. Pero este 13 de febrero, sus tareas se han centrado en supervisar a los menores, pues las familias han "ocupado" los fogones y han cocinado para los menores para evidenciar su hartazgo.

Pero esa no es la rutina habitual. Cristina comparte que, además de en el comedor escolar, también está en el servicio de Madrugadores. "Por las mañanas me dan las bolsas de comida y, cuando los niños están en clase, entro y meto todo en la nevera", cuenta. Sobre las 14.00 horas, acude al comedor y saca los táperes para calentarlos en los tres microondas. "Ellos se van poniendo en la mesa y cada uno sus cosas en su bolsa", informa. En las tareas de calentar y preparar a los niños también colabora Mónica, auxiliar de Educación Especia del colegio.

Cristina explica que, como los escolares tienen que esperar su turno para calentar la comida, los ordenan "en función del curso que hacen y las extraescolares". El objetivo es que todos los estudiantes puedan llegar a sus actividades. Además, también siguen un "menú escolar" de manera que, por ejemplo, un día todos llevan legumbre, al siguiente pasta, etc. Con ello buscan que los alumnos coman de forma similar y evitar conflictos.

Las cifras de alumnos que usan el comedor escolar varían cada día. "Hay días que tenemos 22 y, otros, 17", dice Cristina. La "suerte" está en que, ahora, pueden tomar el táper en el propio colegio de Peñaflor. "Hubo años en los que nos tocó ir al pabellón municipal, lloviera hiciera calor, u otros al centro cívico, a la ludoteca...", expone. Este septiembre fue cuando hicieron el salto a comer en las instalacions del centro.

La gestión diaria del comedor es posible gracias a la asociación Esperando al cole. "Está formada por madres y padres que necesitan el comedor y que han creado una gestoría para gestionarlo. Son los que nos han contratado", sostiene la monitora. Son también quienEstán rodeados de estudiantes que gritan a voces sus nombres mientras esperan a que llegue la hora del comedor, algo distinta este viernes de Carnaval. Cristina Morata y David Guillero son los monitores de comedor del colegio Peñaflor de Zaragoza, en el que la lucha por contar con un servicio de comidas se ha convertido en una constante porque, aunque el pasado septiembre se instaló la cocina en el centro, después de quince años reivindicándola, los alumnos comen a diario de táper. "Yoy voy calentando la comida mientras él vigila que se laven las manos y los sienta", explica ella. Pero este 13 de febrero, sus tareas se han centrado en supervisar a los menores, pues las familias han "ocupado" los fogones y han cocinado para los menores para evidenciar su hartazgo.

Pero esa no es la rutina habitual. Cristina comparte que, además de en el comedor escolar, también está en el servicio de Madrugadores. "Por las mañanas me dan las bolsas de comida y, cuando los niños están en clase, entro y meto todo en la nevera", cuenta. Sobre las 14.00 horas, acude al comedor y saca los táperes para calentarlos en los tres microondas. "Ellos se van poniendo en la mesa y cada uno sus cosas en su bolsa", informa. En las tareas de calentar y preparar a los niños también colabora Mónica, auxiliar de Educación Especia del colegio.

Cristina explica que, como los escolares tienen que esperar su turno para calentar la comida, los ordenan "en función del curso que hacen y las extraescolares". El objetivo es que todos los estudiantes puedan llegar a sus actividades. Además, también siguen un "menú escolar" de manera que, por ejemplo, un día todos llevan legumbre, al siguiente pasta, etc. Con ello buscan que los alumnos coman de forma similar y evitar conflictos.

Las cifras de alumnos que usan el comedor escolar varían cada día. "Hay días que tenemos 22 y, otros, 17", dice Cristina. La "suerte" está en que, ahora, pueden tomar el táper en el propio colegio de Peñaflor. "Hubo años en los que nos tocó ir al pabellón municipal, lloviera hiciera calor, u otros al centro cívico, a la ludoteca...", expone. Este septiembre fue cuando hicieron el salto a comer en las instalacions del centro.

La gestión diaria del comedor es posible gracias a la asociación Esperando al cole. "Está formada por madres y padres que necesitan el comedor y que han creado una gestoría para gestionarlo. Son los que nos han contratado", sostiene la monitora. Son también quienes se hacen cargo de los seguros y organizan las cuotas. Según la última actualización de la página web del CEIP Peñaflor, un día a la semana son 10 euros, mientras que dos asciende a 45 y tres a 65. También existe un bono de 10 usos, que cuesta 70 euros; de mes entero, que son 80 euros; y los de segundo y tercer hijo, que son 75 y 70 euros respectivamente al mes.

Además de ocupar la cocina, las familias de Peñaflor se abrieron este enero cuentas en dos redes sociales, Instagram y Tiktok, para denunciar que el servicio de comedor no esté ya licitado y que los alumnos continúen comiendo de táper. En los vídeos de denuncia también apuntaron que el coste del servicio es mucho más elevado que el de otros colegios de la comunidad, y remarcaron que son el único centro público de Zaragoza que no tiene este servicio.es se hacen cargo de los seguros y organizan las cuotas. Según la última actualización de la página web del CEIP Peñaflor, un día a la semana son 10 euros, mientras que dos asciende a 45 y tres a 65. También existe un bono de 10 usos, que cuesta 70 euros; de mes entero, que son 80 euros; y los de segundo y tercer hijo, que son 75 y 70 euros respectivamente al mes.

Además de ocupar la cocina, las familias de Peñaflor se abrieron este enero cuentas en dos redes sociales, Instagram y Tiktok, para denunciar que el servicio de comedor no esté ya licitado y que los alumnos continúen comiendo de táper. En los vídeos de denuncia también apuntaron que el coste del servicio es mucho más elevado que el de otros colegios de la comunidad, y remarcaron que son el único centro público de Zaragoza que no tiene este servicio.

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