Nervios y ansia tras las oposiciones de enfermería en Aragón: “Llega un momento en la vida que necesitas la tranquilidad de una plaza fija”
Desde jóvenes recién graduadas hasta enfermeros con años de experiencia, los aspirantes examinados en Zaragoza han resaltado el esfuerzo realizado durante los últimos meses y la estabilidad laboral que otorga un puesto propio

En imágenes I Oposiciones de Enfermería en Aragón / PABLO IBÁÑEZ
Zaragoza, Huesca y Teruel han vivido este domingo una mañana de nervios. Para más de 6.000 profesionales de la enfermería ha llegado el día de obtener una plaza fija en el sistema aragonés de salud. La espera ha merecido la pena, aunque conforme los aspirantes iban abandonando las aulas las dudas se iban multiplicando. Algunas caras reflejaban la satisfacción del deber cumplido, otras eran un poco más escépticas y una pregunta retumbaba en el ambiente: “Lo habré hecho bien…”.
La Facultad de Derecho de la Universidad de Zaragoza ha sido una de las plazas en las que los opositores han probado fortuna. Apuntes en mano y con el teléfono móvil ya sonando, los aspirantes han comentado cómo ha sido el examen conforme aparecían por la puerta de salida. Lucía ha sido la primera en aparecer: “Yo creo que me ha salido bien. Creo que mejor de lo que me esperaba”, ha asegurado aún con la tensión en el cuerpo. Llevaba un año preparando la oposición mientras trabajaba a jornada completa. “Ha sido sacrificado, pero es lo que toca”.
Reconoce que las preguntas de legislación le han hecho dudar más de la cuenta y que, como casi todos, hizo “muchísimos test”, incluso “más de los recomendables” en los días previos. Lo que peor llevaba, el área de prematuro y materno, al final le ha salido mejor de lo esperado. Si logra plaza, lo tiene claro: “Primero habrá que celebrarlo”.
El objetivo de los opositores es estabilizar su empleo, aunque el reto no es sencillo, ya que la oferta incluye 528 plazas de acceso libre y cupos reservados, y 255 plazas de promoción interna. Se han presentado candidatos de todos los tipos: desde la joven que acaba de terminar la carrera hasta el veterano con años de experiencia que por fin se ha decidido a optar a una plaza fija: “Yo estoy bien en mi servicio, pero he pensado que podía optar a una estabilización laboral. Llega un momento en lo que necesitas la tranquilidad de una plaza fija”, ha destacado Raquel, una enfermera con años de experiencia.
Tras reconocer que “ha soñado más con el temario que con su familia estos últimos meses”, la opositora ha sido consciente de que la espera de los resultados va a ser intensa:“Ahora toca esperar, que es casi la parte más dura del proceso”. Por su cabeza solo va a pasar un pensamiento: “Conseguir estabilidad laboral es el principal objetivo, por eso mi nivel de implicación ha sido máximo”.
José Carlos es el ejemplo de una realidad diferente. Ha llegado desde Toledo solo para examinarse. Es de Albacete y en Aragón era la primera vez que se presentaba, aunque no su primera oposición. “No parecía excesivamente difícil, pero tampoco fácil. En la media”, ha resumido. Lleva entre un año y año y medio estudiando y calcula que ha hecho miles de test. Compaginar el estudio con el trabajo no ha sido sencillo: “Falta tiempo”, ha reconocido. Las preguntas de obstetricia y pediatría han sido, a su juicio, las más complicadas. Si aprueba, no hay dudas: “Coger la plaza. No queda otra”.
La organización del tiempo, clave
Blanca también se ha marchado con buenas sensaciones. No ha preparado estas oposiciones de forma específica durante mucho tiempo, aunque sí lleva un año estudiando. Lo concreto de Aragón lo dominaba menos, pero el examen le pareció “asequible”. Se ha desplazado desde La Rioja expresamente para la prueba y, si consigue plaza, lo resume de manera sencilla: “Me dará tranquilidad”. Lo más duro, ha explicado, ha sido la constancia diaria mientras se compagina con el trabajo. “Es difícil, pero organizándote se puede”.
No todos han acudido con la misma presión. Leticia ha reconocido, sin rodeos, que no había estudiado gran cosa. “Algunas preguntas me han parecido fáciles y otras ni idea”. Le han sorprendido cuestiones muy específicas, como denominaciones de origen o productos concretos. “Había cosas que no eran mucho de enfermería”, ha opinado. En su caso, era más una toma de contacto que una apuesta real por la plaza, y no tiene intención de volver a presentarse en Aragón.
Natalia, en cambio, salía con más incertidumbre que certezas. “He dudado mucho”, ha admitido. Considera que el examen era “realmente de enfermería”, con escalas y cuestiones prácticas, y que si estudias es asequible. Pero precisamente por haber estudiado, las dudas pesan más. Lleva tiempo preparándolo y lo ha compaginado sobre todo con la familia, algo que, asegura, “es incluso más difícil que hacerlo con el trabajo”.
Si consigue la plaza, piensa en la estabilidad y tranquilidad que le dará, especialmente para su vida familiar. Después de años presentándose sin priorizarlo del todo, ahora sí busca estabilizarse: “Ya vale de ser una contratada de la vida, hay que pensar en una plaza fija”, ha resumido.
Entre quienes celebraban haber salido airosos y quienes repasaban mentalmente cada respuesta dudosa, una idea se repetía: el esfuerzo ha sido grande. Ahora toca esperar a los resultados de la oposición de enfermería.
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